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En tiempos de crisis, la gente vende sus libros

Alberto Jardón, dueño de El Anticuario, contó la realidad de una de las librerías de usados de Neuquén capital.

Las librerías anticuarias tienen, como todos los comercios vinculados con la historia y la nostalgia, un aura particular. Entre sus numerosos estantes nos puede aguardar la sorpresa del libro que tuvimos en la infancia, incluso la misma edición que nos regalaron una Navidad o que no pudimos comprar en su momento porque nos resultaba inaccesible.

Abrir cualquiera de esos añosos volúmenes nos sumerge en el pasado, empezando por la textura de las antiguas páginas, el olor inconfundible de la humedad o del polvo y el asombro del hallazgo y del reencuentro.

En Neuquén existen dos de estos locales: Neuquén Libros, de Carlos García en la calle Belgrano 317, y El Anticuario, de Alberto Jardón en la calle San Martín 45.

En tiempos de crisis la gente vende sus libros y creo que pasa por diversas razones. Primero porque la crisis hace que la gente empiece a desprenderse de algunas cosas y en estas épocas los libros suelen ser de lo primero que prescinden. La gente de se va mudando de lugar, quizás a otros sitios más chicos y entre lo que se tiene que achicar los libros son los que ocupan, aunque no parezca, bastante espacio, volumen y aunque sea papel tienen un peso importante. Otro de los motivos es la necesidad de poder obtener dinero en efectivo a través de una venta inmediata", contó Jardón a LMNeuquén.

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Alberto Jardón en la librería.

Alberto Jardón en la librería.

En ese sentido, el dueño de El Anticuario agregó que no todos tienen una relación afectiva o de apego hacia los libros, salvo en casos muy puntuales. "La gente hoy está dispuesta a soltar todo. Claro que los libros tienen una carga emotiva, desde las dedicatorias a la historia que une a la persona con el libro. Muchas veces esas dedicatorias suelen ser fuertes e incluso “intensas” pero de todos modos es evidente que prefieren “circularlos” aunque sea vendiéndolos", añadió.

La industria editorial no siempre repone ediciones, ni títulos de libros, por más que sean muy buscados. Así, la librería de usados es un espacio donde se ponen a disposición material que no se conseguiría de otro modo. "A mí me gusta particularmente trabajar con el libro usado, podés conseguir ediciones raras o bien que no se consiguen ni aun en los sitios de venta de internet”, dijo Jardón.

El futuro de los libros

Jardón cree que las ventajas del libro de papel sobre el digital es que permite ir dejando rastros o huellas. "Los libros subrayados son, como dijo un escritor, un libro dentro de un libro y te permite reconocer las líneas de lectura del lector. Las marcas, los subrayados, las páginas dobladas de cierto modo e incluso las cosas más insospechadas que la gente guarda y esconde. Es una forma de dejar una marca que define la identidad del dueño", agregó.

"Muchas veces tenemos libros por razones de contexto político, alguien los guardó y los salvó de una quema masiva y suelen tener un valor agregado enorme, como también es el caso de bibliotecas con textos de otros países o demasiado específicos a los que podés acceder como usado. De hecho, mi papá en Buenos Aires tenía un galpón gigante con ese tipo de libros que, en su momento, en época de dictadura estaban prohibidos y que él tenía escondido, entre otros, ponele que “sin querer” o “sin darse cuenta”, fue atesorando y que con la democracia pudo comercializar, aunque mi viejo nunca se metió en política", sostuvo.

Los libros subrayados son un libro dentro de un libro

"Mi papá Carlos Jardón, empezó como librero en Parque Rivadavia y su especialidad fueron siempre las historietas", contó el librero y manifestó que después de tener puestos en distintos lugares de Buenos Aires, llegó a tener una librería propia durante muchos años en Munro y de ahí mismo una disquería hasta que se mudó en 1994 a Neuquén.

"Acá nos pusimos a trabajar juntos en un proyecto gastronómico, pero en Buenos Aires había quedado el inmenso galpón con todo el material de libros, revistas y publicaciones antiguas, que él había juntado durante toda su vida y abrimos la Librería “El Anticuario” en el año 1996 en la calle Alcorta 133. Después estuvimos en varios locales en Alcorta 145, después nos fuimos a la esquina de Alcorta y Pampa, después volvimos al local del 145 y de ahí pasamos a la calle Sarmiento y de ahí a nuestra casa central de la calle San Martín 45 que hoy mucha gente conoce como la Librería del Sótano de los Fantasmas. Hoy tenemos otro local de la calle Sarmiento 436”, recordó.

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El local donde funciona la librería “El Anticuario” de la calle San Martín está frente a un hito histórico: el primer surtidor de combustible de Neuquén, que estaba en la Gasolinera “Chacabuco” de la calle San Martín 45. Construido en 1936, se remonta a los tiempos en esa calle era la ruta vieja que unía la ciudad con Bariloche y era parada obligada de los viajeros de paso y como así también de los pocos automóviles de por aquel entonces propiedad de las familias que tenían acceso a esos verdaderos lujos para la época.

La estación de servicio era propiedad del próspero comerciante Antonio Gula, que tenía tambié una casa de respuestas. En la planta alta del edificio, uno de los primeros con dos plantas en la ciudad, funcionaba la casa familiar. Al principio el comercio se llamó “Casa Gula” posteriormente “Zatti y Sánchez”.

Hay quienes afirman haberse topado con presencias fantasmales en los sótanos del local destinado a los libros más antiguos. Es por cierto una de las tres propiedades más antiguas de la calle San Martín y de las que cuentan con sótano desde el que se escuchan los pasos de los transeúntes de lo que fue en algún momento fue el paso de la ruta 22 y que alberga junto a los viejos volúmenes cientos de leyendas e historias.

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Alberto Jardón.

Alberto Jardón.

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