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La Mañana Felicidad

Cuando la felicidad era colectiva

Un año después de esa alegría colectiva por la Copa del Mundo, la felicidad parece ser sólo para los “argentinos de bien”.

Hace exactamente un año no veíamos la hora de que el árbitro polaco Szymon Marciniak pitara el comienzo de la final en el Estadio Lusail, que comenzara a rodar la pelota y con ello la ilusión de 46 millones de argentinos de celebrar la tercera Copa del Mundo.

Estimado lector, estimada lectora, haga memoria y recuerde qué pensaba, qué sentía, qué estaba haciendo en esas horas previas a la final contra Francia. Seguramente recorría las redes sociales, encontrándose con divertidos memes, montajes de un ex presidente “mufa” con Mbappé, la figura de la selección francesa; o los videos de la “Abuela Lalala” que se hizo famosa por festejar los goles de La Scaloneta en las calles del barrio de Liniers; cantando “Muchachos, ahora nos volvimos a ilusionar...”.

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Acuérdese como festejaba cada victoria de esos jugadores que generaron una simbiosis especial en los hinchas. Estallábamos de gritos, llantos, abrazos, con cada gol, con cada partido ganado. Cada triunfo se consideraba una victoria colectiva. Habíamos recuperado la alegría, y nos parecía que no tenía fin.

Esa felicidad funcionaba como un bálsamo. Por entonces, enfrentábamos los sinsabores de la cotidianidad de manera distinta porque esas victorias colectivas nos motivaban. Todo quedaba borrado en una suerte de igualdad, como bien explicó un antropólogo.

Un año después de aquella máxima alegría, desbordante, extensamente celebrada, que elegimos y nos hizo creer, el país es otro, atacado por un ajuste feroz sin medidas que protejan el tejido social, arrasando aquel sentir colectivo que nos llevó a ser campeones en Qatar. Ahora parece que sólo la felicidad está destinada para “los argentinos de bien”.

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