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El día que la luz eléctrica llegó a la ciudad de Neuquén

El 25 de septiembre de 1913, el Concejo Municipal acordó la concesión del alumbrado municipal. La capital dejaba de estar en penumbras.

Hay hechos históricos que marcaron un punto de inflexión en la historia de Neuquén y que permitieron el comienzo de un largo desarrollo que no se detendría nunca. El servicio de luz fue uno de ellos. Fue concesionado un 25 de septiembre de 1913, hace 110 años.

El proceso había comenzado en 1910 cuando las autoridades municipales decidieron poner en marcha un sistema que permitiera iluminar las calles del pueblo. Fue así que se contactaron con la empresa José Nogues y Cía, radicada en Buenos Aires, para que les informara y presupuestara alguna forma de alumbrado público alimentado con nafta. La respuesta no tardó en llegar: había un novedoso sistema con lámparas que –supuestamente- era muy fácil de manejar y que además permitía una suerte de automatización que no demandaría mayor atención.

“Las lámparas se prenden en medio minuto, que se apagan solas y a la hora que se desee y que tienen un depósito de combustible para quince días”, indicaron desde la empresa, según la investigación publicada por el portal de historias “Más Neuquén”.

La cuestión es que el Concejo Municipal aceptó la oferta de instalar seis generadoras de luz a pagar con facilidades y de costear los gastos de permanencia que tendría el técnico que llegaría desde Buenos Aires.

“Los habitantes del pueblo estaban pendientes de la instalación del servicio de alumbrado que cambiaría notablemente la fisonomía nocturna del centro y mejoraría, a la vez, las condiciones de seguridad. Los operarios municipales afectados a las tareas de apoyo al técnico porteño, eran consultados permanentemente sobre lo que estaban haciendo. Súbitamente se había incorporado un tema de conversación en las calles, los boliches y las familias. Todos esperaban ansiosos el momento en que se encenderían los “farolitos””, recordó el portal.

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Pero todo el entusiasmo que había en el pueblo comenzó a derrumbarse cuando notaron que el enviado de la empresa no tenía los conocimientos suficientes para instalar las luminarias. Es más, muchos lugareños tuvieron que a aportar imaginación y soluciones caseras frente a los problemas que se presentaban.

“…el 25 (de mayo) prendieron todos los focos, pero solamente funcionó regularmente uno, el colocado frente al Banco de la Nación; los demás se apagaron antes de las 10 de la noche, manifestando el operario que al siguiente día los arreglarían porque estaban descompuesto”, informó el presidente del Concejo Municipal Abel Chaneton a la firma proveedora a través de una carta.

Indudablemente, el sistema que se había prometido no funcionaba correctamente: “No es cierto que los focos se prenden en medio minuto y con el reloj en la mano no se ha comprobado que no hay ni un foco que se prenda en menos de cinco minutos y eso con el encendedor que trae el operario, que sin él se necesitan por lo menos de 10 a 15 minutos”. El sistema que supuestamente era automático también falló y las reservas de combustible apenas alcanzaban para iluminar una sola noche.

Y claro que hubo bronca e impotencia. Hubo tanta que las autoridades decidieron romper el contrato y reclamar el dinero que se había anticipado.

La solución llegó tres años después. El 25 de septiembre de 1913, el Concejo Municipal concedió la presentación del alumbrado público eléctrico a una empresa particular representada por el doctor Manuel Bonet.

Recién a partir de allí se hizo la luz. El pueblito, después de muchas dudas y expectativas, dejó de estar escondido entre penumbras.

(Fuente: “Acontecimientos y Protagonistas de la Historia Del Neuquén”. Ricardo Koon)

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