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A puro remo, Bibiana le ganó dos veces al cáncer y se prepara para una regata

Docente, música, deportista. Una guerrera multifacética que ahora afronta un nuevo reto: una regata de 32 millas.

Bibiana Morán se prepara para remar 32 millas en una regata que unirá Arroyito con Neuquén y que logra resumir, en parte, su propio espíritu. Sus indómitas ganas de vivir parecen rebalsarse en cada meta que se propone y así, ya luchó dos veces contra los embates del cáncer para seguir contagiando su alegría a través de sus vínculos, sus clases de inglés, sus conciertos de jazz y ese empuje deportivo que la lleva a seguir adelante, a puro remo.

Su historia con el cáncer no es nueva. Ni siquiera propia. Pero sí la atravesó por completo cuando su mamá murió a causa de un cáncer de ovarios. Más tarde, en 2013, llegó su propio diagnóstico, idéntico al de su madre, que le hizo temblar todas las células. Sin embargo, sostuvo una actitud positiva para acudir cada tarde de quimioterapia al Centro Oncológico Integral (COI) de Leben Salud y afrontar el tratamiento con estoicismo.

Bibiana no se dejaba vencer por los pronósticos ni por la historia familiar que llevaba a cuestas. Pasaba horas sentada en los sillones de cuero durante la quimioterapia y acudía a los tratamientos siempre con un vestuario cuidado y hasta con perfume. "Me arreglaba para ir al COI porque estaba yendo a curarme", había explicado entonces, como si hiciera falta explicar que no hay ocasión más especial que la de ir a salvarse la vida.

Bibiana Moran- Se recupero de un tumor cerebral y va a correr la Regata (2).JPG

Aunque sus características genéticas la llevaron a reiniciar el tratamiento varias veces, la mujer no se rendía. Con pelo o sin él, sostenía su rutina diaria con el mismo entusiasmo de siempre y aliviaba cada congoja ocasional con su rutina como profesora de inglés y con los ensayos de Bay Swing, la banda de jazz que formó junto a su esposa singapurense, Yin Yin Ng, y una amiga de la primaria, Adriana Benzadón.

Ya recuperada, Bibiana volvió con un atuendo distinto al COI. No iba como paciente sino como artista. Así, se ocupó de alegrar a los pacientes que esperaban en su quimioterapia con el ritmo del jazz. Para ella, más que la música, lo importante era que la vieran a ella como un testimonio de que se puede vencer a la enfermedad.

Pese a sus hábitos saludables y su sonrisa indeleble, diez años más tarde, el cáncer volvió a plantarle una nueva prueba. Bibiana ya se había jubilado y aprovechaba el tiempo libre para retomar su amor por los deportes. Aunque se dedicó al básquet en su juventud, prefirió cambiar la disciplina y se inclinó por el kayak, con la meta ya fija en hacer una regata extensa, de 32 millas.

Entre sus prácticas cotidianas en el club El Biguá, decidió hacer una consulta médica por los mareos que la asaltaban cada vez de manera más frecuente. "Sospechamos que podía ser un problema de cervicales, fui a ver a un traumatólogo que me mandó a hacer rayos X y tomografías, ahí descubrieron un bulto de 4x3x3 centímetros en mi cabeza, que era lo que me originaba unos dolores de cabeza muy intensos y permanentes", explicó.

Bibiana Moran- Se recupero de un tumor cerebral y va a correr la Regata (4).JPG

En octubre del año pasado, Bibiana fue a ver a un neurocirujano que le confirmó que su tumor era operable, pero que debía renunciar al deporte y evitar cualquier tipo de esfuerzo. Se afrontaba a un largo camino de recuperación por una operación invasiva, que iba a dejar una profunda cicatriz. Cuarenta días más tarde, los doctores Luna y Roussell la operaron: un corte vertical desde la nuca hasta la coronilla, con 19 puntos de cada lado que, para asombro de todos, cicatrizó con extrema rapidez.

El tumor no era más que una metástasis del cáncer de ovarios que la había invadido en 2013, y que parecía regresar para una revancha que Bibiana afrontó sin tambalearse. La cicatriz de la que la alertaron los médicos no le permitía dormir de corrido, y todavía hoy se despierta varias veces cada noche para cambiar de posición. Tampoco le permiten mover como antes la cabeza y el cuello, por lo que se tuvo que alejar de la música y los instrumentos. "Por un tiempo", asegura con esa fuerza que atraviesa cada uno de sus planes.

Y mientras ella se sometía al quirófano y cinco sesiones de radiocirugía indicadas por la doctora Hansing en COI, sus compañeros de El Biguá seguían remando por ella. "Son de otro mundo", aseguró. Cuando les habló de su operación, fueron los primeros en ofrecerse para donar sangre, a tal punto que ni siquiera tuvo que hacer campañas para conseguir donantes. "Todo el tiempo llamando para ver cómo estaba y alentándome a volver", aseguró.

Y finalmente, volvió. Los médicos la autorizaron a remar otra vez, despacito, este 21 de enero. Antes, tuvo que hacer un entrenamiento con pesas livianas, con el objetivo de recuperar la masa muscular que había perdido a fuerza de corticoides. "¡El día que volví a remar fue una fiesta!", exclamó Bibiana, que recibía comentarios sobre su asombrosa recuperación. "No podían creer lo bien que se me veía y estaban todos contentos de saber que seguía teniendo el objetivo de participar en esta regata de 32 millas", añadió.

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A pesar de esa fuerza interna que parece no detenerla, la mujer tuvo que apoyarse en sus seres queridos para afrontar este desafío. Por eso, su esposa Yin va a tomar el mando de la embarcación. "Mi esposa Yin Yin Ng que es quien timonea el kayak doble porque las sucesivas quimioterapias me dejaron una neuropatía en el pie izquierdo y a veces pierdo sensibilidad que es necesaria para manejar el timón", explicó, como si la elección de su timonel fuera, en realidad, otra metáfora de su propia historia.

"Estamos preparándonos lo mejor posible", dijo Bibiana y agregó que "los profes de la escuela de canotaje y el entrenador del equipo de competición están súper contentos". "Otros remadores y remadoras también brindando aliento, incluso sin conocernos mucho o habiéndonos visto solo ocasionalmente", señaló sobre su historia, que logra conmover a todos los que saben mucho de remarla.

Cada sábado, salen a remar para entrenar para esta regata, que funciona como una gran excusa para conectarse con el agua, con sus propios cuerpos generando impulso y con la camaradería de cada ronda de mate que comparten después de sus recorridos. "Es un grupo re lindo, el sábado pasado nos agarró la lluvia, terminamos comiendo adentro de las boteras", recordó entre risas.

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Para Bibiana, los objetivos, más grandes o más chicos, son una constante en todos sus horizontes. "Soy optimista porque me diagnosticaron una enfermedad terminal hace 10 años y sigo acá, es como que parece no haber imposibles", reflexionó, sin preguntarse si no es al revés: si ese optimismo tan suyo no es la clave para vencer en las batallas más duras que se le plantan.

La remadora no comparte sus recetas, porque no son ningún secreto. "La idea es mantener la positividad, rodearse del afecto de los seres queridos, no dejarse estar, hacer cosas que a uno le gusten y mantener a la vista sueños y objetivos", dijo. Así, tan fácil y tan difícil como eso.

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