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"¿En este desierto piensan construir un hospital?"

Una vieja foto trae a la memoria la historia del centro de salud más grande de la Patagonia: el hospital Castro Rendón.

Hacia el oeste no había nada más que médanos y calles de tierra cuya existencia dependía de la fuerza del viento. El caserío llegaba hasta ahí nomás, aunque en las inmediaciones ya comenzaban a venderse algunos lotes, por más que para la gran mayoría estuvieran ubicados en un arenal.

La imagen que muestra al hospital regional Neuquén en sus primeros años de vida, en la intersección de las calles Buenos Aires y Talero, fue publicada por Raúl Oscar Galán, un usuario de Facebook para “Neuquén del Ayer”, un grupo que rescata viejas historias y postales de la capital y de la provincia.

Así de agreste y salvaje era la ciudad de Neuquén a principios de la década del 40 cuando se construyó el hospital y el servicio de salud comenzó a jerarquizarse después de muchos años de “Asistencia pública”.

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Antes del hospital funcionaba la Asistencia Pública en la esquina de 12 de Septiembre y Láinez.

Antes del hospital funcionaba la Asistencia Pública en la esquina de 12 de Septiembre y Láinez.

Aquel edificio contaba con consultorios externos, clínica médica, guardia, una sala de partos y un quirófano. Tenía 30 camas de internación para mujeres y hombres y la superficie total era de 870 metros cuadrados, según consigna la historia publicada por el propio hospital en su página web.

La construcción de este edificio fue un punto de inflexión para la calidad de vida de la población que en aquel entonces no superaba las 7.000 personas y que con los años aquel humilde centro de salud se fue ampliando hasta ocupar toda la manzana.

En la foto antigua se puede apreciar el ingreso por la calle Talero con su portal en forma de arco tan característico, un pequeño muro con un alambrado y algunos árboles todavía muy jóvenes que apenas ofrecían sombras durante las agobiantes tardes de verano.

La utopía de pensar que aquel pueblo podía ser un lugar con futuro de ciudad quedó reflejada en una investigación que hizo Mario Raone y que publicó en un artículo periodístico hace muchos años.

Cuenta el historiador que en 1908 el Ministerio de Salud Pública dispuso la creación de tres grandes hospitales, los que pasarían a ser hospitales regionales. Uno estaría ubicado en Corrientes, otro en Córdoba, (el actual San Roque) y un tercero en la Patagonia, en Neuquén propiamente dicho.

“Un delegado del Ministerio viajó a Neuquén, a fin de observar el terreno en donde se debía levantar el hospital. Como traía una carta personal del Presidente de la Nación para el distinguido vecino de Allen, Patricio Piñeiro Sorondo, precisamente el fundador de esta localidad, el viajero paró previamente en ese pueblo. A la mañana siguiente, Patricio condujo al delegado del ministerio en su coche hasta el lugar donde estaba previsto levantar el edificio del futuro hospital, mostrándole el arenal y desierto que entonces era.

Lógicamente que el visitante quedó decepcionado, lo que habrá notado el perspicaz acompañante. Regresaron al establecimiento de Allen y al día siguiente le mostró el pueblo que recientemente había fundado y le indicó un terreno arbolado y con abundante césped, informándole que era de su propiedad, y que lo donaría si allí se construía un hospital.

Pensamos que don Patricio le extendería la notificación pertinente, ya que vuelto el funcionario a Buenos Aires, se cambió el destino del futuro hospital, y en la localidad de Allen habría de levantarse el hospital Regional que allí conocemos”, escribió Raone en aquel artículo.

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Carretas y caballos en el frente del hospital. Una postal de mediados del siglo pasado.

Carretas y caballos en el frente del hospital. Una postal de mediados del siglo pasado.

Pasarían tres décadas para que el proyecto del hospital de Neuquén pudiera concretarse ya que recién el 15 de abril de 1940 abrió sus puertas este centro de salud que sería bautizado como “Primer Hospital Local de Neuquén”, luego “Hospital Rural Neuquén” y finalmente “Hospital Provincial Neuquén Doctor Castro Rendón”.

El lugar elegido para construir el edificio no tenía ningún atractivo más que la proximidad con la zona del centro de la ciudad, igual que cuando lo vio aquel decepcionado delegado del gobierno nacional enviado para opinar qué le parecía Neuquén como una sede para la salud regional. Era una porción más de aquel desierto inmenso que abrazaba al pueblo y parecía desalentar cualquier idea de progreso.

El tiempo demostró que los pioneros tenían razón. Y que las utopías son mucho más que quimeras improbables.

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