Un instructor cuestionó el alquiler sin control y la falta de capacitación. “No es comprarse la tabla y meterse al río”, advirtió.
El crecimiento sostenido del stand up paddle (SUP) en Neuquén volvió a encender las alertas tras los rescates registrados el último fin de semana en el río Limay, donde dos personas debieron ser asistidas en una situación límite que, según especialistas, pudo haber tenido un desenlace trágico.
El hecho ocurrió en la zona del balneario Fahler, donde dos personas ingresaron al río con tablas en una jornada con viento. La combinación de la corriente y las ráfagas las arrastró hacia un sector peligroso, donde quedaron atrapadas entre árboles, en un punto donde confluyen distintos brazos del río y se generan remolinos.
La intervención de los guardavidas fue determinante. “Si no hubiesen estado, estaríamos hablando de una tragedia”, señaló el instructor de SUP Gabriel Rivera, en diálogo con LU5, quien desde hace años trabaja en la formación de personas en esta disciplina.
Rivera evitó opinar sobre el comportamiento puntual de los involucrados, pero aprovechó la situación para insistir en la necesidad de abordar la actividad con responsabilidad. “Hace casi diez años que trabajamos en esto y desde el primer día insistimos con la seguridad”, afirmó.
El instructor explicó que el crecimiento del SUP responde a una tendencia global, pero advirtió que en muchos casos se replica sin la formación necesaria. En ese sentido, cuestionó la proliferación del alquiler informal de tablas en la ciudad.
“Hoy te alquilan una tabla por día sin preguntarte si sabés remar. Eso es gravísimo. No es un juego, hay antecedentes en el mundo de accidentes fatales y quienes alquilan también quedan involucrados legalmente”, advirtió.
Para Rivera, la práctica del SUP no puede improvisarse. “Nadie aprende a remar en un día. Es un deporte que requiere técnica, progresión y conocimientos del entorno. El río y el lago son ambientes complejos”, explicó.
El especialista comparó la actividad con otros deportes para dimensionar la importancia de la formación: “Si querés jugar al tenis, vas a una escuela. Acá debería ser lo mismo, pero además hay un riesgo adicional porque estás en un medio natural”.
Medidas de seguridad y particularidades del río
Rivera hizo hincapié en el uso de elementos de seguridad, especialmente el chaleco salvavidas, que muchas veces es evitado por cuestiones estéticas. “Hay una cuestión de moda. Parece que el chaleco ‘no garpa’, pero lo que realmente importa es la práctica responsable”, señaló.
Otro de los puntos abordados fue el uso del leash —la correa que une al deportista con la tabla—, cuyo empleo genera debate. Rivera indicó que es recomendable, pero siempre acompañado de capacitación específica. “No es solo usarlo, hay que saber cómo soltarse en una situación de riesgo, como quedar enganchado en ramas o estructuras bajo el agua”, explicó.
Además, remarcó que en escenarios como el río Limay, donde pueden existir obstáculos invisibles bajo la superficie, el desconocimiento puede agravar cualquier incidente. “Podés caer y quedar atrapado sin haber visto el peligro. Por eso es clave aprender”, insistió.
También se puso el foco en la conducta de quienes desoyen advertencias. En el caso del rescate del sábado, los guardavidas habían alertado sobre las condiciones adversas antes de que las personas ingresaran al agua. “Si hay personal capacitado que te advierte, hay que hacer caso. Es sentido común. Nadie te puede prohibir, pero sí están gestionando el riesgo”, sostuvo Rivera.
El especialista también planteó una reflexión sobre el comportamiento social en torno a estas prácticas. “El SUP está atravesado por la moda. Hay una intensidad en salir a hacer cosas sin medir riesgos. Lo vemos y lo estamos analizando”, comentó.
Finalmente, advirtió que el contexto actual suma factores de peligro: el descenso de la temperatura del agua, el aumento de los caudales y la proximidad del fin del operativo de guardavidas, previsto para el 31 de marzo.
En ese escenario, insistió en que la única manera de reducir riesgos es a través de la capacitación, el uso de equipamiento adecuado y el respeto por las condiciones del entorno. “No es ir, comprarse la tabla y meterse al río. Hay que prepararse”, concluyó.
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