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Huevos, frutillas y miel: ¿cómo se la rebuscan los vendedores de la calle en Neuquén?

Algunos trabajan más de 12 horas por día, se bancan el frio y el calor y no tener fin de semana. "Está duro, pero las ventas siguen", aseguran.

Aunque la economía ajuste el bolsillo de muchos, los vendedores de la calle aseguran que siguen vendiendo sus productos y que el trabajo no afloja. Algunos pasan 12 horas en sus esquinas para poder venderlos, otros tienen trabajos y las ventas callejeras los ayudan a llegar a fin de mes.

Huevos, tortas fritas, anteojos, frutillas, miel, medias, bijouterie y muchos productos más son los que se pueden adquirir en una caminata por las calles del centro neuquino. Hay vendedores que se dedican a esto hace más de 20 años y aseguraron que aunque en este momento "está duro, las ventas siguen igual".

LMNeuquén realizó un recorrido por el centro y conversó con vendedores de la calle de diferentes rubros quienes coincidieron en que a pesar de los precios altos los vecinos igual compran.

Hernán llega todas las mañanas desde el barrio El Progreso hasta la esquina de San Juan y Entre Ríos. El recorrido lo hace hace 22 años. Allí vende frutillas, miel, nueces, almendras y otras frutas de estación.

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Las frutillas salen 1800 pesos el kilo y si el cliente se lleva dos kilos el valor total tiene un descuento y quedan en 3200 pesos. "La gente se cuida un poco más, anda buscando precios, no compra por comprar comolo hacía antes, pero dentro de todo se mantienen las ventas. Bajaron, obviamente, no te puedo decir un porcentaje porque eso es relativo. Pero se sigue vendiendo", aseguró.

Con tantos años en la calle, este vendedor describió que siempre en diciembre las ventas suben con las fiestas y el aguinaldo, pero después con las vacaciones muchas familias gastan más de lo que tienen y se cuidan en las compras por lo que marzo, dijo, no es el mejor mes para las ventas. "Después de esa baja de marzo y abril arranca de nuevo, todos los años pasa lo mismo, este se notó un poquito más", admitió.

El vendedor dijo que cuida mucho a su clientela, y trata de no aumentar los precios al ritmo de la inflación. Para eso va cambiando de proveedor para poder mantener -lo más posible- el valor que conoce el vecino.

Cesar Augusto vende huevos en la esquina de Islas Malvinas e Illia. Ya hace tres años que se animó a salir a la calle en búsqueda de mejorar su salario. Si bien trabaja en una gráfica, el sueldo no le alcanza y sumó la venta para poder hacer una diferencia.

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El maple de huevos lo vende a 6 mil pesos y en general son los automovilistas los que frenan en esa esquina para comprar. Aunque no todos frenan, él también se encarga de conquistar a sus posibles clientes llamando su atención. "Lo compro caro y lo tengo que vender caro", aclaró el vendedor quien contó además que hasta la semana pasada los vendía en 5800 pesos.

De boina negra y una gran sonrisa, este hombre conquista a los vecinos quienes muchos se vuelven con los huevos a su casa. A su trabajo en la gráfica- que a veces es durante la noche- suma unas 4 horas en la esquina para vender.

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Precios en el Bajo

Omar vende gorras, riñoneras y carteras en un puesto en la calle Sarmiento. El joven que llegó hace tiempo desde África en búsqueda de vivir mejor dijo que "los precios aumentaron mucho y la gente no tiene plata para comprar". A pesar de la baja en sus ventas aseguró que sigue yendo durante todas las jornadas y que con su trabajo puede mantenerse.

Para José, el vendedor de churros y alfajores de maicena, las ventas no bajaron. "Acá en la calle sigue normal", aseguró. El hombre arranca en la mañana temprano, compra su mercadería, que luego revende.

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Para poder subsistir dedica a esta venta 12 horas por día, llega a las 8.30 de la mañana y se va a las 20.30. Los alfajores los vende a 6 mil pesos la docena, y los churros a 5 mil.

"La gente que anda de paso es la que consume, y después tengo a mis clientes que vienen siempre, conocen mi mercedaría, saben cómo es y pasan y compran", relató.

Para Hilda, una mujer que vende medias, "la calle no está fácil". "Y vendo poquito, quizás dos pares, me quedo de 10 hasta las 17", contó la mujer quien vende tres pares de soquetes a 2000 pesos. "Lo que vendo es lo que tengo para el día", aseguró.

Caminata

Ruth es vendedora ambulante de tortas fritas, bolas de fraile, pan con chicharrón, rosquitas y torta de manzanas con nueces. Su jornada empieza muy temprano en su casa porque elabora todo lo salado desde las 5 de la mañana. Lo dulce lo hace el día anterior. Arranca desde el Este y llega al centro a las 9. Camina todo el Bajo para vender su mercadería.

"Es todo artesanal y lo cocino yo. Me cuesta un poco más pero sigo vendiendo. Incluso a veces ni llego hasta la Avenida Argentina porque me mandan mensajes mis clientes y les llevo directamente", contó.

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Uno de los vendedores más conocidos del centro neuquino, o al menos lo más conocido es su cántico, es José. El hombre de 72 años vende miel, "miel de Aluminé. El kilo de este producto sale 5500 pesos y según indicó "la gente no se priva de comprar cuando es comida".

"Estoy pensionado, y con esto me mantengo, somos mi mamá y yo solos. Trabajo unas 5 horas siempre por la mañana, me tomo el 30 desde el barrio Belgrano, a cinco cuadras del Balneario, y me bajo en la universidad y de ahí hago el recorrido. Luego vuelvo a tomar para volver al barrio", contó el hombre.

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"No me quejo de nada. La gente siempre compra. Los aros arrancan desde los dos mil pesos el par, y las pulseras tejidas en 800 pesos", contó Luis un vendedor y artesano de bijouterie. Este vendedor callejero se queda en su puesto todos los días de 10 a 18 y dijo que aunque "ahora se ajustó un poquito por la economía, se vende".

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Lo mismo opinó Sonia, una mujer que vende huevos en la esquina de Roca y Chrestía. Para vivir esta vendedora dedica unas 5 horas por día. "Ahora bajaron un poco las ventas, quizás porque empezaron las clases y las familias tuvieron que comprar los útiles para la escuela, pero ya va a repuntar", se esperanzó.

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