Neuquén una ciudad de traza masónica

La Masonería tuvo presencia en la ciudad y dejó su huella en diferentes edificios.

Por Santiago Rosa

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El trazado de la ciudad de Neuquén con sus diagonales representa junto al de otras ciudades de nuestro país (La Plata, por ejemplo) un criterio urbanístico con raíces en una antigua Hermandad Secreta conocida como la Masonería, cuyos orígenes, se remontan a los Caballeros Templarios y que tiene su correlato en muchas de las teorías conspirativas de la actualidad.

La Masonería es una hermandad o sociedad de naturaleza oculta cuyos adeptos profesan un saber mítico sustentado en los principios de la Revolución Francesa: Libertad, Fraternidad e Igualdad pero con orígenes emparentados con los Caballeros Templarios que custodiaban el Santo Sepulcro de Jerusalén posterior a las Cruzadas.

Muchos de los mandatarios políticos argentinos (presidentes, gobernados, intendentes, ministros) pertenecieron secretamente a esta orden y la ciudad de Neuquén no fue por cierto la excepción.

Cuentan las crónicas que el primer templo masónico comenzó a funcionar en un local alquilado al médico de la gobernación Julio Pelagatti, para luego mudarse al local donde actualmente se ubica un conocido café junto a la librería de la Catedral. Los nombres de los funcionarios masónicos que allí se reunían integran una larga lista pero una cláusula dentro de la misma orden impide darlos a conocer salvo algunas excepciones.

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Los templos masónicos se conocen como “lumisiales” y mucha de su simbología se pudo conocer debido a una instancia de apertura de la Logia Masónica que permite a los “profanos” (así se llama a quienes no pertenecen a la orden) acceder al conocimiento de dicha información simbólica y descubrir por ejemplo que la fachada del negocio de una conocida óptica ubicada en la esquina de Avenida Argentina y Juan B. Justo detenta un dintel (que suele ser triangular en los edificios masónicos, el símbolo de ojo divino en el billete del dólar), las dos columnas y la escalinata de tres escalones, número demasiado particular en la filosofía masónica dónde cada detalle revela un saber específico.

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Aunque el lugar en donde se pueden encontrar la mayor cantidad de símbolos es en el edificio del Centro Cultural Alberdi (Avenida Argentina y Alberdi). Su embaldosado de mosaicos blancos y negros, asemejando un tablero de ajedrez, expresa la lucha entre la luz y las tinieblas.

El, por entonces, gobernador Carlos Bouquet Roldán utilizó las herramientas de la masonería que simbolizaban la equidad y equilibro del hombre y sus obras, contó una fuente cercana a LM Neuquén.

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Además, reveló que en el libro de Ángel Edelman “Recuerdos territoriales” narra que cuando Joaquín González llegó a la Confluencia, se paró en medio de la nada, señaló con su brazo el vasto campo y manifestó que allí se levantaría la capital.

González avizoraba en el territorio la simetría tradicional del desarrollo urbanístico Masónico en el que estaban presentes los triángulos, las diagonales, los círculos y las escuadras. El mismo círculo que rodea al cuadrado y al triángulo conteniendo al Hombre de Vitrubio de Leonardo Da Vinci que señala la integración humana con los misterios del universo que lo rodea y que mira al “Nacimiento del Sol en el Oriente Masónico”.

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El Monolito Fundacional de la ciudad de Neuquén también es una presencia cotidiana de los orígenes masónicos. Emplazado originalmente dónde se alza en la actualidad el Monumento al General San Martín, se trasladó unos metros. Allí estuvo originalmente el solar dónde se emplazaba el antiguo Chateau Gris, que fue la primera sede gubernamental inaugurada por Carlos Bouquet Roldán el 12 de septiembre de 1904.

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