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La Mañana Lesiones

Cuáles son las principales lesiones que sufren los petroleros en Neuquén

Los boca de pozo y operadores de fractura son quienes más la sufren. Cómo los esquemas de diagrama potencian la conflictividad familiar y las infidelidades.

Las jornadas laborales a cualquier hora del día son extenuantes, la producción no tiene límites y en muchos casos las medidas de seguridad para operar son una invitación a terribles accidentes y alcanzan hasta muertes obreras. Este es un cuadro de la película lado B del inmenso territorio de Vaca Muerta, la meca hidrocarburífera del país de 30.000 kilómetros cuadrados.

Guillermo Mercapidez, abogado que se especializa en accidentes de trabajo, fue al grano y reveló cuales son las principales lesiones que se dan en un petrolero, además de afirmar que ese trabajador está “desprotegido”.

“Las principales lesiones que se están dando en el petrolero corresponden a la zona de la espalda. Las hernias de discos comprendida entre los segmentos de la cuarta y quinta vertebra, y todo lo que sería las lumbalgias, que son enfermedades neurológicas productos del forzamiento y movimientos de la columna de manera repetitiva”, contó el letrado que ejerce su profesión hace 25 años.

El duro trabajo de los petroleros

En la industria, los trabajos de grandes esfuerzos los realizan, en su mayoría, hombres de entre 22 y 44 años. “Un trabajador que está en boca de pozo, un operador de fractura o supervisor (en algunos casos presta ayuda a la gente que trabaja en el campo) a los 42 años ya no sirve más”, afirmó contundente.

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“¿Por qué no sirve más? Porque el trabajo es tan arduo y las jornadas son tan extensas durante el diagrama que el petrolero termina exhausto con dolores columnarios y de lumbalgia, que a la vez se le asocian otras enfermedades que traen aparejadas”, acotó.

Las lesiones de estos obreros del “oro negro” se dan habitualmente en las locaciones en donde trabaja el equipo perforador y donde hay que realizar movimientos de mangueras, válvulas, caños de gran porte, además de los trabajos en alturas.

Mercapidez indicó que cuando el trabajador efectúa una denuncia –también la puede establecer el empleador- por lesiones de espalda a través del sistema que propone la ley de riesgo de trabajo, en el caso de las afecciones columnarias el 90 % de las denuncias son rechazadas por omisión silenciosa de la ART. “Generalmente a la ART se le vencen los diez días en los cuales se tiene que expedir si acepta o no. Y vencido ese plazo se produce lo que es la aceptación de las consecuencias jurídicas del siniestro”, explicó.

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“A los efectos jurídicos lo que se deja de discutir es que ya la afección no se discute de que ya es laboral, valga la redundancia. Solamente el perito tiene que tabular la incapacitad en función de lo que dictamina el baremo 659 o 658 (cuadro gradual establecido para evaluar los daños derivados de accidentes o enfermedades) si estamos hablando de una lesión en los hombros, extremidades, piernas, entre otros”, agregó.

A su vez, detalló qué pasos debe seguir el trabajador cuándo se le rechaza el siniestro: “En esa situación debe recurrir a la obra social y de manera urgente conseguir un certificado (del algún médico de cartilla de esa obra social) para no perder su trabajo y pueda justificar ante el empleador que no se va hacer cargo de sus tareas”.

Y aseveró: “En las mayorías de las veces el empleador se queda con que la ART pone de manifiesto que el trabajador sufrió una enfermedad inculpable. Que no es profesional; de los elementos informativos que recaudó del empleador o empleado no alcanzan a nutrirse para afirmar que esa enfermedad que tiene en la espalda tiene relación adecuada con el trabajo. Dicen que hay un rompimiento de ese nexo causal porque la ART no logra convencerse –con la información que puede recaudar- que el trabajador sufre una enfermedad profesional. En realidad lo hacen de manera sistemática. Apenas reciben la denuncia les hacen dos o tres consultas y cuando tienen que dar la prestación de mayor valor como la resonancia magnética y luego eventualmente una operación, para esa altura el trabajador está con las manos vacías. Lo mandan a la casa sin un telegrama de por medio y, a través de un celular le comunican ‘no nos haremos cargo de su lesión’”.

Los que sufren amputaciones

En mayo de 2023 un operario de la empresa San Antonio sufrió una amputación de un brazo mientras realizaba tareas de mantenimiento en un pozo de fracking en Aguada del Cajón. Mercapidez reveló que se pueden dar muchas situaciones así en un solo mes. "En Neuquén he visto muchos casos de amputaciones de parte de los dedos, de manos completas y demás, porque se realizan los anclajes de manera deficiente con trabajadores en situaciones de cansancio o de la mala preparación a los cuales la ART los somete", sostuvo.

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Además, el abogado afirmó que muy pocas veces las empresas vuelve a tomar al trabajador o lo “reubica” en situación de inferioridad física. “Generalmente jefes de equipo, supervisores y gente de Recursos Humanos los tratan de muy mala manera y no le dan la posibilidad de recapacitarlos profesionalmente hasta reubicarlos. Ni tampoco hacen el seguimiento de la capacitación profesional que debe hacer la ART en estos casos. El empleador lo que pone de manifiesto es que no tiene un puesto para darle a ese trabajador que ya está disminuido físicamente, con lo cual empieza a jugar otra indemnización a favor del trabajador, que es la indemnización del trabajador enfermo”, explicó.

Mercapidez luego aclaró que hay una ley antidiscriminatoria que ha recibido “acogida” por los Tribunales de la ciudad de Neuquén: “Cuando el trabajador recibe el alta y la lesión grave la tiene el cuerpo, se presenta con ese alta médica a trabajar y el empleador lo echa o al otro día le llega una carta documento donde prescinde de sus servicios. Esa contemporaneidad entre que yo me apersono a la empresa y le digo que estoy en situación de inferioridad, en violación del derecho de igualdad, el empleador procede a despedir y a depositarle una disminuida indemnización con lo cual los abogados tenemos que ir a la Justicia a los efectos de reclamar una indemnización por un despido agravado, ya que estamos echando a una persona en situación de enfermedad”.

Al referirse al tiempo de vida útil que le puede quedar a un operario que se encarga de la manipulación de aparejos, trépanos, materiales tubulares de gran porte, como así también productos químicos, manifestó: “La Organización Mundial de la Salud da como vida límite a una persona a los 65 años, aunque creo que ahora se extendió hasta los 75. O sea que cuando las personas más jóvenes, al ser una unidad productiva y al ser mayor el tiempo de vida que le queda para dar la prestación laboral, a los efectos indemnizatorios son personas a las que las ART les sale mucho más cara. Y esa persona con unos 27 años con experiencia laboral le discuten todo y le rechazan el siniestro, le dan el alta médica cuando no se la tienen que dar, no acceden a darles las prestaciones quirúrgicas, kinesiológicas y lo dejan en la calle en la gran mayoría de los casos”.

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Mercapidez aseguró que casi la mayoría de esos casos están judicializados porque la inflación es tan alta y el interés bancario es tan bajo, que a las empresas les conviene mantener el juicio con “apelaciones” e “impugnaciones” para no pagar.

“Muchas de las empresas esperan que uno les embargue sus cuentas para que el trabajador se pueda hacer de su crédito. Hay muchísima litigiosidad y muy poco cobro. Realmente no pagarle al trabajador es un negocio y los Tribunales se encuentran abarrotados de expedientes porque es un negocio no pagar atento a que la tasa de interés legal para calcular los intereses es muy baja. Y como estas ART son financieras o colocadores, compradoras de bonos les conviene invertir su dinero en fondos de valore, etc”, remarcó.

El petrolero que se queda con una pobre indemnización prácticamente se queda en la calle. Trata de incorporarse al mercado laboral y sin experiencia hace malos negocios, según reveló el abogado egresado en la Universidad Nacional de La Plata. Es que por la lesión que tiene a cuesta no pueden rendir un examen preocupacional, exigido por la legislación vigente, para volver a trabajar en el ámbito.

Conflictos familiares e infidelidades

Otra de los puntos que resaltó Mercapidez es el sistema de diagrama laboral que atenta con el descanso porque la jornada debe ser de ocho horas. “Esto quiere decir que han pisoteado la legislación nacional poniendo al trabajador en situación de vulnerabilidad haciéndolo trabajar a la intemperie durante extensas jornada viviendo lejos de su familia. Esto se traduce en un gran conflictiva familiar a nivel local porque dan cuenta las estadísticas públicas de los tribunales de familia de situaciones de violencia familiar, pérdidas de familia, disociación. En consecuencia, no hay una real ayuda para ese petrolero. No hay un dique de contención para que él pueda ver canalizado algún tipo de reclamo; ya sea económico o psicológico porque el deterioro psíquico de estas personas es muy alto y a corta edad”, detalló.

“Por ese espiral de jornada laboral completa en Neuquén se dan muchas separaciones, engaños de ambas partes de la pareja, por el diagrama. Eso genera un montón de psicopatías: celos infundados, peleas, conflictos con los hijos. Porque llegan a su hogar y se encuentran con un hijo que hace 20 días no ven y lo desconoce. En muchos casos hay mujeres que interponen acciones judiciales en el foro de familia de prohibición de acercamiento por discusiones. Otra situación es que en 2005 un boca de pozo cobraba 5 mil dólares y hoy cobra la mitad. Se ha ido degradando el sueldo de una persona que tendría que ser muchos más alto por la condiciones de salubridad en que presta la tarea”, destacó.

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