Realizado en el lago Ñorquinco, con la interpretación del artista Titi Ricciuto, "Sin combate" no deja de cosechar reconocimientos, ahora en el Festival Audiovisual de Neuquén (FAN).
Es el tercer día del Festival Audiovisual de Neuquén (FAN). A sala llena se proyectan videominutos y videoclips patagónicos. De pronto, el canto de Anahí Mariluan se cuela primero en el silencio del público, para luego fundirse en el oleaje del lago Ñorquinco y el golpe del cultrún. La pantalla comienza a llenarse de piedra, agua embravecida, cielo y pehuenes. Entre el bosque, vestido en tonos rojizos, pestañas larguísimas y ramas secas de ñire, se impone Treng Treng. Desde el fondo del agua helada, bañado de escamas, se eleva Kay Kay. “Treng Treng viene en camino. Kay Kay viene en el agua. Treng Treng fue a buscar agua. Kay Kay fue a buscar tierra. Que no luchen. Ojalá haya vida”, suena la voz en mapuche, como una plegaria ante un enfrentamiento inminente. La tensión se sostiene, matizada por la belleza del paisaje y de los personajes que interpreta el artista Drag, Titi Ricciuto, como si fuera la misma fuerza del agua y de la tierra.
“Sin combate” forma parte del quinto disco de Anahí Mariluan, cantautora mapuche nacida en Neuquén, licenciada en folklore y doctorada en antropología, que además de ser un faro en la escena artística patagónica, canta y cuenta el corazón de un pueblo, recuperando lo intangible. Sobre esta producción explica que es una idea que tenían “hace tiempo con Adrián Moyano y se basa en un relato mapuche que esclarece, mediante dos seres, que cada quien debe tener su territorio para que no haya combate, para que todo se mantenga en un justo equilibrio”.
"Pensamos en Treng Treng y Kay Kay como un espacio de lo no humano, de lo que no está certeramente distinguido, lo que para el pueblo Mapuche se llama itrofill mongen, todas las formas de la vida. Esas formas no tienen género, por eso la asociamos con una creación en trama queer. Entonces el trabajo de Riciiuto es sumamente enriquecedor", dice Anahí.
Durante casi 3 minutos, Titi compone a seres que son parte de la memoria de un pueblo, de su forma de entender lo que los rodea, envuelto en arcillas de la zona, que investigó durante semanas para que se convirtieran en su piel; maquillado con la expertiz de años de volverse una reina de las esencias posibles, como la vez que fue Xangó y así la fe de los candoblé y las saudades del África, en la comparsa Marí Marí.
Anahí sabe muy bien que mezclar esos mundos puede resultar difícil, pero también comprende que se trata de valorar un arte que “tiene un epicentro citadino y al que Titi desarrolla en un pueblo” como Aluminé.
"Eso me hace reorientar la brújula y entender que hay muchísimas expresiones que requieren una visibilización protagónica, por enfrentar y vivir en un lugar que no tiene esta cultura de base. De alguna forma, todos estamos construyendo desde los márgenes", expresa.
Desde ese tamiz asertivo, Mariluán, también puede afirmar: “Sé que ésta es una propuesta muy jugada. Pero también sé que el pueblo mapuche tiene la humildad de no juzgar. Entonces siempre ha sido recibida con el mismo cariño con el que se recibe el trabajo que este equipo viene realizando. Un trabajo que nos sigue llenando de alegría”.
Permiso de ser
Luis María Ricciuto, Titi, nació en Bolívar, provincia de Buenos Aires. Cuando era muy pequeño, iba con sus amigos a pescar al Parque las Acollaradas, epicentro de la batalla de San Carlos, entre el Ejército Argentino comandado por Ignacio Rivas y Cafulcurá.
A los 15 años se mudó a Aluminé con su familia. Un día, su mamá lo invitó a que vieran juntos una película que iban a pasar en ATC. Era Gerónima, la obra de Raúl Tosso protagonizada por Luisa Calcumil, donde se narra un hecho fatídico sucedido en 1976, que abrió una fuerte discusión sobre los límites culturales y donde se inmortalizó la frase “no quiero que me den una mano, quiero que me saquen las manos de encima”.
La película fue movilizante para Titi, que en esa época ya sentía la curiosidad de conocer y hacer: alfarero, artesano, explorador, aprendiz de biólogo. Una tarde, vio a una mujer cruzar la calle con una niña pequeña tomada de su mano. “Es Gerónima”, se dijo, y enseguida corrió hacia ella. No era Gerónima, era Berta y había venido de Ruca Choroy a vender sus tejidos. Esa tarde, Titi la invitó a una feria donde él vendía sus creaciones y luego a almorzar a su casa. Berta, muy agradecida, le dijo que ella también lo invitaba a la suya.
Llegar a Ruca Choroy no era tan sencillo como puede resultar hoy, menos para un pibe sin auto, ni teléfono. Pero Titi hizo dedo, caminó, trepó, preguntó a uno y a otro hasta que llegó a la casa de Berta. Y al llegar, abrió una puerta que nunca más volvió a cerrar.
Ese día, hablando con la mamá de Berta, supo que esa gente que vivía allí, alguna vez había habitado el lugar donde él había nacido; que Bolívar también fue territorio Mapuche y que el paseo donde pescaba en su infancia, había sido la trinchera de resistencia de un pueblo.
"Afinidad, afecto, cariño. A partir de ahí empecé a comprender el territorio, a respetarlo. A comprender que cada árbol tenía su nombre, todo lo que nos rodeaba era llamado de una forma, tenía un por qué. Aprendí que no era lo verde, ni un lugar solitario, sino que allí había cosas que podían sanar, había cosas para cuidar, había fuerzas que respetar. Entender eso fue entender vivir en Aluminé. Entenderlo es revelador", afirma Titi.
Así Titi empezó a andar un camino que lo llevaría a participar en el conflicto de Pulmarí en el año 1995; a cuidar un cultrún que aún suena en las rogativas; a construir un centro de interpretación que revaloriza los relatos del pueblo que lo abrazó y a representar a Treng Tregn y Kay Kay a través de su Drag Queen en Sin Combate, un universo que sin querer une sus dos amores.
Porque ese niño que pescaba en Bolívar, también solía cantar frente a las vacas con una remera en la cabeza, que agitaba de un lado al otro como si fuese su pelo. Ese niño, en secreto, disfrutaba de la libertad de ser, de sentir “el hechizo del público y lo escénico”.
Después de la adolescencia en Aluminé, Titi se fue a vivir a Rosario, donde por primera vez se cruzó a una Drag Queen y se dijo: “esto es”. De la mano de la mítica Electra Trash empezó a sumergirse más y más en la espuma de los días Drag. Buenos Aires, Gualeguaychú, Aluminé. De ser la maestra Anaclara Lagargara en la murga “Los Caidos del Puente”, al living de Susana Giménez; del majestuso Fobo de la carroza principal de la comparsa Marí Marí, a sumergirse de lleno en el lago Ñorquinco para ser Kay Kay.
"El Drag Queen es lo que vemos, lo que asoma: peinados, maquillaje, pestaña, boliches, carnaval, Susana. Pero también todo lo que está latente: el arte de dar permiso, de habilitar a otras personas que te están mirando a que se animen a ser. Me pasó muchas veces en Aluminé de tener la devolución de personas que hoy son parte del colectivo LGTB, que se sintieron contenidas en esa expresión de libertad. Somos personas bastidores, personas que nos convertimos en un ser. Podemos elegir quién queremos ser. Soy un bastidor, estoy en blanco, me lo propongo, me visto, me maquillo y lo soy”, dice Ricciuto
Un día Anahí lo llamó con la propuesta. Semanas después, estaba saliendo a las 5 de la mañana de su casa siendo Kay Kay, para volver a las 11 de la noche siendo Treng Treng. Exactamente dieciocho horas para unir por tres minutos dos caminos, una vida, la infancia, la historia, Berta, la arcilla, la naturaleza, las vacas, el cultrún: el arte de lo inesperado, todo lo que late, pero no se ve.
Hacerse FAN
Este año se realizó la segunda edición del FAN , una apuesta transversal de la Municipalidad de Neuquén, que construyen, cuidan, y amasan con responsabilidad y mucho esfuerzo un equipo coordinado de profesionales y apasionados que saben que acciones como estas fortalecen a la sociedad, explica Alejandro Mercado, uno de los integrantes de la organización. Lo que permitió que durante cinco días, se proyectaran, conversaran y debatieran más de 70 obras, del mundo audiovisual patagónico.
“Este video realizado en Aluminé, es un claro ejemplo de cómo está creciendo el audiovisual en lo regional. Lo que no debería ser ninguna sorpresa, ya que culturalmente nuestra zona es muy rica, hay muy buen nivel artístico, donde lo audiovisual es un emergente y nos está interpelando constantemente. El video técnicamente es excelente, con tomas increíbles, corrección de colores, make up, locaciones, fotografía, música: todo tremendo”, dice Alejandro sobre la obra premiada en categoría mejor videoclip.
Sin Combate ya recibió otras cuatro distinciones en festivales. Es el resultado de una producción horizontal que según Anahí “viene realizando con el equipo que integran junto a Moyano, como matriz intelectual, María Manzanares, en la edición, Bruno Osorio, en la cámara” y ella en la música y sonido. Y para el que en esta oportunidad se sumaron Titi, en la interpretación; Agustín Demichelis en cámara; Lili D’Urzo y Andreina Poli en vestuario y Gabriel Pirato en Mezcla Final. Sin roles establecidos, sino poniendo de manifiesto una creación “colectiva, formativa y fraternal”.
Además de este viaje fugaz a Ñorquinco, los días del FAN fueron la posibilidad de encontrar a nuestros pares en una pantalla gigante, reconocernos en un relato o en un paisaje, sentir como un espejo las grietas de esta historia llena de viento, jarilla y barda, maravillarnos con la posibilidad de mirar cine nacido y criado en este lugar del mapa, que narra el territorio que somos.
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