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El peluquero que regala cortes de pelo a personas en situación de calle

El peluquero Miguel Ángel Parra tiene su local en Gran Neuquén Norte, pero sale a los barrios para cortarles el pelo a la gente de escasos recursos e incluso a chicos de escuelitas de fútbol.

“A través de este oficio llevo un mensaje de esperanza a la gente. Un corte de pelo puede generar una sonrisa”, afirma Miguel Ángel Parra, un neuquino de 40 años que hace dos abrió las puertas de su barbería en Gran Neuquén Norte pero que también le gusta ir por los barrios para ofrecer cortes de pelo a personas en situación de calle o de escasos recursos de la ciudad. Una decisión que abraza y desea mantener por largo tiempo para regalarles felicidad a quienes deambulan de un lado a otro para buscar reparo del frío, la lluvia o el sol.

“El es el rey” le puso de nombre a la barbería y peluquería unisex que inauguró hace dos años en Rodhe y Nehuén, en una parte de la humilde y sencilla casa de sus padres. La decisión de abrirla fue en un momento en que dejó de lado algunos trabajos que le habían ocupado varios años, desde locutor en radios hasta soldador. Dice que todo lo ha hecho “a puro pulmón”, con la colaboración de muchas personas que le han donado desde una puerta hasta un sillón para armar este lugar, y describe algunas de las cosas que le faltan para completarlo.

“Todo empezó con una máquina cortadora de pelo que me compré por 2.300 pesos y un cepillo de zapatos que lo corté por la mitad”, confiesa Miguel en relación a los inicios en el rubro que lo mantiene feliz y orgulloso para salir adelante. Para ello se capacitó y perfeccionó, realizando varios cursos de peluquería, barbería y estilista. “En ese momento era invertir en esa máquina para iniciar este camino o comer. Mi esposa me ayudó muchísimo para decidirme, así me la compré, y empecé con todo esto”, dice mirando a su alrededor.

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El peluquero y barbero solidario de Gran Neuquén Norte con su primera máquina cortadora de pelo que se compró cuando se inició en este oficio. (Foto: María Isabel Sánchez).

El peluquero y barbero solidario de Gran Neuquén Norte con su primera máquina cortadora de pelo que se compró cuando se inició en este oficio. (Foto: María Isabel Sánchez).

El imponente tono de su voz demuestra su paso frente a un micrófono y aclara con una sonrisa que él es Miguel Ángel Parra de Neuquén, para diferenciarse de su homónimo, el reconocido periodista cipoleño de gran trayectoria en la radio LU19. Su nombre como profesional de la peluquería y la barbería es Michael Romero (el apellido de su madre).

Cuando habla de su pasado y de su presente se le percibe la emoción propia de aquellas personas que han luchado toda su vida porque nadie le ha regalado nada. Al igual que sus padres, él albañil y ella empleada doméstica, que le brindaron a él y a sus cuatro hermanos “una excelente enseñanza sobre todo ser solidario con el que menos tiene y con el que le falta todo”. Y agrega “hoy salgo al mundo a ofrecer parte de mi tiempo y de mi talento, y lo puedo hacer por lo que me enseñaron cuando era chico mis padres”.

Acaso haya sido la impotencia y la bronca que sintió aquella vez cuando por no tener el dinero suficiente le negaron cortarle el pelo en una peluquería -que prefiere no mencionar- lo que llevó a Miguel a empezar a transitar los barrios para ofrecerles un corte a personas en situación de calle como así también de escasos recursos, a niños y adultos mayores, y hasta a los pibes de escuelitas de fútbol del oeste de la ciudad acompañado de su barber amigo Maikol.

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El abuelo Juan, un hombre en situación de calle, accedió a cortarse el pelo con Miguel.

El abuelo Juan, un hombre en situación de calle, accedió a cortarse el pelo con Miguel.

“Lo de la barbería apareció en mi vida porque un día me quería cortar el pelo y no tenía un peso para pagar. Le dije al peluquero si me cortaba el pelo y me dijo que no. Me quedé detrás del vidrio del negocio diciendo ‘algún día voy a llegar a tener algo y ayudar a la gente’”, dice con emoción reviviendo aquel momento fundacional.

Durante la charla aparece el nombre de Rolando, el hombre al que Miguel le regaló su primer corte a cambio de nada. A Rolando, un abuelo mayor de 70 años, el peluquero lo veía siempre caminando por las calles del sector Toma Norte con su recipiente de comida que retiraba de algún comedor comunitario. “Una vez lo ví, me acerqué y le pregunté si quería que le haga un corte. ‘Cuánto me vas a cobrar’, me preguntó el abuela. ‘Nada’ le respondí de inmediato con una sonrisa. En la mochila siempre llevó una máquina cortadora de pelo asi que lo hice sentar y dejé a Rolando como nuevo con el corte”, rememora.

Entre otros cortes solidario que hizo, destaca el que realizó a un grupo de chicos de escasos recursos y después en comedores comunitarios de la Meseta. “A partir de ese momento comenzó a funcionar el boca a boca y eso me abrió otras puertas para continuar ayudando a mucha gente con este oficio porque hoy nadie te regala nada y un corte de pelo está entre los 6000 y 10.000 pesos”, aclara.

No solo Miguel les corta el pelo a los que menos tienen sino que muchas veces destina una parte del dinero que obtiene en la peluquería para acercarse a ellos y donarles algún alimento. Además dice con orgullo que a su comercio llega gente de todas las clases sociales y que ser creyente le permitió tener un objetivo muy preciso: “abrirle las puertas a todos porque Dios se las abre a todos”.

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Acción solidaria a dúo. Miguel con Maikol, un colega barber, cortándole el pelo a los chicos que concurren a la escuelita de fútbol Sacachispas de Toma Norte.

Acción solidaria a dúo. Miguel con Maikol, un colega barber, cortándole el pelo a los chicos que concurren a la escuelita de fútbol Sacachispas de Toma Norte.

A la hora de prepararse para las fotos, Miguel despliega sobre una mesita todos los accesorios que utiliza en su tarea cotidiana desde tijeras, máquinas cortadoras, cepillos, entre otros utensillos que manipula con cuidado. Y muestra con orgullo aquella primera cortadora que aún sigue utilizando con sus clientes y con quienes les regala el corte. A pesar que trabaja los siete días de la semana, Miguel se organiza para poder salir a los barrios con la finalidad de regalar algunos cortes.

Días atrás, transitaba por las calles de Mariano Moreno, el barrio donde se crió, y se cruzó con Daniel, un hombre de 75 años en situación de calle. Mientras le cortaba el pelo y la barba, el hombre le contó su situación, “extremadamente pobre”. “Daniel fue abandonado por su familia, vive en una casa prestada, cuenta con una pensión mínima y come lo que le dan los vecinos del barrio. Es durísimo, y como Daniel me encontré a muchos adultos mayores en esta situación tan triste y compleja”, relata. “Apunto mucho a ayudar a los abuelos, me he enfocado mucho en ellos, en los que están en situación de calle porque detrás de ellos hay muchas historias”, explica. Y agrega con una sonrisa emocionada: “Con el corte que le hice, dejé a Daniel como un rey”. Exhibe en su celular la foto del momento en que le estaba cortando la barba a Daniel.

En su cuenta de Facebook e Instagram (@michaelromero1136), Miguel sube las fotos mientras realiza su tarea solidario. A veces esas imágenes sirven para que estas personas en situación vulnerable sean reconocidos por sus familiares o conocidos. Así sucedió con Mario, cuando Miguel subió las fotografías un familiar del hombre que hacía siete años nada sabía de él las vio y se contactó para reencontrarse. “Este hombre que vivía en la calle estaba perdido por el alcohol, así lo pudieron rescatar y sacarlo de la calle”, cuenta.

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“Apunto mucho a ayudar a los abuelos, me he enfocado mucho en ellos, en los que están en situación de calle porque detrás de ellos hay muchas historias”, dice Miguel. (Foto: María Isabel Sánchez).

“Apunto mucho a ayudar a los abuelos, me he enfocado mucho en ellos, en los que están en situación de calle porque detrás de ellos hay muchas historias”, dice Miguel. (Foto: María Isabel Sánchez).

Al igual que en un taxi o remís, una peluquería es un espacio que se presta a los diálogos espontáneos, el cliente suele animarse a contar alguna situación en el trabajo o en la familia.

“La barbería es un lugar que se presta a la conversación y al mismo tiempo es un lugar de contención porque a veces te puede tocar clientes con dinero pero muy mal en lo anímico o que están pasándola mal por una crisis y empiezan a contarte tu historia, así de la nada. El sillón de la peluquería es lo más parecido al diván del psicólogo, entonces tenés que saber escucharlo. Te enteras de sus vidas. Yo digo que este lugar es como un brazo para poder sostener a esa persona”, explica el barbero solidario.

Un oficio que desea enseñar a los jóvenes como salida laboral

Así como Miguel Ángel Parra encontró en este oficio de peluquero y barbero no sólo una salida laboral sino también una forma de ser solidario con los demás, el vecino de Gran Neuquén Norte tiene por objetivo poder enseñarle el oficio a los jóvenes para que el día de mañana tengan un posible trabajo que los ayude a enfrentar el día a día de la mejor manera posible.

“Entre los proyectos que quiero implementar en el futuro es el de brindar un curso de barbería. Me encantaría poder ofrecerle el conocimiento que tengo a los jóvenes para que vean en este oficio una salida laboral y decidan desempeñarse en el fascinante mundo de la barbería”, explica.

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