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La Mañana Camila

Camila Pérez lleva diez meses en coma: el sueño de ser maestra y una familia en expansión quedaron en pausa

Después de un parto de riesgo en el Hospital Heller, sigue sin despertar. Su familia repasó detalles de su vida e insistió en el reclamo de mala praxis.

Después de atender a Alma Mía, su bebé de menos de un año, Leandro hace sus visitas diarias a la clínica para ver a su pareja, que sigue en coma tras un parto de alto riesgo que se complicó en el Hospital Heller. Y aunque todos los días la saluda y le habla, Camila sigue sin despertar. Cada noche, él espera hasta última hora para entrar al chat de su celular y reproducir de nuevo los últimos audios que compartieron. "Hace diez meses que no escucho su voz", dijo entre lágrimas.

Leandro Gómez y Camila Pérez se conocieron hace tres años. Esperaban que el 2024 fuera un año movido, con la expansión de la familia y una fecha que la mujer de 29 años ya tenía marcada en el calendario: este diciembre iba a recibirse de maestra en el IFD 12 después de una infinidad de tardes compartidas, con mate, música y unas facturas que él traía de la panadería.

Sin embargo, el año que prometía tanta dicha se convirtió en una pesadilla por un parto que no salió bien. "No me escucharon, les decía que era un embarazo de alto riesgo, que miraran la libreta, pero no me hicieron caso", explicó Leandro, como reviviendo la desesperación de febrero, cuando su pareja llegó al hospital Heller y le indujeron un parto natural para el nacimiento de Alma Mía.

Él no puede olvidarse de esa imagen: su mujer atravesada por el dolor, pujando en vano para ver el rostro de Alma por primera vez. Aunque la niña nació sana y sin complicaciones, hoy se alimenta con las mamaderas que le prepara su papá, o con magdalenas, sus favoritas, mientras su mamá sigue inmóvil en una cama ortopédica.

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Este lunes, la familia de Camila realizó una intervención en el Hospital Heller para pedir justicia por el caso, que consideran una mala praxis. Aunque la Justicia falló a favor de los profesionales, apelarán la decisión "para que los médicos paguen las consecuencias y que no le vuelva a pasar a otras mujeres", según dijo Leandro, que ya escuchó relatos de otros casos similares en el mismo centro de salud.

"Me invade la tristeza, pero también el odio y la impotencia", dijo y aclaró que los médicos le dieron anestesia total en lugar de local y que hicieron caso omiso a la libreta con los monitoreos semanales que había hecho la pareja, cuando los derivaron desde el centro de salud del barrio Progreso al Heller, por notar que la beba tenía una sola arteria en el cordón umbilical.

"Si me hubiesen escuchado, hoy Cami estaría disfrutando de su egreso y de su hija", dijo sobre la joven, que ya es mamá de otra nena, de 8 años, que hoy quedó al cuidado de su abuela materna. "Cuando me pregunta por ella, le digo que está enferma, trato de explicarle lo más simple que puedo", dijo Leandro.

En cada visita de rutina a la clínica Pasteur, donde Camila sigue internada, él se vuelve a presentar. "Le digo que soy Hipo, el papá de Almita, porque ella me había puesto ese apodo", dijo y agregó que ante el silencio imperturbable de su pareja, la tristeza lo invade de tal modo que deja que suene música cristiana instrumental para relajarse los dos. Su voz la encuentra recién a la noche, en audios viejos de WhatsApp, cuando llega de trabajar y busca un bálsamo en las palabras que quedaron grabadas para siempre en una ventana de chat.

Camila, una chispita que soñaba en grande

La misma música que reproduce hoy en la habitación de la clínica es que la ponía Leandro cada tarde para acompañar a Camila con sus estudios en el IFD. "Se quedaba a la tarde estudiando, haciendo trabajos, y yo la acompañaba con musiquita y cebando unos mates", explicó sobre su rutina de compañerismo pleno.

"De paso aprendía, porque yo no pude terminar el secundario y ella me leía sus respuestas y me explicaba el significado de las palabras que no conocía", dijo sobre Camila, que se destacaba con sus calificaciones y soñaba con graduarse y seguir estudiando. "Quería sumar más puntaje docente para algún día llegar a ser directora", contó.

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Como él es panadero, siempre le ofrecía algunas facturas o comidas dulces para acompañar sus tardes de estudios. Fanática de correr y hacer ejercicio, la mujer también acompañaba a Leandro en largas caminatas donde compartían charlas eternas, plagadas de proyectos. "Yo tengo una casa arriba de la casa de mi mamá, sólo me faltaba el baño. Y ella hablaba de recibirse y me acompañaba a mí en mi sueño de tener mi propia panadería", aclaró.

Con tantos proyectos en carpeta y ante la decisión de ampliar la familia, ya integrada por los dos hijos de él -de 12 y 10 años, de otra pareja- y la nena de ella -de 10 años-, Leandro buscaba relajar el carácter "chispita" de Camila. "Le decía que no se preocupe, que se enfoque en sus estudios y que nosotros nos íbamos a acomodar", relató.

Hoy, se las ingenia con ayuda de su mamá para cuidar a Alma Mía, cumplir sus turnos en la panadería y visitar religiosamente la sala de la clínica para hablar con su pareja. "Siempre pregunto si la bañaron, y trato de higienizarla, cortarle las uñas", afirmó sobre las visitas que le dejan el pecho apretado.

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"Yo esperaba una mejor evolución, pero los últimos informes no fueron buenos", aseguró. Y agregó que le duele comparar la vida de Camila, llena de proyectos y alegría, con la imagen que proyecta desde la cama de la clínica, con las articulaciones ya rígidas y una voz que nunca volvió a escuchar.

Una lucha que sigue

La denuncia fue recibida por la fiscal Lucrecia Sola, quien realizó entrevistas a la mamá, el hermano mayor y la pareja de Camila. También recibió la historia clínica y documentación médica entregada por el hospital Heller y el Policlínico Neuquén.

Con base en el informe médico elaborado por Dr. Gabriel Jerez, se determinó que “la conducta asumida por cada uno de los profesionales que intervino en la atención de la Sra. Pérez fue adecuada a lo que fija la normativa que regula su actividad”.

“De acuerdo a lo expuesto, es posible concluir -con el grado de certeza requerido- que no medió un ilícito penal en la conducta analizada por los profesionales intervinientes en el caso”, agrega el texto.

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Así, Sola consideró que no existe la comisión de un delito y que el estado de salud de la mujer “no se debió a un obrar imprudente, negligente, imperito ni antirreglamentario, sino a una de las posibles complicaciones del procedimiento de cesárea”, por lo que resolvió desestimar la investigación.

Pese a que los últimos reportes, de la clínica y de la Justicia, no fueron positivos para la familia, Leandro trata de ser fuerte para seguir en la lucha por el caso y se ilusiona con una luz de esperanza que despierte a Camila de ese coma prolongado.

Y así como se seca las lágrimas a escondidas de Alma Mía, trata de sostener el semblante para afrontar un nuevo paso judicial, mientras espera que algún día su pareja pueda sostener entre sus brazos a la beba y volver a soñar en grande con el futuro de su familia.

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