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Las hermanas de riñón volvieron a encontrarse para celebrar la vida

Hace 8 años que se realizó el trasplante. Érika y Alejandra (donante y receptora) siguen más amigas que nunca y son un ejemplo.

Hace ocho años le regaló lo que su amiga más quería y necesitaba. No era una joya, ni una camisa de moda, ni un perfume, ni siquiera dinero. El regalo fue un riñón, su propio riñón para que ella pudiera seguir viviendo.

La historia de Erika Flores y Alejandra Álvarez es conocida. Pero siempre tienen algo para contar, especialmente cuando se encuentran casi todos los años para celebrar la vida y, de paso, para realizarse los chequeos médicos de rutina para asegurar que todo sigue bien.

Una vive en Buenos Aires y la otra, en Neuquén. Se quieren como hermanas, no solo porque se conocen desde que eran casi adolescentes, cuando trabajaban como promotoras en Neuquén, sino porque ambas protagonizaron una hermosa historia de amor.

Todo comenzó hace unos 9 años cuando Alejandra le contó a Érika que se había enfermado y que el diagnóstico no era bueno. Los médicos le dijeron que se trataba poliquistosis renal, que no era otra cosa que la aparición de pequeños quistes en los riñones que estaban destruyendo sus funciones. Pese a esta dolencia, Alejandra quedó embarazada, pero con el tiempo su salud fue deteriorándose al punto que tuvo que someterse a diálisis diarias para poder seguir viviendo.

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Aunque las amigas estaban separadas por la distancia (Alejandra se había ido a vivir a Buenos Aires y Érika, a Rosario), mantenían largas conversaciones telefónicas diarias en las que hablaban de la vida, de sus proyectos y también de sus miedos.

Durante aquellas charlas, un día Alejandra le confesó que no podía vivir más de esa manera. El proceso de diálisis era interminable y si no se hacía un trasplante renal, su vida sería cada vez más complicada. En rigor, la joven ya estaba en la lista de emergencias, pero los donantes no aparecían y, si aparecían, no eran compatibles.

“¿Qué necesitás para que yo te done mi riñón?”, le preguntó un día Érika. Alejandra quedó sorprendida. Le explicó que para ser donante tenía que tener el grupo A positivo, como ella. “¡Tenemos el mismo grupo!”, le respondió la amiga.

Los estudios se hicieron y la compatibilidad era del 100 por ciento, por lo que el trasplante se realizó de manera exitosa el 18 de febrero de 2015.

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Las hermanas de riñón: paseos y risas

En septiembre cumplieron 8 años y medio de la cirugía y aunque los números del aniversario no eran redondos, Érika viajó recientemente a Buenos Aires para visitar a su hermana de riñón.

“Yo viajo cada año o año y medio a Buenos Aires para visitarla. Más allá que yo tengo a mi nefrólogo enNeuquén, que es Osvaldo Nefa, nuestro nefrólogo que es Hernán Trimarchi, siempre me hace un examen de laboratorio para ver que todo esté bien”, contó Érika, quien aseguró que los últimos análisis dieron perfectos.

Durante los días que estuvieron juntas en Buenos Aires, Érika y Alejandra salieron a comer, a pasear y a disfrutar la vida como lo vienen haciendo desde que se realizó la cirugía.

Alejandra trabaja en una empresa, pero también está estudiando inglés y reciclado de muebles. Vive con su hijo que tiene 20 años.

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En Neuquén, Érika dejó una distribuidora mayorista de repuestos para autos y hace un mes y medio trabaja en la sede de Edersa, de Cipolletti y vive con su hija.

“No somos amigas de corazón; somos amigas de riñón”, bromean las dos tras aquella operación que las dejó más unidas que nunca. Alejandra mantiene tres órganos (dos propios que casi no funcionan pero que no se los extirparon, y el otro que le cedió su amiga) y lleva una vida normal, completamente distinta a la que tuvo que afrontar durante casi tres años de procesos invasivos de diálisis, sabiendo que no podría soportar mucho más tiempo semejante tratamiento desgastante.

“Estamos permanentemente atentas a lo que nos pasa; ahora nos cuidamos más y somos mucho más íntimas de lo que éramos”, reconoce Érika. Dice que la preocupación por saber cómo está la otra es constante y por eso es que el contacto es casi cotidiano, a través de una llamada telefónica o un mensaje de Whatsapp.

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