En el cierre de la temporada de verano, se puso en valor el monolito que recuerda su aporte al cerro.
El pasado sábado 22 Chapelco cerró una nueva temporada de verano, en la cual el centro de esquí fue centro de atracción turística para quienes visitaron San Martín de los Andes, al ofrecer un amplio menú de actividades de aventura.
El cierre de esta temporada coincidió con la finalización de las obras de restauración y puesta en valor del monolito que honra a Doña Berta Salgado, una de las pioneras de Chapelco. Este espacio había sido erigido en su memoria en el año 2000 luego de su fallecimiento y se ubica en la cota 1350m. Se puede acceder caminando desde la base, y puede verse desde la Silla Rancho Grande, en el primer tramo, sobre la mano izquierda.
Con el diseño y construcción de este nuevo monolito Chapelco le dio visibilidad y enalteció el espacio donde un grupo de instructores de la Escuela de Esquí Chapelco impulsados por Amparo Ferrer y Soledad Zabala, con el apoyo de Alfred Auer (gerente general del cerro en aquel momento), hace 25 años habían colocado la figura de una Virgen artesanal donde se leía el nombre de Berta. La misma fue bendecida por el cura párroco de San Martín de los Andes.
Berta María Campos Heniquez de Salgado fue una mujer que, gracias a su espíritu colaborativo y dedicación desinteresada, resultó clave junto a su familia en el desarrollo del esquí y del cerro Chapelco. Entre otras cosas, la década del 70 cuando comenzó el desarrollo del centro de esquí, el crecimiento de los clubes y las competencias en la nieve, se le solicitó a Berta que construyera una cabaña en las laderas del cerro para darles refugio y comida a los chicos que entrenaban.
Allí, los más chicos iban a recuperar calor, secar la ropa, tomar algo caliente. Berta también les permitía quedarse a dormir en su refugio para poder estar a primera hora entrenado en las pistas, y se quedaba con los menores para cocinarles y cuidarlos de noche. Muchos de esos niños y jóvenes con el tiempo se convirtieron en instructores, patrulleros, silleros, operarios, como así también en competidores olímpicos y campeones internacionales (al pie ver link a historia completa).
Hoy, con una imponente base de piedra Chapelco le da una nueva dimensión al monolito que recuerda a Berta. Le sumó aquella misma Virgen artesanal, con un proceso de restauración a cargo de artistas locales, luego de haber estado tantos años bajo el sol y la nieve. En la restauración se preservó la madera original del cartel que lleva su nombre. La obra está coronada por la forma de un cristal de nieve hecho en hierro por un artesano local, que simboliza aquel “don” que Doña Berta decía tener, con el que “olía” la llegada de la nieve, y anticipaba las nevadas.
Este monolito será inaugurado en fecha que se anunciará próximamente, aguardando el regreso al país de los hijos y nietos de Berta que aún se encuentran cerrando la temporada de invierno en centros de esquí del hemisferio norte.
Luis Alberto “Raco” Salgado, el mayor de sus 4 hijos expresó: “Quiero agradecer, una vez más, a Chapelco por este sentido homenaje a mi madre Berta Salgado, que nos enorgullece a todos. Agradecemos la posibilidad de esperar a que nuestra familia completa pueda reunirse para inaugurarlo. La mayoría están ahora trabajando, con vocación, en la nieve de otras montañas, tal como ella nos enseñó” – finalizó.
Una vez más Chapelco enaltece la historia de sus pioneros, dando a conocer sus inspiradoras historias de vida. “Con esta obra queremos darle visibilidad al homenaje y perpetuar el recuerdo de Berta en la montaña”, expresó Federico López Jallaguier Gerente de Marketing de Chapelco y promotor de esta iniciativa.
Quién fue Berta Salgado
Berta María Campos Heniquez nació en 1917 del otro lado de la Cordillera de los Andes. A los 31 años, siendo enfermera y matrona capacitada en clínicas alemanas de Chile, se casó con Julio Alberto Salgado Godoy. En 1949, dio a luz al primero de 4 hijos, Luis Alberto “Raco” Salgado. Para construir un futuro mejor migraron a la Argentina y se establecieron en Junín de los Andes, en la estancia de una familia inglesa, donde Julio fue contratado como chofer y mecánico especializado. La familia de Berta creció, y en suelo argentino nació Julio Adrián “Guayan” Salgado. Con la voluntad de que sus hijos estudiaran, Berta y familia se mudaron a San Martín de los Andes, donde tuvieron acceso asegurado a la escuela, y a oportunidades como integrar el cuerpo de “Boy Scouts” que organizaba Don Federico Graef.
Berta y Julio se convirtieron en ejes fundamentales del entramado social de la época en San Martín de los Andes, caracterizados por su generosidad y sus habilidades altamente calificadas. Berta atendía los partos de las familias, acudiendo a domicilio para recibir los nacimientos. También cuidaba enfermos y aplicaba sus conocimientos de enfermería. Julio, por su parte, era mecánico especialista en motores, un oficio aprendido en su Chile natal, que resultó muy valorado por las familias locales que tenían automóviles y maquinarias.
Los Salgado hicieron amistad con familias tradicionales de San Martín de los Andes como la de José Asmar, Quico Leotta, Américo Astete, Eduardo Demateo y Manolo Gómez. Asistían a las fiestas sociales en el Antiguo Hotel Lácar o en el Salón de Bomberos Voluntarios, y en pocos años formaron parte de la comunidad montañesa que había comenzado el incipiente desarrollo en Chapelco y la creación del Club Lácar.
Con la llegada de los dos hijos más chicos, primero Ana María y luego Juan Pablo “Pancho”, se consolidó la familia de Berta y Julio, y en poco tiempo ya eran de la partida de aquellos entusiastas que subían la montaña los fines de semana para construir pistas y albergues, brindándoles un nuevo porvenir a sus hijos. Julio Salgado colaboraba con el traslado de las familias y en la construcción de los refugios. Las manos generosas de Berta cocinaban para todos en la montaña, a la vez que abrazaban y cuidaban a los más chicos. Durante la semana Berta también les llevaba comida a los jóvenes que iban al taller de Manolo Gomez, el sodero del pueblo, a aprender cómo fabricar tablas de esquí. Mientras lijaban las tablas, las tortas fritas de Berta se sumaban al sabor de la ilusión de la próxima subida a Chapelco.
Berta era una mujer muy conversadora, entusiasta y temperamental. Con su fuerza hacía girar el mundo. El de su hogar y el de todo aquel que la necesitara. A su cargo estaba su casa, su trabajo y la crianza de los hijos, propios y ajenos. Porque en su casa, con 1 cocina, 1 dormitorio y 1 altillo, siempre había lugar para albergar y criar a alguien sin familia, para darle un plato de comida o brindarle posibilidades de estudio.
Cuando en 1958 Neuquén se convirtió en provincia argentina, comenzó el desarrollo turístico por parte del estado provincial y se otorgaron créditos a los privados para la construcción de alojamientos. En 1970 la provincia invirtió en los dos primeros medios de elevación de Chapelco: una silla que iba desde la base de la actual silla Rancho Grande hasta el pie de la pista La Brava. Y un lift desde ese lugar hasta la cota 1600m (el falso claro). Allí nació la primera escuela de esquí de Chapelco y con todo el ímpetu del crecimiento, San Martín de los Andes le “robó” a Bariloche la organización del Campeonato Nacional de Esquí. Pero para poder realizarlo faltaba trabajar en el desarrollo de pistas y servicios, por lo cual toda la comunidad se puso manos a la obra. Y Berta no quiso quedarse atrás.
Se construyó el “Rancho Grande” cerca de donde hoy se ubica la base de la Silla Cuádruple desembragable que lleva su nombre, para alojar a los competidores. Manolo Gómez era su cocinero, quien luego tendría su propio refugio llamado “El Rancho de Manolo” de donde tomó su nombre el actual parador.
Se le solicitó a Berta que construyera una cabaña en las laderas del cerro para darles refugio y comida a los chicos del Club. Toda la familia y los amigos participaron en el armado y construcción de ese icónico lugar donde tantos chicos esquiadores fueron a recuperar calor, secar la ropa, tomar algo caliente. Berta también les permitía quedarse a dormir en su refugio para poder estar a primera hora entrenado en las pistas, quedándose con los menores para cocinarles y cuidarlos de noche.
En su refugio, Berta alimentó los sueños de esos niños que veían en el esquí una salida a la vida y al mundo. Entre cucharadas de guiso de porotos, carne y verduras, crecieron los proyectos de esos jóvenes que en la Argentina y Europa se convirtieron en instructores, patrulleros, silleros, operarios, así también como competidores olímpicos y campeones internacionales.
En 1974, la empresa Lagos del Sur se convirtió en la primera concesionaria de la explotación del centro de esquí, realizando nuevas inversiones. Instaló 5 nuevos medios de elevación y tomó a su cargo los espacios gastronómicos. En esa oportunidad se cerró el refugio de Doña Berta, quien ya estaba lista para descansar de tanto trabajo duro a pura olla y cucharón, por lo que se le adjudicó la tarea de atender el guardarropa, donde siguió brindando su entusiasmo y alegría, hasta que se retiró.
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