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¿Funciona la barrera fitosanitaria para la Patagonia?

Crecen las presiones de algunos sectores para que se revisen los modelos de gestión que lleva adelante el Senasa. Desde el organismo sanitario nacional aseguran que están buscando mejorar los controles en los puestos de la barrera.

En los últimos tiempos aparecieron señales que generan preocupación en las distintas cadenas de producción del norte de la Patagonia.

Hace un par de semanas, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) detectó en el casco urbano de Cinco Saltos un brote de moscas de los frutos y dispuso un cerco sanitario que abarca siete kilómetros a la redonda. Establecieron la emergencia fitosanitaria en la zona y comunicaron el plan de acción para afrontar esta plaga. Meses atrás, el mismo problema sacudió a la producción de Cipolletti.

¿Por qué están apareciendo estos brotes con tanta periodicidad? Muchas de las miradas apuntan a las autoridades del Senasa, que son las que tienen el control de la barrera sanitaria del río Colorado y es el organismo que debe custodiar el estatus que ostenta la región -zona libre de Mosca de los Frutos- que abre la exportación a mercados clave sin hacer ningún tipo de cuarentena. Esta posición permite a los empresarios obtener enormes beneficios económicos. De ahí la preocupación de que zonas cedan, transitoriamente, este estatus sanitario. Las pérdidas serían millonarias.

“Tuvimos dos años complicados. Estamos observando que el flujo de fruta que está ingresando desde el norte de la barrera es cada vez mayor. Y tal como se observa con la carne, aquí también hay gente que insiste en pasar fruta que no puede hacerlo”, señaló Esteban Rial, Coordinador Regional de Protección Vegetal del Senasa en dialogo con LM Neuquén.

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Consultado sobre que autocrítica hace del manejo de la barrera, el funcionario destacó que “desde ya que todo puede mejorarse y estamos trabajando para mejorar todos los controles”. Al mencionarle preocupación del sector privado por la presencia de la plaga en la región, Rial agregó “es fácil otorgar toda la responsabilidad a solo un sector. Acá esta claro que quien introduce una plaga es un particular y la falta de conciencia esta bastante generalizada. Hay responsabilidades compartidas, pero eso no quita que nosotros tengamos como objetivo seguir mejorando”.

En este punto es importante remarcar que si bien existen actores que no toman conciencia de lo que está en juego cuando ingresan fruta sin control a la región libre, el responsable final para que esto no suceda es el Senasa. El poder de policía lo tiene el organismo, y por ende no hay responsabilidades compartidas en la gestión del sistema.

La última estadística oficial publicada por el Senasa refleja que en todo 2021 atravesaron la barrera cerca de 137.000 toneladas de frutas y hortalizas provenientes de zonas no libres. La mayor parte de estos productos de origen vegetal tienen ingreso restringido porque son frutos hospedantes de mosca.

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Otro técnico con autoridad para opinar del tema es el director ejecutivo de la La Fundación Barrera Zoofitosanitaria Patagónica (Funbapa), Eduardo Merayo. “Esto es una cuestión política. Hace años venimos hablando de las cosas que andan mal en la barrera; si no se cambian, es por que no quieren cambiarlas...es sencillo”, destacó al ser consultado sobre le tema. Directo, como ha sido tradicionalmente Merayo, agrego que “el actual modelo de gestión no es el adecuado para un funcionamiento como el de la barrera y de existir un nuevo modelo, debe ser apoyado por todos los actores”. Hay que recordar que a mediados de 2014, por una decisión del exministro de Agricultura de la Nación, Carlos Casamiquela, todos los programas y controles de la barrera que estaban en manos de la Funbapa pasaron de manos del Senasa.

¿Qué opina le sector privado?

Las posiciones aquí también están divididas. Desde la Cámara Argentina de Productores de Cerezas Integrados (CAPCI) existe un grado de preocupación importante en relación a la presión que muestra la Mosca de los Frutos. No es para menos, los principales mercados para la cereza en la reciente temporada fueron China y los Estados Unidos, destinos que reconocen este estatus sanitario. Ambos representaron el 64% del total de las exportaciones de cerezas argentinas, y más del 95% de dicho volumen, salió de las áreas libres de Patagonia y Mendoza.

“Realmente estamos preocupados. Mucha de nuestra oferta exportable depende mantener el estatus sanitario”, señaló Anibal Caminiti, gerente de CAPCI. “Los brotes ocurren siempre con la llegada más importante de cítricos en la región. Todo indica que el sistema no está funcionando”, agregó.

Una defensa al modelo de gestión hizo, por su parte, el gerente de la Cámara Argentina de Fruticultores Integrados (CAFI), Marcelo Loyarte, al solicitar su visión sobre este conflictivo tema. “El programa de Mosca es sumamente complejo y requiere el compromiso de la provincia y el sector privado. Se hicieron una serie de ajustes en cuanto al manejo de la barrera, sobre los que tenemos expectativa a futuro. Debemos seguir en este rumbo”, remarcó Loyarte.

Al ser consultado por las modificaciones que se hicieron, el ejecutivo destacó que el manejo de la barrera dejó de estar centralizada en un área del Senasa Central, Buenos Aires, para pasar a ser controlada por la cabeza regional, en Roca. “Esto nos permitirá hacer un seguimiento mas puntual y localizado”, agregó Loyarte.

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Algunas conclusiones

La plaga Mosca de los Frutos es considerada una de las de mayor importancia económica. Por este motivo, en el año 1994 se crea el Programa Nacional de Control y Erradicación de Mosca de los Frutos, buscando reducir del impacto en las cadenas de producción frutihortícola a través de dos efectos:

-Pérdidas directas. Debido a la merma en la producción obtenida en el área con presencia de la plaga y la disminución de su calidad en los frutos infestados.

-Pérdidas indirectas. Restricciones a la exportación y/o necesidad de aplicar tratamientos cuarentenarios u otras medidas, que representan incrementos significativos en los costos de comercialización.

Todos estos, conceptos que rezan en la página web del Senasa.

Si bien, la región de la Patagonia cuenta a su favor con las bajas temperaturas que impiden un desarrollo pleno de la plaga, los objetivos impulsados en 1994, en mayor o menor medida, se están cumpliendo.

Sin embargo, hay puntos críticos que deberían ser revisados dentro del sistema. Los controles en la barrera, es tan solo uno de ellos. La dinámica que muestran los acontecimientos dan cuenta de la necesidad de cambios antes de que los problemas terminen profundizándose, más aún en un mundo complejo donde el proteccionismo vuelve a aparecer en el comercio internacional y las barreras sanitarias como una herramienta clave en todo este nuevo juego.

El presupuesto para este años del programa de Mosca de los Frutos es de poco más de 620 millones de pesos. Aportan para esta cifra el Senasa, el sector privado y las provincias involucradas. Para ello el programa cuenta con poco más de 60 empleados y en esta nueva emergencia están llegando otros 130 millones de pesos adicionales del gobierno nacional.

Mucho dinero para unos, poco para otros. Un reciente estudio elaborado por el INTA destaca que por cada dólar que se invierte en le programa, se logra un beneficio de poco más de 15 dólares. Un dato positivo a tener en cuenta.

En todo modelo dinámico, como lo es el programa de Mosca de los frutos, es necesario tener reflejos para actuar en el momento que las circunstancias así lo exigen. Si se hace a destiempo, no sirve; se pierde el objetivo buscado.

Es posible que el modelo, que llevó al éxito del programa hace ya más de dos décadas, deba ser revisado buscando mejorar su gestión.

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