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La historia de Juan, el enfermero que llegó a presidente de Atlético Neuquén

A los ocho años, su familia arribó a la ciudad desde Andacollo. Luego de trabajar 30 años en el Hospital Castro Rendón, se encontró con el Tricolor en donde alberga más de 500 chicos que sueñan convertirse en futbolistas.

Al pie de la Cordillera del Viento, entre valles luminosos, salpicados por ríos y arroyos, se encuentra Andacollo, en el noroeste de la provincia de Neuquén. En esa localidad, en la que actualmente habitan más de 4 mil habitantes, nació Juan Francisco Gutiérrez. La vida hizo que a su temprana edad deje su pueblo tras el fallecimiento de su papá. Es que su madre tomó la decisión de mudarse a la capital neuquina con la idea de prosperar y conseguir trabajo, además de pensar en un futuro alentador sus otros tres hijos: Juan Domingo, Clotilde y Norma.

Corría la década del ’70 cuando la familia se instaló en el barrio Villa María, en donde Juan atravesó gran parte de su infancia y adolescencia. “De Villa María tengo los mejores recuerdos porque hice la primaria en la Escuela N° 82 (Av. Olascoaga 1200) que aún está en el mismo lugar. Pero desde chico tuve que trabajar”, afirmó Juan.

Eran tiempos que no quedaba otra que poner el lomo y darle para adelante porque la situación era compleja ante la ausencia de la figura paternal. “Era un nene de 12 años cuando vendía diarios. Nos movíamos por la Avenida Olascoaga y la calle San Luis más algunas cuadras de esa zona del bajo de la ciudad. En ese tiempo la distribuidora de diarios estaba en la calle Carlos H Rodríguez”, recordó sobre sus primeros quehaceres para ganarse y juntar unos pesos.

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En las imágenes fotográficas que se alojan en un rincón de la memoria de Juan aparecen en su andar en las calles el Hotel Confluencia (se ubicaba en donde hoy está el BPN), la Tienda Buenos Aires (se situaba en la primera cuadra de calle Sarmiento), Tienda Suiza y las paradas de taxi, que se ubicaban en distintos puntos de lo largo de la Avenida.

“Hice de todo y fui radio operador para una empresa de petróleo durante años. Estuve por la zona de Catriel, Charco Bayo. Cuando murió mi viejo las cosas cambiaron y se nos modificó la vida. Pero tuvimos a mi madre que fue las que nos apuntaló y nos sacó adelante a todos con el trabajo”, agregó.

Estudiar para ser enfermero

Una vez que concluyó la primaria, Gutiérrez continuó con sus estudios, pero en su nueva etapa como estudiante afrontó una parte asistiendo en el horario nocturno. “Terminé el secundario en la Escuela 2 a los 16 años y dos años después comencé a estudiar en la escuela de enfermería”, contó Juan.

“Mientras estudiaba seguí laburando y fui uno de los mozos de la Pizzería Cabildo que quedada frente a la radio LU5 en la calle Alberdi. Era bravo porque salía a las dos de la mañana de la pizzería y a las 7, 30 de la mañana tenía que estar en la escuela”, acotó.

Sin saberlo ni menos imaginarlo, esa carrera lo depositaría en lo que Gutiérrez, fanático de River, llama hoy su nueva casa. Sin embargo, tendría que hacer un recorrido antes de convertirse en dirigente deportivo.

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“La escuela quedaba sobre calle Tucumán al 800, cerca de calle Alderete. Éramos como 40 alumnos y uno de los profesores que recuerdo siempre fue el doctor Ferrerías, quien era ginecólogo. Un año antes de recibir el título entré a trabajar en el Policlínico ADOS”, recordó.

Su arribo al Hospital Castro Rendón

Su paso y experiencia por ese sanatorio sería de corto plazo. Con el inicio de la década del ’80, fue convocado para prestar sus servicios en el Hospital Castro Rendón: “Me llamaron de la subsecretaría de Salud y fui derechito a la parte de Terapia Intensiva. La verdad que era mi vida porque aprendí de todo; desde intubar pacientes, suturar, subclavia, masajes a corazón abierto, hacíamos de todo. En ese momento, el Sistema de Salud de la provincia era lo mejor que había en toda la Patagonia y había mucha gente de Chile que venía a colocarse marcapasos. No se cobraba un peso”.

Gutiérrez afirmó que el ex gobernador Don Felipe Sapag fue el gran impulsor del Plan de Salud provincial que comenzó en los ’70. Precisamente, recordó a modo de anécdota su encuentro con quien fue cinco veces gobernador de la provincia. “Estábamos de guardia y llegó un paciente proveniente de Los Miches –localidad del norte neuquino- y estaba el doctor Hernán Calvo. En un momento de la noche golpeaban la puerta con insistencia. 'Deja que golpeen’, me dijo el doctor que en ese momento estaba ocupado. Pero cuando fui abrir la puerta me encontré con Don Felipe que venía a ver a Antiñir, el hombre que había arribado de Los Miches y que pertenecía a una comunidad mapuche. Después me enteré que a la gente que trasladaban desde el interior al hospital siempre iba a visitarla para saber su estado de salud”.

Juan contó que en los ’80, la sala de Terapia Intensiva del hospital estaba compuesta por cinco camas.

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“Mi vida fue laburar y laburar. Trabajé 35 años en Calf, 30 en el Castro Rendón y cinco años en los cuidados paliativos en el Bouquet Roldán, que fue una de las cosas que más me llegó al trabajar tantos años en Salud. Vi morir gente, pero vivir esa experiencia en paliativos fue lo máximo para mí. El hablar con esas personas, que saben que se van a ir, me llenó el alma. Es fuerte pero son aprendizajes de la vida, de valoración, sensaciones de muchísimas cosas”, se explayó para hablar de su profesión.

El camino en Atlético Neuquén

Guillermo, uno de sus cuatro hijos de su primer matrimonio, fue el responsable de que Juan pisara por primera vez la cancha del club Atlético Neuquén (Saavedra 250). “Tenía 10 años cuando me dijo que los habían invitado al club. Guillermo hoy es Radiólogo así que hace 30 que estoy vinculado con Atlético. Primero estuve presente como padre y luego pasé a colaborar como enfermero y camillero. Todo fue ad honorem porque también era poner lo que se podía de dinero para ayudar al club. Era algo que pasaba y que sigue pasando en la actualidad en otros clubes”, describió Juan sobre cómo comenzó a vincularse con la entidad.

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Atlético Neuquén comenzó a tener vida el 12 de septiembre de 1985 tras la fusión entre Deportivo Limay, Barrio Nuevo y Deportivo Neuquén. El próximo jueves celebrará sus 39 años.

Mientras el enfermero iba involucrándose con la institución Tricolor, el pedido de un grupo de padres y algunos allegados a la dirigencia para que Gutiérrez integre la subcomisión de futbol no tardó en llegar. “Eso fue en el año 2010. Se hacía lo que se podía. Recuerdo mucho a Bruno Sepúlveda y a don Luis Parada, quien hace ocho años falleció. Era gente que laburaban por cariño al club, que siempre daban una mano”, comentó.

El salto a diferentes comisiones directivas durante las gestiones de Rolo Suárez y César Cedrón (dirigente reconocido en el ámbito del básquet zonal) hizo que Juan tuviera otras aspiraciones, pero fue una tarea sencilla. “No fue de un día para otro. Me costó por la gente que había en ese momento. Siempre se alternaban entre ellos. Se hablaba de vender el predio en ese tiempo y la verdad que me atrinchere en el club, me oponía a esa supuesta venta porque yo insistía con el fútbol”, explicó.

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Finalmente, fue Rolo Suárez, ex presidente del club, quien impulsó a Gutiérrez a la presidencia que logró obtener en el año 2018.

“Antes de convertirme en presidente acá no había casi nada. Estaba la cancha de fútbol que era de arena, las tribunas, una canchita que era de piedra y una cantina”, describió el actual presidente. “En ese momento de la décima categoría a la primera división el club solo contaban con 150 chicos. Hoy Atlético tiene más de 500 chicos a los cuales le damos una merienda”, agregó.

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Gutiérrez consideró que la colocación del césped sintético en el campo de juego marcó un antes y después. El dinero para llevar adelante el proyecto lo aportó la provincia con los aportes del Instituto de Juegos de Azar del Neuquén (IJAN). “Atlético no recibió un peso porque lo manejaba directamente el IJAM. Solo me ocupaba de manejar el avance de las obras y de pedir presupuestos. Nunca tocamos una moneda”, sostuvo Juan, quien se jubiló en 2018.

“La cancha ya tiene siete años y todavía está impecable. Si vos ves el estado de otras canchas hay muchas que están destruidas. Muchos quieren venir a jugar acá. Son varios los colegas que me han dicho que la cancha está tremenda”, acotó.

En cuanto a la infraestructura, Atlético ha crecido y hoy cuenta con una sala de musculación –a cargo de Jesús Mora, ex jugador del club-, vestuarios completamente nuevos y modernos, dos canchas de sintético con dimensiones más chicas que la profesional, un quincho de grandes dimensiones y una sala destinada a la indumentaria del club (camperas, camisetas, gorras, remeras, buzos) en donde grandes y chicos pueden adquirir su propia ropa para sentirse identificado con la institución.

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“No se hizo (la indumentaria) pensando en una tienda, sino para que los chicos tenga sentido de pertenencia con el club. Hay muchos que van a la escuela con ropa con los colores o escudito de Atlético”, contó Juan. Entre otras cosas, posee su propio micro para los traslados de larga distancia y, un albergue para 24 personas.

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“En el club hoy seis personas fijas trabajando que me acompañan siempre. Después se suman otras treintas entre profesores y técnicos de fútbol. Todo lo que se hizo está a la vista”, resaltó el presidente Tricolor.

Compañera de fierro

Por otro lado, Gutiérrez destacó el acompañamiento y labor de su mujer, Adriana, con quien contrajo matrimonio hace 22 años. Fruto de su amor llegó al mundo, Aldana. “Si no hubiese por mi mujer no habríamos logrado tantas cosas. Dentro de la institución fue un puntal para mí porque comenzamos a proyectar, soñar cosas y fue también quien me empujó a tonar decisiones. Primeros empezamos a proyectarnos en los vestuarios, sanitarios… en la gente, a la que mínimamente hay que bridarle una comodidad, higiene. Y los chichos han aprendido a cuidar todo. Después junto a Adriana hicimos los albergues; yo pegaba los pisos y ella cortaba los materiales con la moladora”, reveló Juan.

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“Creo que para ser una institución seria y responsable tenemos que dar respuestas. Nos hemos manejado bien. Nosotros no estudiamos para ser dirigente de fútbol. Hay cursos para capacitarse y toso eso, pero para esto hay que tener ganas, tiempo y trabajo. Ya presentamos un proyecto para continuar mejorando las instalaciones y también estamos peleando la recuperación del terreno que se encuentra en Confluencia (ex cancha de Deportivo Limay), en donde hoy hay una chacharita. Hay un problema legal pero estoy seguro que lo vamos recuperar. Hay muchas cosas por hacer y soñar”, explicó.

Aferrado al lema “Cumple sus sueños quien resiste con trabajo y humildad”, Juan Francisco Gutiérrez dice que piensa todos los días en cómo mejorar la institución dejando atrás situaciones insólitas como poner colchones en la cancha –cuando era de tierra y se formaban lagunas- para secarla y poder jugar los domingos tras la lluvia caída.

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“A mí me gusta mucho el deporte y esto es pura pasión. Después me llevo todo el cariño de los chicos. Y eso no tiene precio porque te hacen emocionar todos los días. Después llego a mi casa y duermo tranquilo, aunque a veces no puedo porque mi cabeza sigue girando alrededor del club”, concluyó orgulloso.

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