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La Mañana Colegio Don Bosco

El amigo del papa Francisco que estudió en el Colegio Don Bosco de Neuquén

El diputado nacional y ex embajador argentino en el Vaticano, Eduardo Valdés, recuerda sus años de formación en Neuquén, las enseñanzas de valores que le brindó el padre "Fito" Fernández y el obispo Jaime De Nevares.

“Ser para hacer” ese es el gran lema que enarbola Eduardo Valdés como uno de los valores que le inculcaron durante su camino como alumno del Colegio Don Bosco de la ciudad de Neuquén. Cincuenta años después de haber terminado la escuela secundaria, el actual diputado nacional de Unión por la Patria y embajador de Argentina en el Vaticano entre 2014 y 2015, recordó con emoción con LMNeuquén sus años de alumno en esa institución salesiana.

“De tercer grado a quinto año fui formado en los valores salesianos. Yo iba al colegio Don Bosco en Neuquén, que estuvo allí antes que el Estado pudiera poner su primera escuela. Por eso los argentinos tenemos mucho para agradecer a la obra salesiana”, expresó el abogado nacido en Córdoba en febrero de 1956.

Antes de ingresar al Don Bosco, hizo los dos primeros grados en la Escuela Nº2, la primera escuela primaria de Neuquén que ocupaba el triángulo formado por la Avenida Argentina, Carlos H. Rodríguez y Diagonal Alvear. ”Nací en Córdoba y mi padre, que era escribano, se vino a ejercer la profesión a Neuquén. Primero vivíamos en la calle Independencia al 600 y luego nos mudamos a Talero al 400, atrás de mi casa estaba el paredón del cementerio", rememora. De esos años en la Escuela 2 menciona a Esmeralda "Beba" Lastra y Nélida Ruiz, como "las dos grandes maestras" que tuvo.

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Eduardo Valdés (el segundo de derecha a izquierda) junto a sus compañeros del colegio Don Bosco. (Foto: Gentileza Sergio Dovio).

Eduardo Valdés (el segundo de derecha a izquierda) junto a sus compañeros del colegio Don Bosco. (Foto: Gentileza Sergio Dovio).

Para Valdés, las enseñanzas recibidas en el Don Bosco fueron las formadoras de su identidad y de sus valores. Por eso afirma que "todo lo que uno intenta realizar es con base en los compromisos que ha adquirido a través de los valores que me han transmitido los salesianos". Reconoce al padre Adolfo "Fito" Fernández, "el curita de mis quince años, quien estaba en el día a día con nosotros en el colegio", que lo introdujo en lo que se llamaba la "Casa de la Juventud". "El padre Fito me enseñó a ver a Cristo en la persona que sufre, a ser solidario, a hacer carne en uno los problemas del otro", explica. "Ese salesiano me marcó la vida", enfatiza del otro lado del celular.

El establecimiento fue fundado por el padre Juan Gregui, ayudado por el padre Picardi y con el apoyo del obispo Jaime de Nevares. Precisamente el abogado y diplomático resalta la figura "omnipresente" de monseñor Jaime De Nevares. "Cada vez que De Nevares hablaba influía en todos nosotros, recuerdo que daba una misa a las 7 de la mañana los domingos que la transmitían por radio y nosotros escuchábamos la palabra de monseñor", describe.

En toda esa etapa de la adolescencia y la primera juventud, tanto Eduardo como sus compañeros del colegio "canalizábamos la vocación social a partir de ese grupo que Jaime De Nevares había traído del Concilio Vaticano II y con ello nos formamos, hacíamos curso de formación en compromiso social, estudiábamos el Evangelio en tanto no alabar a Dios mirando hacia arriba olvidándote que estás acá abajo sino mirándolo en el prójimo que necesita".

En una nota al diario Perfil, en 2014, Valdés recordó la creación de la Casa de la Juventud. "Yo tenía 15 o 16 años cuando se realizó el famoso congreso de Medellín, que tuvo gran significación respecto del Concilio Vaticano II. Diría que el documento de Medellín era el Vaticano II adaptado a Latinoamérica. Justamente allí se crea una organización para jóvenes: la Casa de la Juventud. Monseñor De Nevares la llevó a Neuquén, y fue allí donde nos formamos. Primero era un curso muy fuerte de tres días de duración en los que el tema social cobraba mucha importancia. Si se aprobaba aquella primera etapa, al año siguiente, en la escuela, en el transcurso de siete días seguidos se debatía un mismo tema".

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Cuando era chico, Valdés vivió en la calle Independencia al 600 y luego en Talero al 400,

Cuando era chico, Valdés vivió en la calle Independencia al 600 y luego en Talero al 400, "atrás de mi casa estaba el paredón del cementerio", recuerda. Primero y segundo año los hizo en la Escuela 2 de Neuquén "donde tuve a dos grandes maestras, Esmeralda "Beba" Lastra y Nélida Ruiz", y desde tercer grado hasta quinto año asistió al Colegio Don Bosco.

También recordó con mucho afecto a los maestros Fernando Liberati, y los hermanos Silvio y José de la Torre. Esa relación directa y afectiva que tuvo con los docentes del colegio fundado por el padre Gregui nunca más la volvió a experimentar, a pesar de haber transitado en la Universidad de Buenos Aires donde estudió abogacía ni tampoco en las universidades de Murcia, en España, y de Georgetown de Estados Unidos, donde realizó maestrías en Relaciones Internacionales.

En 2014, por su relación cercana al papa Francisco, Cristina Fernández de Kirchner, por entonces presidenta, nombró a Eduardo Valdés embajador ante la Santa Sede. Antes de ello a los 29 años fue nombrado congresal del Partido Justicialista, siendo vicepresidente entre 1987 y 1990; convencional constituyente para la Reforma de la Constitución Argentina en 1994 donde se reencontró con Jaime De Nevares, quien participó por la provincia de Neuquén. Entre 2000 y 2003 fue legislador de la Ciudad de Buenos Aires, ocupó la Jefatura de Gabinete de la Cancillería desde 2003 hasta 2005, con Rafael Bielsa al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores.

En otro momento de la charla, Eduardo contó que el deporte también fue una de las actividades que más disfrutaba junto a sus compañeros del colegio. "El Don Bosco tenía un gran equipo de básquet y de rugby, a mí me gustaba el fútbol pero siempre fui un tronco pero eso no impedía que fuera a seguir al equipo del colegio", relata con risas, quien además disfrutaba de las salidas a la confiterías El Ciervo y Zoia.

Cuando terminó el secundario, en diciembre de 1973, y antes de instalarse en la ciudad de Buenos Aires donde comenzaría sus estudios de abogacía en la Universidad de Buenos Aires, junto a algunos de sus compañeros del Don Bosco por instancias del obispo Jaime De Nevares, Eduardo se trasladó hasta Junín de los Andes donde vivió, según él, una experiencia extraordinaria.

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Eduardo Valdés vivió su infancia y adolescencia en Neuquén donde estudió en el Colegio Don Bosco. 

Eduardo Valdés vivió su infancia y adolescencia en Neuquén donde estudió en el Colegio Don Bosco.

"Don Jaime nos propuso a algunos alumnos que en cambio del viaje de fin de curso lo ayudáramos con la escuela hogar Mamá Margarita que era una escuela que él había construido en el paraje San Ignacio, una localidad que está muy cerca de Junín de los Andes donde estaba la reserva de Namuncurá. La idea era para que se pudieran acceder a la educación los chicos pudieran vivir, dormir y comer dentro del colegio porque las distancias eran muy largas y no podían ir y volver todos los días con las lluvias, los vientos. Resulta que una vez que terminó la obra no conseguían maestros entonces nos propuso dar clases. Fuimos en diciembre de 1973 a febrero de 1974. Fue una experiencia extraordinaria. Yo tenía 17 años. Fue mi primer contacto con una realidad muy dura. Estuvimos en la reserva de Namuncurá porque allí iban todos a la escuela Mamá Margarita y el intendente del pueblo era el dueño del almacén de ramos generales y de la estancia en la que trabajaban todos los Namuncurá. ¡Les pagaba con vales! Fue el primer contraste durísimo que tuvimos frente a una realidad desconocida". Aclara que el obispo construyo esa escuela Mamá Margarita, como otras tres hogares-escuela en la cordillera para las comunidades mapuches, con un dinero que le había donado su madre.

En octubre del año 2014, la ex presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, designó a aquel joven formado en el Don Bosco como embajador argentino ante la Santa Sede en Roma. Designación surgida por la relación personal que desde hacía varios años lo unía a Jorge Bergoglio.

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Eduardo Valdés (marcado con círculo) junto a sus compañeros del Don Bosco.

Eduardo Valdés (marcado con círculo) junto a sus compañeros del Don Bosco.

Seguramente cuando estudiaba y transitaba los patios del Don Bosco, disfrutaba de las salidas a la confitería Zoia junto a sus compañeros o en aquella experiencia "docente" en Mamá Margarita, nunca se imaginó que estaría cerca de un Papa, y encima argentino. Cada vez que sus tareas lo hacían encontrarse con Francisco, Valdés sentía un gran orgullo al ver que la figura máxima de la Iglesia es igual al padre Fito, ese gran salesiano que lo formó y lo marcó en su vida.

El festejo de los 50 años del Don Bosco por Zoom

Hace unas semanas, ese grupo de hombres que en 1973 terminaron el quinto año del secundario en el Colegio Don Bosco, se juntaron para celebrar los 50 años de egresados. Ex compañeros y amigos de toda la vida se reencontraron en el salón de la institución salesiana ubicada en la calle Chaneton del barrio Villa Florencia para volcar toda su emoción, anécdotas y recuerdos de aquellos hermosos años. Fueron 16 los ex compañeros que se convocaron en el colegio, en tanto, otros cuatro, entre ellos Eduardo Valdés, se mantuvieron en contacto a través de una videoconferencia por Zoom.

"Los que vivimos en Buenos Aires y no podíamos viajar a Neuquén nos juntamos en mi casa y seguimos la celebración por Zoom. Fue realmente muy emotivo. Tenemos un grupo de Whatsapp y todos los días hay alguien que escribe algo de aquellos años en el colegio", comenta Valdés.

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