Los candidatos a la presidencia cayeron en las mismas propuestas que se repiten hace décadas. Ninguno habló de cómo reinsertar a las personas privadas de la libertad.
El segundo debate presidencial, el último de cara a las elecciones del 22 de octubre, tuvo a la seguridad como el eje temático. En concreto, ninguno aportó nada nuevo. Desde hace décadas que se barajan las mismas propuestas en materia de seguridad y nunca se materializan porque primero que nada deben ser políticas de estado y segundo, tienen que ser transversales, es decir, que involucre a otras áreas del gobierno. No hay que ser un intelectual ni un especialista para saberlo.
Patricia Bullrich, promotora de la mano dura, atacó el narcotráfico, la liberación de armas, los celulares en las cárceles. Además, introdujo, típico de campaña, la reducción de la edad de imputabilidad de los menores y una reforma para reforzar la defensa de las fuerzas de seguridad. "El que las hace, las paga", remató.
Juan Schiaretti aseguró que hay que terminar con la puerta giratoria de los juzgados por lo que "hay que modificar el Código Penal y la ley penal juvenil". Además, puso el acento en la lucha contra el narcotráfico comenzando por radarizar las fronteras, la ley de derribo y una fuerza federal antinarcotráfico que dependa de la Procuradoria General de la Nación. Cárceles de máxima seguridad para los narcos así no siguen operando desde adentro e investigar el lavado de activos. Además, habló de los consejos de seguridad barriales.
Sergio Massa, habló de la prevención con botones de pánico en cada celular, lucha contra el crimen con una agencia federal "sí, un FBI argentino instalado en Central Córdoba que trabaje sobre corrupción, narcotráfico y trata de personas". Además, apuntó a la Justicia para que rinda cuentas.
Myriam Bregman solo declamó lo que ya se sabe:"no nos gusta hacer demagogia punitiva, el gran delito se organiza desde arriba por lo que hay que hablar de complicidades político judiciales".
Javier Milei, culpó a la casta por fallar en la materia seguridad y justicia. Describió la actual situación del país como "un baño de sangre" y atacó de lleno las ideas de Zaffaroni "cambió el rol entre víctimas y victimario. El delincuente pasó a ser tratado como víctima cuando es el que tiene que estar encerrado". Además, lanzó una batería de reformas de leyes y de la justicia. "En la Argentina liberal los que la van a pasar mal son los delincuentes", concluyó.
Por cierto, ninguno dijo cómo van a hacer para reinsertar en la sociedad a los miles de presos que están en depósitos carcelario de donde egresan siendo mejores delincuentes.
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