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La Mañana Día del Niño

Día del Niño, de las Infancias, de la Niñez o de las Niñeces: ¿Acaso es importante?

El refugio de la primera etapa de la vida se va rompiendo con el avance de la pobreza y la falta de acciones que sean inclusivas en serio, no de palabra.

Este domingo se celebró el Día del Niño. O el Día de las Infancias. O el Día de la Niñez. O de las Niñeces. O cualquier eufemismo que se elija con bienintencionados -aunque estériles- intentos de inclusión para homenajear a las personitas que alguna vez serán personas, a los inocentes más inocentes que empiezan a descubrir el mundo. A los locos bajitos de Serrat.

Decía el poeta español Luis María Panero que “en la infancia vivimos; después sobrevivimos”. Son apenas seis palabras que describen de manera brillante y simple el refugio que significa la primera etapa en la vida de una persona. Esa frase encierra el resguardo de la inocencia, la garantía de salud, de aprendizaje, de techo, de alimentación, de juegos, de cariño, de sueños, de travesuras… En definitiva, de felicidad en estado puro.

A los que ya vivieron varias décadas y empiezan a transitar la última etapa de sus vidas, seguramente se les representará de distintas maneras aquellas épocas que bien resume la frase del poeta. No importan los pueblos o ciudades. Seguramente hay imágenes similares que quedaron para siempre archivadas en los recuerdos.

En mi caso, ese refugio estaba en la humilde Neuquén de calles de tierra, de casas bajas, de bardas interminables, de comercios chicos, de barrios cercanos, de vecinos conocidos, de los que recién llegaban de otras provincias y países.

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Ese refugio estaba presente en las cosas simples, pero importantes, aunque uno a esa edad no supiera lo que era importante. Estaba en el amor de los padres, en la tasa de café con leche, en los amigos de la cuadra, en el calefactor de los inviernos, en la cama limpia, en el cariño de las maestras, en los libros, en las vacaciones.

Desgraciadamente, esa frase de Panero que hace décadas parecía encaminarse a ser una máxima eterna, con el tiempo se fue descascarando, al menos en la Argentina.

Cuando la niñez deja de ser el refugio seguro

Las últimas cifras de UNICEF para medir la pobreza infantil en nuestro país son descarnadas: Más de un millón de chicos se van a dormir sin cenar, asegura la organización en una campaña solidaria para concientizar a la población sobre este flagelo que golpea todos los días con más fuerza. Y profundiza con más datos que espantan: más de 7 millones de niñas y niños viven en pobreza monetaria.

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El otrora refugio de la infancia se degradó tanto con el paso de los años que hoy apenas es una delgada cáscara de cristal que se resquebraja y se rompe obligando de golpe a miles y miles de personitas a tragar los gustos más amargos de la vida y asumir las responsabilidades más difíciles que demanda la adultez.

Atrás quedaron las risas y los juegos; en el olvido se perdieron las necesidades más básicas; en el horizonte asoma la crueldad y la injusticia.

¿De qué sirve debatir si hay que decir Día del Niño, de las Infancias, de la Niñez o de las Niñeces? ¿De qué sirve seguir buscando eufemismos si hay chicos que perdieron para siempre la felicidad y la inocencia? ¿De qué sirve si aquel refugio ya no existe? ¿De qué sirve?

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