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La Mañana ajuste

Avanza un plan de ajuste para las clases medias y bajas y nace la nueva oposición a Javier Milei

Luego de la aprobación en general de una parte de la ley ómnibus, empieza a reconfigurarse el tablero político en Argentina, con los líderes provinciales como protagonistas. Por ahora los únicos ganadores: el campo y las clases económicas mas altas.

La Ley Bases que el Gobierno libertario presentó en el Congreso de la Nación supone muchos cambios para la Argentina. Recortes, privatizaciones, poderes delegados al Ejecutivo y algunas desregulaciones entre otras modificaciones normativas.

Sin embargo, ya no es la enorme Ley Ómnibus que en un principio parecía que transformaría a la Argentina en un país que no podría reconocerse a sí mismo frente al espejo. Simplemente, a Javier Milei, los votos en el congreso no le alcanzaron y su propuesta se transformó en una ley combi.

De no lograr la aprobación de la Ley, ómnibus, combi o aunque sea bicicleta, la conclusión a la que arribaríamos, es que el Gobierno de Milei fue incapaz de lograr-mediante la política que tanto denostó- los acuerdos necesarios, y que, por lo tanto, aquellas voces que durante la campaña política advertían que nunca lograría lo que se propone por no tener mayoría en el congreso, tendrían razón. Por ello el nuevo Gobierno se anticipó a esa potencial derrota y a fuerza de negociación llegó a una posible solución política.

La Ley Ómnibus contaba con dos partes claramente definidas. Una que hace recortes muy significativos a los gastos estatales, afectando principalmente a la clase media y baja y otra que incrementa los impuestos a los más ricos. Ambos apartados significarían entre un 2% y un 3% más de ingresos o de menos gastos respecto del PBI de manera indistinta. La meta de eliminar el 5% del PBI en déficit fiscal estaba asegurada con la ley completa, más o menos aportando cada parte un 50% de la solución, pero para lograr la aprobación de alguna Ley, había que optar por una o por la otra.

ley omnibus diputados aprobacion

Finalmente, el gran ajuste no será pagado por las retenciones a costa de los dueños del campo -que se pueden contar con los dedos de la mano- ni el sector minoritario sector de trabajadores que pagan impuesto a las ganancias por tener altos ingresos.

El ajuste será sostenido por las provincias, que verán sus ingresos drásticamente disminuidos y por los usuarios de servicios de electricidad, gas y el transporte público, que pagarán tarifas que se multiplicarán x 2 a por 7, dependiendo la zona y el servicio. El ajuste será pagado por una treintena de empresas públicas que serán privatizadas, y los asalariados, que no tendrán actualizaciones salariales y la inflación les ganará por goleada.

Es posible que esta decisión haya sido tomada por preferencias ideológicas propias del liberalismo. El costo político de enfurecer a 6 o 7 potentados del campo y a algunos trabajadores de altos ingresos cuyo único recorte sería ir a San Martin a vacacionar en vez de a Miami, era muy bajo y probablemente hubiera tenido un camino mucho más allanado en su paso por el congreso de la Nación. Haber optado por enemistarse o distanciarse con los millones de trabajadores de clases medias, es decir con el grueso de los votantes, y así tensar aún más el clima social, solo puede justificarse con aquella frase que Milei alguna vez lanzó “prefiero cortarme un brazo antes que aumentar un impuesto”.

Después de muchísimas negociaciones y cesiones por parte del oficialismo, la ahora Ley Combi de Milei, fue aprobada en general, pero todavía tiene que ser votada en particular -artículo por artículo- en Diputados. Y luego debe pagar el peaje en el Senado de la Nación. Allí se develará de que lado está cada Gobernador, donde su influencia es más grande que en la cámara de Diputados, por cuestiones de representatividad.

A ellos fue dirigida una frase de Milei esta semana: “Tienen que demostrar de qué lado de la historia tienen que estar”.

Una primera conclusión a la que podemos arribar luego de este engorroso proceso legislativo, es que Milei mostró que es dialoguista. Cedió ante todas las presiones, recortando gran parte de su propuesta a cambio de los votos necesarios. Lejos ha quedado en el tiempo, aquella imagen del “Leon” con la motosierra, que de manera inflexible se llevaría puesta a toda la casta.

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También sabemos que, al haber resignado los ingresos extra por retenciones e impuesto a las ganancias, el arribo al equilibrio fiscal tardará mas de lo que se esperaba, y si la inflación no logra moderarse en los próximos meses, esto generará malestar social, muchas protestas y tensiones y probablemente un mal desempeño electoral en las elecciones legislativas en el 2026.

Por falta de votos en el Congreso o por ideología, Milei no podrá seguir el consejo del maestro Maquiavelo, quien alguna vez rezó: “Las injusticias se deben hacer todas a la vez a fin de que, por probarlas menos, hagan menos daño…” Por falta de votos en el Congreso o por ideología, Milei no podrá seguir el consejo del maestro Maquiavelo, quien alguna vez rezó: “Las injusticias se deben hacer todas a la vez a fin de que, por probarlas menos, hagan menos daño…”

Pero hay un aspecto del chispeante debate y de la definición de los votos afirmativos y negativos de cada bloque, de cada provincia y de cada diputado que hay que analizar con detenimiento. Antes de la irrupción de Milei en la política argentina, el tablero de ajedrez del establishment político era muy claro. Quienes eran las blancas, quieren, eran las negras, quien era oficialista, quien opositor y quien dialoguista. Todo eso cambió en los últimos meses y finalmente llegó una instancia muy clara que determina quién está de qué lado, por fuera de los discursos, las promesas y las declaraciones de los políticos - a los que por cierto jamás hay que creerles-, ya que es en los hechos y en los gestos donde hablan con la verdad.

Esto significa que luego de haberse pulverizado el caudal político del Kirchnerismo y haberse quedado Javier Milei prácticamente sin oposición legítima, podemos ver en el Congreso de la Nación una primera muestra del germen opositor que probablemente se construirá en los próximos años y que seguramente tendrá a referentes de las provincias -cruelmente ajustadas- como protagonistas y cuyos nombres empezarán a develarse en poco tiempo.

Cuanto más cerca estemos de las legislativas del 2026, los casilleros del nuevo tablero político de Argentina empezarán a llenarse uno por uno con sus correspondientes piezas, movidos por la mano de la opinión pública y la sed de votos. Para ese entonces, la única arma -a favor o en contra- que tendrá el oficialismo para ganar en las urnas, ya no será la pesada herencia kirchnerista, ni las estrategias en medios y redes sociales, sino que serán el índice de inflación y el poder de consumo de los votantes.

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