Ordenarlos mentalmente no siempre es sencillo hasta que se los prueba en conjunto.
¿Cuál es más delgado, un Sauvignon Blanc o un Pinot Grigio? ¿Qué vino tiene más volumen en boca, un Chardonnay o un Semillón? ¿Y entre los blancos aromáticos, cuál resulta más floral?
Son preguntas habituales cada vez que se organiza una cata con público. Y son preguntas válidas: ordenar mentalmente los vinos blancos no siempre es sencillo hasta que se los prueba en conjunto. Por eso, esta breve guía propone una forma simple —y visual— de pensar los blancos según cuerpo y perfil aromático.
El eje del cuerpo
Imaginemos un gráfico con dos ejes que se cruzan. El eje horizontal describe el cuerpo y la sensación de amplitud en boca de los vinos blancos, que correlaciona muy bien con la sensación de dulzor en contraposición a la acidez. En su extremo izquierdo se ubican los vinos más filosos y ligeros, generalmente ácidos; en el derecho, los más amplios y redondos, que ofrecen cierta sensación de dulzor o sucrosidad. Importante: cuando hablamos de “dulzor” aquí no nos referimos a azúcar residual, sino a sensación gustativa, en contraposición a la acidez.
En el centro del eje aparece el Chardonnay. No es un capricho: sin madera ni trabajo de lías, suele ofrecer un cuerpo medio y una acidez equilibrada. Hacia la derecha, con mayor volumen, se pueden ubicar el Semillón —casi siempre trabajado con algún tipo de crianza—, luego Roussanne, Marsanne, Riesling y, al final, Viognier.
En sentido contrario, hacia los blancos más delgados, el primer escalón lo ocupa el Sauvignon Blanc, seguido por Torrontés, Moscatel, Chenin Blanc y, en el extremo, el Pinot Grigio (o Gris), sobre todo en su versión italiana, más ligera que la francesa.
Todo este esquema parte de una condición clave: estamos hablando de vinos secos, sin cosecha tardía, sin burbujas y sin crianzas prolongadas en madera, factores que alteran por completo el estilo.
El Torrontés es el caso singular del grupo: no tiene gran cuerpo ni graso, pero tampoco presenta una acidez elevada. Esa ambigüedad se entiende mejor cuando se observa el otro eje.
El eje de los aromas
El eje vertical separa a los blancos aromáticos de los neutros. En la parte superior se ubican los vinos de mayor intensidad aromática; en la inferior, los más discretos. Nuevamente, el centro lo ocupa el Chardonnay.
Hacia arriba, el gradiente comienza con Chenin Blanc, sigue con Sauvignon Blanc —de perfil cítrico y herbal—, luego Viognier y Riesling, que combinan fruta de pomo, notas tropicales y registros florales. En el extremo superior aparecen Torrontés y Moscatel, claramente florales, con aromas de rosas y jazmín. En estos casos, la intensidad aromática refuerza una sensación de dulzor, aunque el vino sea seco.
Hacia abajo, en el sector menos aromático, se ubican primero el Semillón y cerquita Roussanne y Marsanne, y un poco más allá Pinot Gris, variedades más sobrias en nariz y, a menudo, muy refrescantes, salvo que se trabajen distintos puntos de madurez en un mismo vino.
Este esquema simple define cuatro cuadrantes. Y ahí es donde entra en juego la elaboración.
El estilo y la técnica
El Riesling es un ejemplo perfecto. Cosechado temprano, ofrece notas de manzana verde y lima, con acidez alta y poco volumen. Vendimiado más tarde, gana grado alcohólico, cuerpo y aromas tropicales como papaya o mango, con una sensación más amplia y amable.
El Chardonnay, que ocupa el centro del gráfico, es aún más versátil. Temprano puede ser tenso, filoso y poco aromático; muy maduro, se vuelve voluminoso, con notas de fruta cocida. El trabajo sobre lías o la crianza en barrica pueden transformar un blanco ligero y fresco en uno cremoso, untuoso y complejo, sin perder acidez.
Ahí está la clave: la variedad ofrece un punto de partida, pero el estilo final depende del lugar y de las decisiones del elaborador. De esa combinación nace la enorme diversidad de vinos blancos del mundo, que va mucho más allá de una etiqueta varietal.
Buen cierre de año
Según los datos publicados por el INV a fines de Enero 2026, diciembre de 2025 fue un mes en el que el consumo repuntó un poco. Especialmente entre los vinos con mención varietal, que redondearon a igual mes de ambos años, 15% arriba. La sorpresa estuvo en los blancos, que treparon 44%.
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