Verónica Chafrat conoció su diagnóstico por un hallazgo casual en un autoexamen mamario. La importancia de actuar a tiempo y mantener los hábitos saludables para reducir el impacto de los tratamientos oncológicos.
Cuando Verónica Chafrat se enfrentó por primera vez a su diagnóstico, la sorpresa la dejó paralizada: carcinoma invasor triple negativo. Lo que parecía solo un bultito en el pecho, una molestia leve por el roce del corpiño, se perfilaba ahora como un horizonte de infinitos tratamientos médicos. Pero aprendió pronto que ninguna resistencia que opusiera iba a modificar los pronósticos de su salud y que, en cambio, sí podía hacer la diferencia con una actitud positiva y con la decisión de actuar rápido para ganar un tiempo valioso en su lucha contra el cáncer de mama.
Quizás por su formación en biología o genética, o quizás por su rutina disciplinada vinculada a la meditación, la buena alimentación y el ejercicio, Verónica siempre se tomó los chequeos médicos muy en serio. Sin embargo, en febrero de este año, apenas seis meses después de haberse hecho los chequeos de rutina, sintió un bulto doloroso en la mama izquierda y se decidió a consultar con una mastóloga.
"Me palpé un bultito chiquito en la parte lateral de la mama izquierda y me dolía con el roce del corpiño, primero pensaba que era un esfuerzo del gimnasio y entrenamiento con pesas", dijo y agregó, que como el dolor persistía, esperó estoica por un turno con una mastóloga en General Roca, la ciudad donde vive. Cuando llegaron los primeros resultados, buscó la opinión de otros profesionales y recurrió a Josefina Rodríguez, de Leben Salud, de quien había escuchado buenas referencias.
"En Roca era muy complejo el seguimiento por la dificultad para conseguir turnos y las 2 o 3 horas que pasaba en la sala de espera", dijo y aclaró que en Leben le pidieron repetir los estudios por imágenes y realizar una punción y una biopsia para conocer las características del tumor. "Era un tumor muy pequeño pero justificaba hacer un tratamiento oncológico completo", aclaró.
Al principio, a Verónica le costó aceptar su diagnóstico. La palabra cáncer, siempre atada a mitos de debilidad y pronósticos sombríos, no parecía ajustarse a su perfil de vida sana. "Me tomó por sorpresa, nunca pensé que iba a escuchar un diagnóstico así", dijo en una entrevista con LMNeuquén.
"Tenía antecedentes porque mi abuela paterna tuvo cáncer de mama, pero yo soy profe en la Facultad de Medicina, doy clases de biología molecular y genética, y no me parecían antecedentes suficientes para hacer un diagnóstico genético, nunca se me ocurrió hacer un análisis genética para ver si era portador de un gen", aclaró la mujer, que planea realizar uno cuando termine su tratamiento oncológico.
De la sorpresa al rol activo
Verónica admitió que la sorpresa al conocer la noticia consiguió paralizarla los primeros días. Sin embargo, consideró que el apoyo de su familia y la contención del equipo médico fueron fundamentales para cambiar su punto de vista y motivarla a tomar un rol activo en su tratamiento y recuperación.
"Hay dos cosas que me ayudaron mucho, primero la contención familiar que tuve desde el momento cero, con todos dispuestos a estar ahí acompañando, y segundo la calidad profesional, el acompañamiento del médico, que esté atento a lo que te pasa, que te pregunte cómo te sentís, que gestione todo lo que sigue también son importantes", aseguró.
Después de sus primeras experiencias, con el tedio de conseguir turnos y las largas horas en las salas de espera, destacó la atención en Leben Salud, donde su tratamiento "avanzó por un tubo" y la dejó concentrarse en estar fuerte para su recuperación.
"Como el tumor era muy chiquito, hicimos la cirugía primero", dijo y agregó: "En mayo ya estaba operada y empecé la quimioterapia, con un primer tratamiento de dos meses y otro que sigo ahora, con aplicaciones semanales".
Para Verónica, lo más importante de su quimioterapia es el rol humano de los médicos y enfermeros. Los profesionales de Leben Salud la saludan por su nombre y recuerdan no sólo su diagnóstico inicial sino el momento exacto de su tratamiento. "Las enfermeras son siempre muy alegres y hasta se acuerdan si estuve bien o mal de ánimo en la sesión anterior, es un staff increíblemente humano", aseguró.
Vida saludable, clave para el tratamiento
"Gracias a la contención entendí que no había dosis de resistencia de mi parte que pudiera cambiar ese diagnóstico, uno se resiste porque no quiere escuchar algo que asusta mucho. Pero entendí rápidamente que resistiéndose o sintiéndome mal no iba a obtener buenos resultados, tenía que pasar rápidamente a la acción", afirmó Verónica.
Aunque su rutina cambió, trata de mantener la vida activa que siempre la caracterizó y que incluso la predispuso a no sufrir tantos efectos adversos con el tratamiento. "Yo hacía ejercicios de resistencia y hoy sigo haciendo por recomendación médica", afirmó.
Sin embargo, tuvo que dejar de trabajar y cambiar las visitas al gimnasio por rutinas caseras de ejercicio, con el objetivo de no exponerse al frío y a espacios hacinados que incrementan los riesgos de contagio de otras enfermedades. A eso, sumó un elemento clave que la ayuda en la recuperación: "Desde hace años empecé a practicar meditación por el estrés, y es algo que me ayuda mucho", aclaró.
"No he salido a correr para no tomar frío y ahora en estos días creo que voy a poder retomar la actividad física aeróbica, la de resistencia está muy recomendado, ha visto resultados de muy buena respuesta y recuperación gracias a la actividad física", dijo y agregó: "Practico meditación hace varios años que también me hizo muy bien, he tenido problemas con el estrés en el pasado que me llevaron a la práctica de meditación y me ayuda mucho. No todo el mundo se vincula con esas prácticas más contemplativas, pero la actividad física ayuda a sosegar la mente y está al alcance de todos, no sólo ayudan a sobrellevar el tratamiento sino también a la rápida recuperación".
Si bien reconoció que el tratamiento contra el cáncer tiene un alto costo, aseguró que las actitudes pesimistas no ayudan a resolver nada. "Los tratamientos son invasivos porque hay cirugía, los de quimioterapia con drogas más tradicionales hacen que muchas personas sufran de trastornos digestivos, decaimiento, hay caída de cabello, tiene mucho impacto en la vida cotidiana de la persona, tiene mucho que ver con la identidad de uno. Son impactos que tiene el tratamiento con los que hay que convivir, el tratamiento tiene un costo físico y emocional".
Para ella, su formación como bióloga y su trabajo de 25 años como docente e investigadora en la Facultad de Medicina también sirvieron de ayuda para comprender su pronóstico y las etapas de su tratamiento. Sin embargo, aseguró que su equipo médico, compuesto por Fiorella Lancioni y el oncólogo Luciano Piazzoni, también hizo su aporte con explicaciones didácticas y llenas de humanidad, que borraban cualquier temor o incertidumbre sobre su tratamiento.
Por qué es importante el diagnóstico temprano
Si bien Verónica tiene ya incorporados distintos hábitos saludables en su rutina, reconoció que no tenía la costumbre de hacer un autoexamen mamario. "Creo que no todas las personas se dan cuenta de que tienen un bultito en una mama, la costumbre del autoexamen de mama no está muy instalada, yo simplemente iba a los controles. No tenía la costumbre de palpar a ver si sentía un bultito, lo sentí por el dolor", señaló.
Y admitió: "Yo tuve suerte porque sentí el dolor; si no, hubiera esperado unos meses más Y con un carcinoma agresivo como el que yo tenía hubiera sido diferente, por suerte no tenía metástasis y el carcinoma estaba localizado".
Para Verónica, que conocía las actividades del octubre rosa pero no se involucraba demasiado, su perspectiva sobre la importancia de la concientización cambió por completo. Por eso, consideró que era importante difundir la necesidad de los autoexámenes y los chequeos periódicos, sin restarle importancia a las primeras señales. Así, la frase del diagnóstico temprano que salva vidas dejó de ser una oración trillada para hacerse carne en su propia historia.
La mujer reconoció que las esperas por turnos suelen desmotivar a muchos pacientes. "Los médicos suelen estar saturados y a veces en la vorágine nos cuesta adaptarnos a esperar por un turno", dijo e insistió en que, pese a estos obstáculos, tener un diagnóstico "cuanto antes" también ayuda a que los profesionales puedan ofrecer opciones de tratamientos menos invasivos.
"Uno escucha la palabra cáncer, quimioterapia y se imagina personas muy debilitadas, hospitalizadas", dijo sobre los mitos en torno a la enfermedad. "Pero eso no se verifica en todas las personas: en mi caso estoy muy bien y veo mucha gente que está muy bien. Hoy los tratamientos han variado un montón, que no implican esta clase de drogas, hay inmunoterapia y un abanico más amplio, y la calidad del profesional es muy importante, que te dé las opciones y que esté informado y actualizado", agregó.
Para Verónica, sobreponerse al impacto del diagnóstico y actuar rápido es fundamental para iniciar un tratamiento que puede cambiar el panorama. Pero reconoció que esa proeza no la consiguió sola: en cada instancia del camino se apoyó en la incondicionalidad de su familia y un equipo médico formado, con equipamiento actualizado pero, sobre todo, cargado de pura humanidad.
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