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El primer tren de pasajeros a la Estación Limay

El 24 de junio de 1901 se habilitó el puente ferroviario sobre el río Neuquén. Don Francisco Dellanegra, inmigrante italiano, estuvo como foguista en el tren que hizo el primer cruce, en el que se probaron la resistencia de la estructura y las vías de la majestuosa obra que une a las dos provincias.

Siempre que recordamos historias ferroviarias rememoramos las causas que hicieron que el Ferrocarril del Sud extendiera su línea férrea hacia nuestras tierras. Entre tantas razones encontramos una que evoca el nieto del hombre que, siendo foguista en Bahía Blanca, le cupo el honor de co conducir la locomotora hacia estas tierras a principios del siglo XX, don Dellanegra.

“El ‘camino de hierro’ avanzó con rapidez y se extendió por todo el mundo. Fue perfeccionado, especialmente en los Estados Unidos, con la incorporación de rieles de acero. Los vagones para traslado de personas eran de madera, que luego fueron ostensiblemente mejorados por otros, construidos por Jorge Pullman”.

“Fue factor importante el crear el frenado de aire comprimido lo que, con otras innovaciones, aceleró una mayor eficiencia en el recorrido: eran todos inventos puestos al servicio del ferrocarril por Jorge Westinghouse”, como dicen las memorias de don Isidro Moreno, uno de los primeros ferroviarios de la zona.

Uno de los maquinistas del Ferrocarril del Sud fue Antonio Mazzarolo. Don Francisco Dellanegra, uno de los foguistas, quienes condujeron el primer tren.

Repasemos algo de la historia de la extensión del ferrocarril en la Norpatagonia: Los capitales privados supieron elegir las regiones y expertos en el manejo de los negocios, dedujeron que Argentina sería una de las primeras naciones del mundo en la producción de cereales, razón por la cual solicitaron y obtuvieron autorizaciones para construir líneas férreas, cuyos trazados cruzaban en todas direcciones la pampa húmeda.

Para las zonas carentes de población o con algún caserío y sin perspectivas de producción masiva, no había interesados en el tendido de rieles por parte de capitales privados y de allí entonces que la conquista del desierto no significó progreso inmediato.

La controversia sobre el establecimiento real de la línea de frontera en la cordillera entre Argentina y Chile llevó al límite la discusión. Los peritos de ambas naciones no encontraban la forma de ponerse de acuerdo y las relaciones cada vez eran más tirantes, cuando el periodismo de Chile lo puso en evidencia. Se hablaba abiertamente de una guerra y los preparativos para poseer un formidable poder militar, obligaron a Argentina a tomar las providencias necesarias para el resguardo de la seguridad nacional.

No es tema de estas líneas analizar los pormenores de estos graves entredichos, se citan para determinar las causas determinantes de la construcción del Ferrocarril a la zona posteriormente llamada “Del Comahue”.

Por todo lo expuesto se iniciaron las gestiones, ante las autoridades de la Compañía Gran Ferrocarril del Sud, para hacer la construcción de una vía férrea al Neuquén.

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Don Francisco apeándose del tren. Foto: familia Dellanegra.

Don Francisco apeándose del tren. Foto: familia Dellanegra.

La comisión local de la compañía ya había realizado por su cuenta algunos estudios sobre la traza para llegar hasta el pueblo Neuquén. Contestó que era necesario el apoyo del estado argentino, por cuanto los campos en general eran pobres de aguada y pastos y la población reducida y esparcida en gran extensión.

En forma definitiva, el contrato fue aprobado el 31 de marzo de 1896 y a partir de ello la Compañía Gran Ferrocarril del Sud profundizó y aceleró los estudios y ya en julio de ese año presentaron planos para la conexión de los primeros 175 kilómetros. La línea fue avanzando con rapidez y ya en septiembre de 1897 el gobierno autorizó a la empresa para habilitar el primer tramo que correspondía a 171,5 kilómetros entre Bahía Blanca y Río Colorado. El segundo tramo, que comprendía 177,7 kilómetros entre Río Colorado y Choele Choel, fue autorizado para el servicio público en junio de 1898.

El tercer tramo, entre Choele Choel y Chelforó, que sumaba 56 kilómetros, se habilitó el 31 de diciembre de ese año. El ritmo era ágil y se mantuvo hasta completar el trazado: se terminó la punta de riel en mayo de 1899.

La concesión otorgada al FCSUD para prolongar la vía desde Bahía Blanca hasta el Neuquén tenía una condición importante exigida por el gobierno: la construcción del puente que cruzara el río Neuquén. En épocas de creciente este bravío río solía llegar hasta el pueblo llamado Limay (hoy Cipolletti) y se puede imaginar la extensión que debían tener el puente y el viaducto, precedido este de un alto terraplén.

Para alojamiento de los obreros se instalaron carpas y se construyeron ranchos de totora. Las provisiones llegaban de Bahía Blanca en dos trenes semanales.

Finalmente, y luego de muchos contratiempos y peripecias, el 26 de junio de 1901 se practicó la prueba de resistencia del puente y por decreto del 12 de julio de 1902 la empresa fue autorizada para librar al servicio público la estación terminal Neuquén, con la consiguiente clausura de la anterior (Limay). Luego se construyó el tramo entre Neuquén y Zapala, inaugurado en 1914.

Un foguista italiano

Francisco José Dellanegra nació en Udine, Italia, a 30 kilómetros de Trento. Se casó con Adela Sciani, también italiana, y de este matrimonio nacieron 11 hijos. Francisco José (el papá de Roberto, autor de estos recuerdos), Ester, Lila, María, Corolo, Quiche, Armando, Lady, Nelly, Carmen y Titina, nacidos en Saavedra, provincia de Buenos Aires, lugar donde don Francisco se había asentado a trabajar con el ferrocarril que en ese entonces era de los ingleses: luego se iría a trabajar a Bahía Blanca, donde era foguista y llegó a ser maquinista.

Cuando terminaron el puente en el Neuquén la compañía del ferrocarril lo mandó con un inglés a hacer las primeras pruebas. Manejando el tren llegaron a la Confluencia. Había que cruzar el puente para probarlo. Por este motivo, para tomar coraje, el inglés comenzó a tomar whisky. Según Roberto, su abuelo Francisco no aceptó porque debía conducir el convoy.

Comenzaron a cruzar despacio, el puente crujía, llegaron a la punta, habían dado el primer paso. Volvieron para atrás y hacia delante un poco más ligero. La norma exige volver marcha atrás. Lo hicieron. Ya era de ellos, estaba domado. De vuelta hacia delante, más rápido esta vez. El puente resistía. Habían superado la prueba.

Uno de sus hijos, Francisco José Dellanegra, continuó de alguna forma la tarea de su padre. Nació en 1914. Estudió en el Colegio Don Bosco de Bahía Blanca. A sus 17 años entró a trabajar en un taller de la Ford. Luego ingresó al ferrocarril, rindió como foguista e hizo el servicio militar en el Palomar. Llegó a Neuquén en 1937. Según Roberto, cuando su padre bajó del tren se fue a una kermese a la Sociedad Española y allí conoció a Dolores Vargas. Tuvieron a Roberto y a Gladis Ester.

Dolores era hija de José Vargas y Jacinta Correa, de cuya unión nacieron: Dolores, Josefina (Ina) y Camilo (Milo). El hijo de la abuela Dolores, Camilo, fue, junto con Toto Vidal, uno de los primeros abogados nacidos en estas tierras.

Otra historia de vida ferroviaria, que nos llevaron a revivir el Neuquén de ayer.

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