El billete de 100 pesos, creado en plena época de convertibilidad bajo el gobierno de Carlos Menem y la gestión de Domingo Cavallo como ministro de Economía, cumplió en enero 31 años.
Era el papel de mayor denominación en este sistema cambiario que comenzó en la década del 90. El objetivo principal de la convertibilidad era estabilizar la economía argentina y combatir la alta inflación que había afectado al país en las décadas anteriores.
Ese plan estableció una paridad fija entre el peso argentino y el dólar estadounidense, lo que significaba que un peso argentino valía exactamente un dólar estadounidense. Para mantener esta paridad, el Banco Central de Argentina se comprometió a mantener suficientes reservas en dólares para respaldar la cantidad de pesos en circulación.
El plan funcionó durante los primeros años, la inflación se redujo al mínimo y el peso argentino se convirtió en una moneda fuerte para los argentinos, a tal punto que con el billete de mayor denominación (el de 100) se podía adquirir una gran cantidad de productos y artículos.
Por caso, con ese papel, alcanzaba para comprar en ese entonces 25 kilos de asado, 50 kilos de yerba, casi 100 litros de nafta o pagar alquileres con cuatro o cinco billetes.
Aquel sistema de convertibilidad tuvo esos efectos positivos en la economía argentina, como la estabilidad de los precios y la reducción de la inflación. Sin embargo, también tuvo los negativos a largo plazo, como la pérdida de competitividad de la economía debido a la sobrevaluación del peso y la dependencia de las importaciones, entre otros aspectos.
Te puede interesar...










