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La biblioteca pública que reúne cada día a 60 jóvenes neuquinos

En la Gregorio Álvarez, ubicada en la Casa de las Leyes, se convocan chicos de 16 a 20 años.

Leer no pasó de moda, así parece demostrarlo el éxito de la Feria del Libro. Más allá de lo eventual y espectacular, hay un ritual cotidiano que construyen de manera silenciosa y desapercibida las muchas personas que asisten a las bibliotecas neuquinas. En la biblioteca Gregorio Álvarez de la ciudad de Neuquén, en la era de la inteligencia artificial y la inmediatez, decenas de chicos y chicas son, sin saberlo, una trinchera de humanidad.

Son cerca de las 15 cuando un chico de unos 16 años entra a la biblioteca, se acerca a la recepción y le pregunta a la bibliotecaria si es gratis usar el espacio, si se puede elegir cualquier libro y si está El capital de Marx. Ante el sí a todas sus preguntas, el chico le devuelve una sonrisa generosa, toma su libro, elige una mesa y empieza a leer. Al rato vuelve a pararse y pide un diccionario.

Esta escena hermosa y en apariencia extraordinaria transcurre un lunes, pero podría ser cualquier día. Sí, las pibas y los pibes leen. Leen y por supuesto que crean otros universos, otras sonoridades, otras culturas que van cobrando vuelo, aunque muchos y muchas se incomoden, pero esa es otra historia.

Lo cierto es que la biblioteca Dr. Gregorio Álvarez recibe a más de 60 usuarios por día. La mayoría son jóvenes que tienen entre 14 y 20 años, que viven en diferentes barrios neuquinos y que asisten a las escuelas de cercanía. Van a estudiar, a hacer trabajos prácticos, a leer mientras esperan volver a la escuela o a sus casas. También es cierto que muchos van a encontrarse con sus pares y a charlar en el anfiteatro del antiguo edificio legislativo. Como sea, son un montón de pibes y pibas que, en vez de estar en la calle, están en una biblioteca y que, más allá de sus diversas realidades, tienen por igual acceso a los más de 10.500 libros que integran la colección, son bien tratados y pueden hacer uso de un lugar lindo, limpio y bien iluminado.

“Las bibliotecas son mucho más que libros, tienen un rol profundamente social”, explica Zulma Robles, quien todas las mañanas, a las 8 en punto, abre las puertas de la biblioteca y puede ver cómo las mesas se empiezan a llenar de carpetas, papeles, libros y voces.

biblioteca pública Gregorio Álvarez

Son muchos los días en los que hay que armar más mesas en el hall, porque rápidamente se ocupa el espacio. Y aun cuando está en pleno funcionamiento, los chicos y chicas, en su gran mayoría, se comportan con respeto: hablando bajito, pidiendo permiso y dejando lugar en sus mesas por si a alguien le faltó acomodarse.

Santino Giménez y Thiago Quiñiñir estudian en la EPET N° 8 y vienen a la biblioteca desde hace dos años, cuando volvió a abrir luego de la pandemia. No lo hacen solos, sino con un grupo grande de chicas y chicos que se sientan a repasar lecciones y debatir frente a un pizarrón. Santino cuenta que a él lo invitó un amigo y que él fue avisándoles a otros sobre ese espacio armónico y silencioso que les permite estar tranquilos.

Fue también un amigo el que invitó a Estaban Ñanco, un joven de Zapala que en el 2019 se vino a Neuquén a estudiar ingeniería, que trabaja como profesor en la EPET y que desde entonces viene a la biblio a leer y a preparar sus clases.

Si bien hay difusión sobre la biblioteca en diferentes espacios, la mayoría de las personas que llegan hasta aquí lo hacen porque alguien se lo recomendó. Claro que sí, como cuando se sugiere un buen vino, una canción o una película: básicamente, recomendamos todo lo que nos hace felices.

biblioteca pública Gregorio Álvarez

La biblioteca de Casa de las Leyes, recientemente nombrada Dr. Gregorio Álvarez, abrió sus puertas en Olascoaga 560 el 8 de abril de 2011, “ante la demanda del barrio que buscaba recuperar un espacio público y de encuentro, luego de que la histórica biblioteca parlamentaria Juan José Brion se mudara a la calle Leloir junto a la Legislatura en el año 2007”, explica la jefa del departamento, Marcela Carrazco.

La historia deja huellas. Para todo el barrio fue un cimbronazo despojarse del movimiento que implicaba la Legislatura y sobre todo del espacio que los hacía parte, los integraba y les abría las puertas como lo hacía la biblioteca. Por eso, cuando el antiguo edificio legislativo comenzó a proyectarse en Paseo Histórico y Complejo Cultural, antes vio renacer su biblioteca.

Entre recuerdos y descubrimientos

Eduardo González, que después de largos años volvió a la antigua Legislatura por una capacitación de RCP, recuerda cuando era estudiante de la ENET y pasaba largas horas mirando planos y dibujos en los libros que encontraba en la biblioteca. No, no es la misma, no está ubicada en la misma sala, no están las bibliotecarias que lo incentivaban a estudiar, ni la enciclopedia con imágenes de la guerra que miraba cuando era un chico que recién empezaba la secundaria. Pero sí están las mesas llenas, sí están los libros al alcance de todos, sí conserva ese sentido de inclusión, libertad y equidad que le fascinaba “porque no estaba acostumbrado a la democracia”.

Las bibliotecas son ese espacio que nos recuerda que alguien más está allí transitando, ese mundo en apariencia solitario, una puerta que se abre para compartir, para empujarnos.

Quizá también fue por eso que Andrea Malca llegó a la biblioteca una tarde de hace 10 años junto a su hija Ailén, que entonces tenía 4. Una lectora apasionada que a los 8 años abrió Mujercitas, la obra de Louisa May Alcott, y nunca más pudo detenerse. Aun teniendo la posibilidad de leer en su casa o de comprar libros, se hizo socia y en cuanto su pequeña empezó a leer, también la asoció para que pudiera aprender a elegir, cuidar y fundar su propio camino en la lectura que hoy la lleva a la literatura de misterio y a los policiales clásicos.

biblioteca pública Gregorio Álvarez

Lo mismo hizo con Noah, que a los 12 años puede ostentar el título de ser el más activo socio de la biblioteca Gregorio Álvarez, con sus lecturas de fútbol que van desde el Negro Fontanarrosa hasta el neuquino Jordi Aguiar; y luego con la pequeña Joy de 5 años, que una tarde de lectura familiar dio sus primeros pasos en el anfiteatro de Casa de las Leyes.

Esa familiaridad que se genera en los espacios también es la que impulsa a Paula Pérez Britos y su pequeño León, de 3 años, a venir todos los días. Llegan, piden auriculares, León juega con libros, pinta o mira unos dibujitos, mientras su mamá investiga sobre otras formas de educación. Pero también hay una sonrisa, un abrazo, una pregunta, todo lo que no abunda. Paula es de Pinamar, llegó hace unos años a Neuquén en busca de trabajo. No viven cerca de la biblioteca, pero eligen venir porque ahí se sienten “como en el living de casa, porque es el mismo León que al terminar una actividad dice ‘¿vamos a la biblio, mamá?’”. Y sobre todo porque ahí encuentran un incentivo y una oportunidad.

“Siempre que vengo, leo la historia de Gregorio Álvarez que está en la pared. Mirá, esa parte que dice: ‘A los 10 años, cuando trabajaba en la Oficina de Correos, se enteró de unas becas para niños del Territorio Patagónico. Gregorio fue el único niño en presentarse a la convocatoria, hecho que le cambiaría la vida’. ¿Ves? Eso es una oportunidad. Eso es Dios”, dice.

Es muy probable que Andrea, Paula, Santino, Eduardo, Thiago y Esteban no coincidan en otros espacios, muy pocas veces incluso lo hacen en la biblioteca, pero ahí están, silenciosos, anónimos, iguales, juntos.

biblioteca pública Gregorio Álvarez

José de San Martín dijo alguna vez: “Las bibliotecas, destinadas a la educación universal, son más poderosas que nuestros ejércitos para sostener la independencia”.

Es difícil no flaquear y argüir que lejos quedaron aquellos tiempos con sentido de patria e independencia que nos proponía San Martín. Más difícil es no llenarnos de realidad y decir que cuando hay panzas vacías no se puede leer ni pensar. Pero también es necesario llenarnos de esperanza, esperanza y futuro con las oportunidades que tenemos al alcance de la mano, como un libro, una mesa, un otro y una otra para compartir el camino.

Todas las vidas que entran en una biblioteca

“Una biblioteca no es un conjunto de libros leídos, sino una compañía, un refugio y un proyecto de vida”, dice el escritor Arturo Pérez-Reverte. Si bien la lectura es un acto solitario e individual, es para proyectar un mundo mejor, es para encontrarnos con la diversidad.

En la provincia de Neuquén hay 70 bibliotecas populares, un mínimo de 50 bibliotecas educativas, y cerca de seis bibliotecas públicas como la Gregorio Álvarez.

Las oportunidades están, el desafío se encuentra en llenar esos espacios de sentido y humanidad, tanto para grandes como para chicos.

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