Necesidad, rebusque, inventiva y unión. La historia de Cae Babylon, el bodegón ubicado en la calle Santiago del Estero 16, tiene en su haber una historia ligada al devenir de la Argentina, pero contada desde un lugar de quienes no se resignan y estrechan lazos para encontrar una salida en conjunto.
El espacio que comenzó a funcionar sin dirección y que supo convertirse en refugio de estudiantes en un local sobre la calle Alderete, surgió a partir de la creatividad de dos hermanos, quienes en el vísperas de la crisis del 2001 decidieron dedicarse a la elaboración de panes rellenos para sostener la humilde estructura de vida que montaron en la capital neuquina con el fin de sostener sus estudios en la Universidad Nacional del Comahue (UNCo).
Los panificados (con jamón y queso, cantimpalo, choclo y tomate, queso y albahaca) fueron bien recibidos en la comunidad universitaria. Allí los hermanos no solo encontraron a sus principales clientes, sino también a quienes se transformarían en sus socio cooperativos.
"Al principio ellos hacían todo en el lugar donde vivían. Como les empezó a ir bien, al tiempo compraron un horno y una amasadora chica para mejorar la producción. Cuando se sumaron otros compañeros pudieron alquilar un local en la calle Alderete, entre Mendoza y Córdoba", puntualizó, en diálogo con LMN, Diego Mauro, quien desde hace varios años se comprometió con la iniciativa, siendo un eslabón importante al día de hoy.
De esa forma nació oficialmente Cae Babylon, con un nombre inspirado en una canción de Manu Chao. Ya con un espacio físico para elaborar y vender, la propuesta incorporó empanadas y pizzas.
"Todo esto se dio entre el 2001 y 2002. Los compañeros estudiantes, que tenían 20 o 21 años en ese momento, se fueron incorporando por la situación de crisis y de hambre. Cae Babylon llegó a tener unos 15 compañeros que cubrían diferentes turnos y que salían a vender los panes. A la noche se abría el lugar para vender pizzas y empanadas. No se comía ahí, aunque sí había un patio que a veces se abría los viernes y los sábados para hacer fiestas o encuentros para los chicos de la universidad", recordó.
Con esa incipiente estructura, el colectivo comenzó a trabajar para mejorar sus productos y organización con la idea de sostenerse en el tiempo. "Creo que en ese momento sirvió como una especie de pasantía paga ya que muchos de los que iban, estaban un año o 6 meses y luego se iban a otros trabajos. La mayoría era chicos muy jóvenes, salvo los hermanos y otras personas que sí lo pensaron como un trabajo en si. Algunas eran mamás y tenían una visión diferente de alguien que estudiaba y que solo pensaba en poder pagar el alquiler que compartía", señaló.
En ese contexto, los diferentes intereses, necesidades y visiones encontraron su espacio de canalización y acuerdo en las asambleas semanales donde se debatía el curso a seguir.
Una cooperativa formal apuntalada por el INTI
"Luego se logró dar un salto cualitativo en cuanto a la organización porque muchos compañeros tenían relación con otros compañeros de universidades del país que empezaban a armar proyectos productivos y organizaciones sociales que surgieron a raíz del 2001", manifestó Diego al hablar de la constitución de Cae Babylon como cooperativa formal, "donde se discutía la distribución del ingreso, la planificación de la producción, además de tener relación con el Ministerio de Desarrollo Social para aplicar a programas para conseguir maquinarias y otras ayudas".
"Junto con eso se empezó a pensar el espacio, como un espacio de lucha. Así fuimos participando de la Multisectorial, la lucha docente, los trabajadores ceramistas, solidarizándonos, haciendo actividades en conjunto", agregó.
Tiempo después, Cae Babylon se mudó a un local sobre la calle Buenos Aires, entre Islas Malvinas y Teniente Ibáñez, con una organización del trabajo más afianzada y la posibilidad de que sus clientes puedan comer en el lugar, además de retirar sus pedidos.
En esa época los cooperativistas consiguieron elevar la vara en cuanto a calidad de sus elaboraciones gracias a un programa del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), destinado a mejorar los proceso de producción y sanitización. "Eso produjo que no solo nos comprara gente conocida, sino también el público en general que se acercaba porque le gustaba nuestras elaboraciones y no por la identidad social y política", comentó Diego antes de describir el perfil de sus clientes en aquel entonces.
"Los panes rellenos eran el caballito de batalla para los estudiantes que hacían cola para comprar. Para ellos era algo rendidor, bueno, rico y barato. También nos distinguíamos por las ensaladas que nos pedía para el almuerzo gente que trabajaba en las oficinas con un poder adquisitivo mejor que el laburante que pasaba y se comía pizza o empanadas. Me acuerdo que de Osde nos pedían unas 20 o 25 ensaladas todos los días. Las vendíamos con una capelina de masa que hacíamos nosotros, que en ese momento no la hacía nadie", destacó.
Para Diego, la época dorada de Cae Babylon se dio en la última etapa que estuvieron en la calle Buenos Aires y durante el desembarco en un espacio en el alto neuquino, sobre Avenida Argentina. "Había 16 personas laburando a pleno en la cooperativa y ya no se pensaba el trabajo como algo de paso o una pasantía. Ahí pudimos empezar a implementar derechos: teníamos aguinaldo, vacaciones pagas, viáticos, un sueldo mas o menos digno para poder vivir, al que tenía hijos se le pagaba una asignación", enumeró.
"Fue el proceso más importante en términos de conciencia, salarios y derechos conquistados. La cooperativa se convirtió en un actor político más grande. Muchos compañeros participaban en organizaciones de la universidad, en los barrios y luego se desarrolló el FOL", dijo haciendo alusión al Frente de Organizaciones en Lucha.
Permanecer, más allá de los quiebres
Tras esos años de logros, Cae Babylón sufrió varios quieres a partir del 2019.
"Con la crisis del macrismo, se redujo la cantidad de consumo. Nosotros teníamos clientes fijos, personas que pasaban todos los días a buscar su pan de panceta (por ejemplo) y a partir de ahí dejaron de pasar o pasaban una vez a la semana porque no le daba la guita. Eso nos afectó porque habían compañeros que no se podían bancar. La situación de la clase trabajadora era bastante mala y Cae Babylon no estaba exento de eso", planteó al lamentar la partida muchos integrantes de la cooperativa que contaban con capacitación y experiencia en el oficio. En ese sentido señaló que si bien se incorporaron nuevos miembros, el proyecto se resintió por una economía que crujía cada vez más y la falta de ese capital humano que hacía docencia.
"Después llegó la pandemia y nos terminó de liquidar ¿Por qué? Porque nuestro caballito de batalla eran los panes rellenos pero como no había escuela, no teníamos a quien venderle. La gente estaba en la casa y cocinaba ahí. Tuvimos que irnos del local porque no lo podíamos sostener económicamente. De ese proceso pudimos continuar solo seis compañeros", señaló.
Cuando las flexibilizaciones dieron un poco de respiro, los cooperativistas lograron alquilar el local de Santiago del Estero 16, donde se encuentra Cae Babylon actualmente. Luego de varias idas y vueltas, se dieron cuenta que tenían que modificar aspectos de su tradicional menú e incursionar con viandas o platos más elaborados (ravioles, guiso de lentejas, milanesas, ñoquis, hamburguesas), destinado personas que retornaron a sus puestos de trabajo en forma presencial.
Es así como cada mediodía la cooperativa cobra movimiento con las entregas de pedidos y la atención a la gente que se sienta a almorzar. Por la noche, en tanto, el espacio funciona como un bar al que se pueden ir a tomar algo, comer pizza y empanadas, mientras se disfruta de algún número musical, especialmente los fines de semana. "Cae Babylon ofrece un ambiente más sencillo y under, en comparación con la mayoría de los bares del centro de Neuquén. Es un espacio más social", indicó.
"Todos los momentos que atravesamos fueron diferente, según los compañeros y compañeras que estuvieron ahí y según la situación política y social del país y la provincia. No se pueden pensar en factores aisladamente. Puede haber muy buenos cocineros, pero si estás en la pandemia, no tenés a quien venderle. En esta última etapa tuvimos la capacidad de salir porque estuvimos al borde de fundirnos y ahora logramos tener un poco más de aire", concluyó.
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