El clima en Neuquén

icon
27° Temp
39% Hum
La Mañana Neuquén

El hombre anfibio que desde hace 36 años custodia las costas el Limay

"Tata" Teibo es uno de los guardavidas más experimentados de Neuquén. Las temporadas en España y sus rescates increíbles. Recomendaciones para meterse al río.

Hay personas que no podrían haberse dedicado a otra cosa: ¿Te imaginás a Charly García ejerciendo la abogacía o siendo plomero matriculado? Imposible, él nació para la música. Lo mismo pasa con Messi y el fútbol; Martha Argerich con el piano, o Borges con la literatura. Personas que vinieron a este mundo con un don, con la vocación marcada a fuego. O con marca de agua. Como el caso de Omar Leonardo “Tata” Teibo, que no tendrá la fama de los mencionados anteriormente, pero que tampoco podría haberse dedicado a otra cosa que no fuera guardavidas. Con más de 36 años cuidando a los neuquinos y neuquinas en las costas del Limay, hoy a sus 53 se encuentra más vigente que nunca.

En realidad sí supo dedicarse a otra cosa.En paralelo a este trabajo que viene realizando de manera ininterrumpida desde el año 1987, durante más de ocho años fue técnico radiólogo en el Hospital Heller. Pero en 2006 le surgió la posibilidad de hacer durante el invierno argentino la temporada de guardavidas en España, una oportunidad que no iba desaprovechar: “dije esto es lo que me gusta, lo que amo, y renuncié al hospital”, cuenta Tata, y agrega que “me recomendaban que no me fuera, que pensara todo lo que me había costado entrar allí, pero uno va haciendo su caminito”.

En este camino que va tranzando, ahora vive de verano en verano y es guardavidas los 365 días del año. Entre diciembre y marzo hace la temporada en Neuquén y luego viaja a España, donde realiza la guardia acuática en la Costa Brava de Cataluña. “Los guardavidas argentinos estamos muy bien vistos a nivel internacional”, cuenta.

Aunque ya no tenga la misma velocidad que a los 20, hoy esta especie de Mitch Buchannon neuquino tiene toda la experiencia: el ojo totalmente adiestrado, conoce los puntos críticos, y las formas en las que puede darse una situación de rescate. También sabe cuál es la mejor forma de ingresar al río y con qué elementos de salvataje conviene meterse según el caso: “estamos escaneando permanentemente el espejo de agua. Somos como computadoras que todo el tiempo vemos lo que pasa”, asegura Tata, quien agrega que “son segundos en los que pasás de estar sentado a explotar de adrenalina”.

Con todo este conocimiento, cada día entre las 10 y las 16 horas custodia las costas del balneario Gustavo Fahler (ex Río Grande), uno de los lugares donde mayores precauciones hay que tener a la hora de refrescarse, debido al remolino que allí se forma. Más allá de las recomendaciones, y de las boyas que delimitan el sector apto para el baño, muchas veces las personas desobedecen, cruzan los límites, y se meten en problemas. “El remolino te absorbe, es una fuerza centrífuga que te chupa”, asegura Tata, quien ante esta situación recomienda “ponerse lo más horizontal posible, en posición tipo estrella, con los brazos y piernas bien abiertas, y de esa esa manera el remolino te saca para la superficie. Ponerse a nadar en el remolino es contraproducente”, explica.

Omar Teibo Bañero (8).jpg
Teibo custodia las costas del balneario Gustavo Fahler.

Teibo custodia las costas del balneario Gustavo Fahler.

Aunque el trabajo esté focalizado en la prevención, y en hablar mucho con las personas para evitar situaciones extremas, cuando estas se presentan hay que actuar de manera inmediata. Y para eso hay que estar bien entrenado, algo que el Tata Teibo cumple a rajatabla: anda en bicicleta hasta cuatro veces por semana (más de tres horas cada jornada); practica Stand Up Pádel, nada alrededor de una hora diaria, y en simultáneo entrena técnicas de zafaduras venidas del judo, con las que en un salvataje puede tomar a la víctima desde la espalda, trabarle los brazos y axilares, y así manipularlas de una mejor manera. Por si fuera poco, también realiza trabajos de nado explosivo, de pique. “Este entrenamiento hace que en menos de quince segundos podamos llegar desde el puesto de guardavidas hasta el remolino para rescatar a una persona”, explica.

Siempre al borde del agua

Este hombre anfibio se crió a orillas del lago Pellegrini y sabe nadar desde los cinco años. A los nueve se vino a Neuquén y, como no podía ser de otra manera, con su familia se mudó a una casa ubicada a menos de 50 metros del balneario municipal Albino Cotro, en donde sigue viviendo hasta hoy. A los 17, apenas terminó la escuela técnica, se inscribió en la Escuela de Guardavidas de la Municipalidad de Neuquén, que por entonces dictaba Gustavo Fahler. Omar no lo sabía, pero siendo todavía un adolescente estaba adentrándose en una carrera que iba a acompañarlo por el resto de su vida. “Me llamo la atención la posibilidad de poder brindarle un servicio a la comunidad. Es una actividad de amor al prójimo”, dice Tata.

En los días que está de franco, el río sigue siendo su mejor opción. Y aunque esté fuera de su horario laboral, la profesión lo acompaña a donde vaya. “Lo llevamos en el ADN y nunca podemos corrernos de esa situación. Si estoy en un espejo de agua con mi familia, siempre los estoy mirando y cuidando, es innato. Obviamente que te relajás y podes disfrutar el momento, pero siempre atento a lo que puede estar pasando a tu alrededor”, dice Omar, que tiene hijos grandes, Jeremías (28) y Sol (21), pero que sigue cuidando a sus sobrinos más chicos.

Omar Teibo Bañero (3).jpg

El río no traiciona

Pese a que no lleve una estadística de la cantidad de personas que lleva rescatadas hasta el momento, en tantos años de carrera reconoce que fueron muchas. Y entre un montón de salvatajes importantes, hay uno que le quedará para siempre en su memoria. En Linares al fondo, un heladero dejó atada la bicicleta a un árbol, se tiró al río, y apenas se zambulló empezó a ahogarse. Junto a otros cuatro compañeros, Tata lo buscaba por todos lados pero no lo encontraba. El hombre se había fondeado, estaba tres metros debajo del agua. “Lo sacamos del agua y el muchacho se quedó como media hora mirando el río, en estado de shock. Al día siguiente vino y quiso regalarnos helados como agradecimiento, pero nosotros le explicamos que no hacía falta, que ese era nuestra trabajo”, recuerda.

Conocedor del Limay como pocos, reniega de aquellos que afirman que el “el río es traicionero”. Para este guardavidas de tanta experiencia, “la naturaleza es la naturaleza, y nosotros los seres humanos tenemos que adaptarnos a eso. Muchas veces las personas se meten en lugares peligrosos y no saben nadar”, asegura Tata, quien actualmente se desempeña como instructor de la cátedra de salvamento en la EGN (Escuela Guardavidas del Neuquén).

Trabajo en equipo y profesionalización

Esta temporada, el Operativo Verano de la Municipalidad de Neuquén cuenta con 154 guardavidas, que dan cobertura en los cuatro balnearios habilitados (Valentina, Albino Cotro, Gustavo Fahler y Sandra Canale); y en las nuevas zonas inauguradas (Solalique, Isla Verde y Paseo Limay), para llegar así a 14 km de costa custodiada con seguridad acuática.

Para esta tarea, este año se adquirieron 4 motos de agua y 2 botes semirrígidos, que sirven para patrullar la costa, asistir en tareas de rescate y, en caso de ser necesario, realizar derivaciones a los sistemas de emergencias con mayor celeridad. A su vez se incorporaron cuatro desfibriladores DEA, lo que permite contar con balnearios cardioprotegidos.

“Tenemos todas las herramientas para poder hacer un salvataje de calidad”, asegura Tata, quien destaca que en los últimos años también se incorporaron handies, tablas de rescates, tablas de stand up pádel, patas de ranas y sunchos. “Cuando arrancamos a trabajar no contábamos con estos elementos ni con la tecnología que hay ahora. Fue una lucha muy grande del Sindicato de Guardavidas de Neuquén para lograr profesionalizar el trabajo”, agrega.

Con este presente que lo hace disfrutar su trabajo cada día, por el amor que tiene por el río, por tener que estar siempre cerca de un espejo de agua, por el cariño y agradecimiento que recibe de la gente, y porque el cuerpo se lo permite, el Tata seguirá cuidando a los neuquinos y neuquinas hasta que alguien disponga lo contrario: “No voy a colgar la zunga hasta que me digan vaya señor, retírese”, concluyó.

Te puede interesar...

Leé más

Noticias relacionadas