Neuquén, esa isla del Caribe

A la provincia llegan seis venezolanos por día y vuelve a abrir sus puertas a otro proceso migratorio.

Todos los días llegan a la ciudad seis venezolanos. La fama de Vaca Muerta se vuelve imán, como parte de los indicadores económicos neuquinos. “Escuché de la provincia en un curso en Estados Unidos”, dice un ingeniero que da su testimonio páginas más adelante. El acento caribeño se nota en las calles.

Ir al súper, a una plaza, darse un chapuzón en el Limay es, también, asistir a ese matiz del lenguaje con un dejo de sorpresa que pronto deja de serlo: después de todo, la historia de esta provincia es también una historia de las corrientes migratorias. De las obras que marcaron la llegada de los nuevos habitantes y de las oportunidades que había que sembrar con buenas condiciones de trabajo en el ámbito público.

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Hoy la geopolítica subraya la actualidad moviendo sus viejas y nuevas piezas. Un gobierno en plena crisis (el venezolano), miles que lo sufren y las oportunidades que se empeñan con marcar a Neuquén una vez más como la tierra prometida. El Alto Valle cobija unos 60 mil chilenos desde hace décadas.

Es fama la injerencia de la comunidad boliviana en la chacras de la región. Si lo neuquino ya era diverso, hoy, aunque todavía no haya tanta conciencia de ello, esa característica se profundiza aún más.

Hay desafíos en este nuevo proceso. Los climas de oportunidades capitalizados por ese “otro” que llega para apropiárselo pueden mostrar las peores caras de las sociedades (que, vale decirlo, hasta segundos antes, en ocasiones, no escatimaban en desaprovecharlas). Es la puja económica que suelen traer esas oleadas migratorias, también un capital a aprovechar. De fondo, lo de casi siempre: parte de lo más neuquino que hay son los problemas para definir qué es lo neuquino según pasan los años.

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