Autor de innumerables obras en la región, fue escultor, pintor, ceramista, profesor y autor de reconocidos monumentos en ciudades de todo el país.
El escultor con sus manos transforma conceptos abstractos en formas sólidas y duraderas, que cuentan una historia, reflejando que es un artista, que con técnica, pasión y perseverancia logra realizar su obra, con vocación perdurable reflejando su impronta como creador.
Atilio Morosín nació en Avellaneda Provincia de Buenos Aires el 12 de julio de 1929. Sus padres de origen italiano llegaron a Buenos Aires para luego radicarse definitivamente en Cipolletti Río Negro en 1934 cuando Atilio había cumplido 5 años de edad, es hijo único del matrimonio de Ángel Morosín (22/09/1899- 26/01/1969) y Catalina Berton (28/12/1902- 13/05/1953). Sus padres agricultores adquirieron una chacra en Cipolletti en la zona rural denominada La Falda.
Cursó sus estudios primarios en Cipolletti. Desde muy pequeño demostró su inclinación por el arte. Lo atraía la pintura, pero relataba que sus padres no tenían recursos suficientes que le permitieran acceder a la compra de los elementos básicos para desarrollar esta habilidad, pero sus inclinaciones eran tan marcadas que se las ingeniaba para plasmar en el papel alguna obra, es así que utilizó carbón del fogón para dibujar. Recordaba los enojos de su madre por la suciedad que producía a sus ropas la utilización de este elemento.
“Desde su infancia quería ser pintor, ya que “los colores que se necesitaban salían sesenta centavos, y no se podían comprar se me dio por inventar, yo hacia los colores”. “El verde de hervir yuyos, el azul de la barra de la ropa y el negro del carbón del fogón, eran cosas que no quedaban pegadas al papel y cuando movía el trabajo de desarmaba la obra”, relataba.
También utilizando la tierra de la chacra, la convertía en una masa con la que comenzó a moldear vasijas y cacharros que secaba al sol.
A los 15 años se trasladó a Buenos Aires, entrando como aprendiz en el taller del escultor Luis Perlotti, a través del cual conoció a Benito Quinquela Martín.
La experiencia con grandes maestros
“Cuando fui a Buenos Aires, a lo del maestro Perlotti para aprender, famoso escultor con quien estudié, repartiendo el tiempo del cursado del colegio secundario, hasta final-mente, ingresar al servicio militar”, recordó en alguna oportunidad. Dijo que en su taller compartió los días con dos artistas de Florencia y un escultor alemán asistente de Rodín. “Estar con Perlotti, Quinquela Martín Ricardo Rojas, comiendo unos fideos y escuchando hablar de historia del arte era un curso de cono-cimiento. Siempre me juntaba con gente mayor y con más conocimiento”, rememoró.
A los 16 años ingresó a la Academia Nacional de Bellas artes teniendo como profesores de escultura a Horacio Juárez, Juan Leone y en historia del arte a escritor e historiador José Torre Revello, recordaba que el pasaje por esa Institución le otorgó una importante formación en el dibujo y modelado.
Por razones de trabajo tuvo que abandonar sus estudios superiores, completando su capacitación en una escuela privada, obteniendo el título de profesor de dibujo y modelado.
En 1952 recibe una beca de la Dirección Nacional de Cultura del Ministerio de Educación de la Nación, Decreto Nº 27.065 para continuar sus estudios.
Un artista con obras emblemáticas
En 1954 colaboró en Tucumán con el escultor Juan Carlos Iramaín en el modelado del Cristo El Penitente, obra de 20 metros de altura, emplazada en la Caldera en Salta que aún hoy puede contemplarse, viajando desde San Salvador de Jujuy a Salta por camino de cornisa.
En 1957 llegó a la Provincia de Jujuy donde realiza retratos del natural y su primera obra allí fue un busto del doctor Héctor Quintana para el Hospital San Roque.
El Gobernador Horacio Guzmán le encarga la estatua de Hipólito Irigoyen que se ubica en la Plaza Principal de la Ciudad de Nieva (Jujuy), en 1959.
En la década del 60 realiza innumerables obras escultóricas en las provincias de Jujuy y Salta: una estatua La Madre (1960) estatuas del General Manuel Belgrano y del doctor Salvador Mazza, de Faustino Sarmiento y de San Martín.
También realizó dos imágenes religiosas de Santa Teresa para el frente de la parroquia en Villa Gorriti de la capital de Jujuy en 1959 y una Virgen de Fátima para el frente del cementerio de la ciudad capital en 1961.
Entre las décadas del 50-60 también realizó trabajos para la provincia de Salta y permaneció en la provincia de Jujuy hasta 1964. En esas provincias norteñas dejó un importante legado escultórico.
La llegada a la provincia de Neuquén
En 1964 es llamado por autoridades de la Provincia de Neuquén para organizar en el ámbito de la recién creada Universidad Provincial de Neuquén una Escuela de Cerámica en Zapala, de la que fue director-fundador y profesor de dibujo modelado, alfarería, dibujo y cerámica ente 1965 y 1968.
A fines de 1968 pasó a desempeñarse como director- fundador del Instituto de Artes e Industrias Cerámicas dependiente de la Universidad Provincial de Neuquén, creando talleres libres de cerámica en Cipolletti, Cutral Co y Cinco Saltos y se hizo cargo del que existía en general Roca desde 1968 a 1972. Fue además profesor de modelado de la Escuela Provincial de Bellas Artes de Neuquén entre 1969 y 1971.
En enero de 1972 al transformarse la Universidad Provincial en Universidad Nacional del Comahue pasa a desempeñar otras funciones en esta institución. Fue designado profesor adjunto de la materia Conducción del Aprendizaje y actividades del Taller de Arte en la Facultad de Ciencias de la Educación 1975-1984. En 1978 ocupó el cargo de director del Departamento de Ornamentación de la Universidad Nacional del Comahue dependiente del rectorado, cargo con el que se jubila en 1991.
En 1981 se incorpora como Miembro de Número a la Junta de Estudios Históricos de Neuquén, ocupando el sitial del Perito Francisco Pascacio Moreno. A partir de compartir esta Institución de la que también soy Miembro de Número nos llevó a generar una amistad que perduró hasta el final de sus días. En esas tertulias en las que se compartían intercambios académicos relataba anécdotas y vivencias de su trayectoria como escultor, docente e investigador. Digo investigador porque para plasmar en una escultura a un personaje es necesario conocerlo desde las distintas facetas de su vida.
Se desempeñó como Profesor de Actividades Artísticas en el Colegio Secundario Nº 5 de Cipolletti desde 1977 a 1981. Fue Profesor adjunto de la materia Conducción del Aprendizaje y actividades del Taller de Arte en la Facultad de Ciencias de la Educación entre 1975 y 1984.
También fue director-fundador de la Escuela de escultura y ornamentación en Neuquén que funcionó desde 1983 a 1985.
Trabajos en otros lugares del país y del extranjero
Periódicamente enviaba esculturas en donación, a diferentes provincias argentinas, las cuales hoy se encuentran en museos y en espacios públicos. Posee obras en distintas colecciones del país y del exterior.
Entre sus obras, se destaca una escultura en bronce del Viejo Gaucho Vizcacha realizado en bronce, exhibida en el Museo Pedro de Mendoza en La Boca, sitio que fue el estudio de Quinquela Martín, un busto de Hipólito Irigoyen en el Museo del subsuelo de la Casa Rosada, Un relieve del Gral. Ángel Pacheco en el cementerio de La Recoleta. Un relieve del poeta Rubén Darío en Temuco Chile, una imagen de la Virgen misionera en cerámica policromada, en el Museo del Vaticano, entregada al Papa Juan Pablo II en su viaje a Viedma.
Un dato curioso que llama la atención es que una escultura en terracota Gaucho Rioplatense fue adquirida por el actor Yull Brinner en su estada en la Argentina durante la filmación de la película “Taras Bulva” en 1962.
Morosín expuso sus trabajos en numerosos salones culturales de distintas ciudades del país, La Plata, Buenos Aires, Mar del Plata, Luján, Salta, Rosario, Tandil, Tucumàn, Jujuy, Río Negro.
En 1983 en Neuquén hizo una Muestra retrospectiva de 32 años de labor. Fue integrante del Rotary Club de Cipolletti, Cinco Saltos y Zapala desde 1964 a 1977.
Su obra alcanza 35 monumentos originales importantes, más de 65 bustos originales, nueve imágenes religiosas e infinidad de retratos de artistas, poetas, científicos y otros personajes, muchas tomadas del natural, repartidas desde la Quilca a Comodoro Rivadavia y desde La Rioja a la ciudad de Buenos Aires.
Su cuantiosa producción artística se completa con pinturas de retratos como el óleo de Hipólito Irigoyen para la Legislatura de Neuquén 1991, y del Ingeniero César Cipolletti para la municipalidad de esa ciudad.
A lo largo de su carrera, recibió distinciones de diferentes Instituciones en distintas provincias por sus obras.
El museo con sus obras
Fundador y director del Complejo Cultural Atilio Morosín inaugurado el 8 de julio de 1995, declarado de interés municipal el 25 de abril de 1996.
Después de jubilarse, don Atilio, uno de los más grandes artistas plásticos de la Patagonia, convirtió su modesto taller ubicado en Puerto Belgrano 348 de Cipolletti en un museo, estaba compuesto por cuatro salas, destinadas a la Pinacoteca, la sala de esculturas y Sala de Actos destinada a actividades y reuniones culturales. Fue un lugar emblemático de la ciudad.
Atilio Morosín estaba casado con una Jujeña, Amalia López, del matrimonio nació su único hijo Julio Ernesto. Su vivienda familiar se ubicaba en Cipolletti en el sector de chacras llamado La Falda.
El gran artista regional falleció el 12 de julio de 2001, el día de que cumplía 72 años.
(*) Miembro de Número Junta de Estudios Históricos de Neuquén
Fuentes: Documentación y fotografías aportada por su hijo Julio. Archivo Histórico de Neuquén. Cuadernillo artesanal con relatos y pasajes de su vida, obsequiado por Atilio en vida.
Apuntes de relatos y conversaciones compartidas en vida.
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