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La Mañana El Bolsón

Fundió el motor de su motorhome y llevan un año en El Bolsón: la historia de Paula

Metió un volantazo en su vida y se dedica a recorrer el país, junto a su hija, con el vehículo que ella misma adaptó.

Hasta los 30 llevó una vida estructurada y rutinaria como la de la mayoría, si bien “siempre viajé”. Pero fue al pisar esa edad que le hizo el click. Licenciada en Comunicación Social, renunció a su trabajo y empezó a recorrer el país y el mundo de manera ininterrumpida.

“Ya no volví a la vida tradicional”, cuenta con orgullo Paula Ocampo. Y si bien por ese espíritu aventurero sufrió horrores el encierro forzado en pandemia, se las ingenió para aprovechar el tiempo libre y prepararse mejor con vistas a las nuevas travesías. Lo cuenta en primera persona desde El Bolsón, Río Negro, donde se encuentra circunstancialmente tras un imponderable que motivó un brusco cambio de planes.

“Volví a Buenos Aires, de donde soy oriunda con la idea de irme a Europa. Mi hija tenía año y medio y hasta los 2 no paga boleto en avión así que cerraba por todos lados. Pero cuando estaba allí en Banfield, de donde es mi familia, estalló lo del Covid y me tuve que quedar. Entonces me propuse armar mi propio motorhome, porque me decía a mi misma ‘tengo que irme con las necesidades básicas resueltas, cama para mi hija, cocina para darle de comer’".

"Así que compré y adapté una camioneta y pensé ‘veo que depara el destino’. Si me mudaba a cualquier lugar, tenía que comprar muebles, laburar todo el día para pagar un alquiler en una ciudad nueva, sin conocidos que te puedan dar una mano para cuidar a la nena”, explica a LM Cipolletti mientras Indiana, hoy ya con 5 años, parte en bici a la escuela (educación inicial)…

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Y pensar que Pau jamás había manejado, al menos un vehículo propio. “Me hice bastante amateur y aficionada del tema, participando en foros en Facebook, en grupos de chats, se abrió un mundo nuevo para mí. No había tenido previamente ni camioneta ni auto y esta tiene el gustito de que la armé yo, le compré los asientos, etc. Conocí mucha gente, incluso buscando equipamiento me contactó una empresa para vender equipamiento solar”, comenta cuando recupera la señal de wifi.

Hubo viajes preliminares a Entre Ríos y Uruguay, pruebas de fuego en las que todo funcionó perfecto. Pero fierros son fierros... “Finalmente decidimos arrancar y volver a Santa Cruz, donde había nacido Indiana (en Puerto Deseado). Estuvimos como 2 meses allí, pasé mi cumple incluso en Puerto Madryn. Suelo quedarme bastante en cada lugar, tenía como rutina no hacer más de 100 ó 200 kilómetros por día, mi lema es viajar lo más lento posible, parar un día o dos... "

Por un lado, ese plan permite "disfrutar de cada sitio", pero, además, porque "viajar con niño en la butaca trasera es estresante, ‘mamá quiero esto’, ‘quiero hacer pis’, ‘mamá tengo hambre…’ -risas-. Y de allí pensamos en venirnos a El Bolsón, donde vive el papá de la nena así lo veía”, resume el inicio de la experiencia rionegrina.

Más allá de que no son breves sus estadías y no suele fijarse el próximo destino con tanta antelación, lo tomaba como algo “de pasada”. Pero surgió un contratiempo inesperado que a un año de su llegada aún las encuentra en la ciudad cordillerana.

Cambio de planes por lo del Motorhome

“En el medio van surgiendo problemas mecánicos por más que antes de cada viaje suelo llevarla al mecánico y le digo ‘hacele todo lo que tengas que hacerle’. Hay pavaditas que una logra resolver sobre la marcha, por ejemplo en Uruguay tuve que conectar el negativo de la batería. Pero esta vuelta se nos complicó. Desde Puerto Deseado la idea era venir por la ruta 40 a El Bolsón, que en junio del año pasado era el cumple de Indiana así lo pasaba con su papá. No daba para seguir por la ruta 3, ya era invierno, no quería viajar por la nieve. Lamentablemente llegando a Sarmiento, a 600 kilómetros de acá, se rompió la camioneta”, recuerda ese momento adverso.

La dificultad, naturalmente, alteró los planes. “La llevé con remolque hasta Sarmiento, paramos en lo de una familia rodantera que nos abrió las puertas de par en par. Nuestro viaje cambiaba por completo, de repente todo el equipamiento de la camioneta ya no nos servía, era empezar a viajar con una mochila, con libros, juguetes, vajillas, ropa de abrigo, de verano…”, señala sobre aquella situación desestabilizadora. Recalculando.

La motorhome “quedó en Sarmiento” y ellas continuaron viaje en “bus”, “con dos mochilas y dos bolsitas”. El Bolsón las recibió “lloviendo” pero la generosidad de su gente compensó todos los sinsabores previos.

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“Primero nos albergó una familia a la que contacté a través de una red que vincula viajeros de todo el mundo. Espectacular, super amorosos, podés poner que paramos en la casa de Pochi un par de días", relató.

Haciendo "uso y abuso de redes sociales, publiqué que estaba buscando casa para alquilar, y me escribió un hombre que justo se iba de viaje y que nos dejaba su casa a cambio de los gastos y cuidado de su perrita”, revela cómo se fueron acomodando de arranque en esas impensadas circunstancias.

Hubo, sí, un reencuentro con el móvil que soñaron como “casita rodante”, rifa mediante para “solventar los gastos” del remolque. “Al mes y medio y volvió el dueño y busqué otra vivienda pequeña para alquilar hasta diciembre. Allí hice traer la camioneta con un remolque y nos fuimos a la motorhome hasta marzo, que alquilamos otra casa porque acá llueve mucho, con el frío se pone áspero en un espacio reducido como el de la camioneta -tiene 3,20 x 1,80, cama, baño, cocina y espacio de juego para la nena-”.

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Pasó el tiempo y hoy, a un año, permanecen en El Bolsón esperando resolver el inconveniente que las demoró allí para retomar el trayecto. Y como el vehículo “se fundió” manejan dos opciones: “Arreglarla, pero cuesta 20 millones de pesos, que no los tengo. Estoy viendo, entonces, la posibilidad de venderla o mutarla por alguna más vieja pero más grande”.

Mientras tanto, disfrutan la naturaleza del lugar y Paula se la rebusca con lo que surja: “El Bolsón me encanta, pudimos resolver lo habitacional, la nena va a la escuela en bici, yo vendo juguetes didácticos de madera, arranqué canto, me reinvento siempre en cada rincón que visito. De hecho al principio vendí libritos para pintar, en Uruguay fui manager de un hotel, etc. Nos gusta a la vez compartir siempre experiencia con personas locales”, aclara contemplando el paisaje por la ventana.

Y en el final, anticipa: “Sigo analizando la posibilidad de continuar viajando. El mundo es tan grande, quiero ver que hay más allá, la nena recién arranca primer grado el otro año y es el momento ideal para volver a la ruta. Siempre busco razones para que algún lugar me atrape”.

Agenden sus nombres: Paula e Indiana. Quizá en algún lugar del país o del mundo las pueden llegar a cruzar. Seguramente pronto volverán a transitar los caminos de la vida... ¡Buen viaje rodanteras!

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