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Los más jóvenes, el dolor de cabeza de los guardavidas

Son los que menos caso hacen a la hora de lanzarse al agua en los balnearios neuquinos sobre el río Limay. En 15 días de enero ya hubo 160 rescates.

Pasaron dos semanas del año que recién se inicia y pese al intenso calor y a las miles de personas que concurren a la costa del río Limay, en la ciudad de Neuquén, no hubo que lamentar víctimas fatales. El operativo de prevención está funcionando exitosamente y los guardavidas realizan un trabajo intenso para evitar muertes. Recorren la costa, hablan con los bañistas, les hacen recomendaciones sobre los lugares peligrosos que acechan escondidos en las profundidades del río, aunque no siempre son escuchados.

En lo que va del año, se estima que hubo unos 160 rescates. Algunos fueron simpes; otros más dramáticos, aunque esas intervenciones permitieron que el listado de víctimas se siga manteniendo en cero.

“Haber incorporado cuatro motos de agua, dos botes semi rígidos y dos cuatriciclos nos permitió que el operativo de prevención sea exitoso”, aseguró Francisco Baggio, subsecretario de Medioambiente y Protección Ciudadana de la Municipalidad de Neuquén, quien explicó que el hecho de que los guardavidas no estén en un lugar fijo contribuyó a mejorar esa prevención.

“Es más efectivo el guardavida que camina la costa y habla con la gente. Por eso los salvatajes bajaron un 60 por ciento”, explicó el funcionario.

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Aclaró que el operativo de seguridad también lo integran personal de la Policía y del Sistemas Integrado de Emergencias de Neuquén (SIEN) que conforman un equipo fundamental para que el verano transcurra sin tragedias ni incidentes que puedan costarles la vida a las personas.

Baggio reconoce, no obstante, que la prevención funciona, pero que hay un grupo etario que va desde los 14 a los 20 años, aproximadamente, que no siempre hace caso a las recomendaciones y permanentemente desafía el peligro. También están los jóvenes que realizan previas en la costa y consumen alcohol en exceso, que son otro factor de riesgo permanente. Finalmente están aquellos que buscan el mejor lugar del río para hacer un asado, sin tener en cuenta que eses sector no está habilitado. A la hora del chapuzón, los riesgos se multiplican porque no hay guardavidas.

El funcionario reconoció que tuvieron que poner un equipo de rescate en el final de la Isla 132, donde hay un remolino que es peligrosísimo y la correntada lleva a los intrépidos bañistas directamente a esa trampa mortal. “No está habilitado, pero tuvimos que poner gente igual porque hay muchos que concurren allí y se tiran, pese a las recomendaciones que se les hacen”, lamentó Baggio.

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Más allá de esto, el funcionario aseguró que se siente orgulloso por el equipo de trabajo que se logró conformar y por el sistema que finalmente se aceitó a la hora de las emergencias. Puso como ejemplo la utilización del río como vía de evacuación, algo que ya se comprobó que dio resultados. Recordó el caso de un hombre que el año pasado quiso suicidarse en Basa Las Perlas arrojándose a la correntada. Cuando los guardavidas lo rescataron estaba sin signos vitales, pero la rapidez con la que fue transportado hasta el balneario Río Grande a través de un bote donde se le comenzaron a hacer tareas de reanimación permitieron que el hombre fuera atendido en una ambulancia que lo estaba esperando y que finalmente lo llevó al hospital donde le salvaron la vida.

“Fueron siete minutos navegando por el río. Si eso se hubiese hecho por la ciudad, no hubiéramos llegado a tiempo”, aseguró Baggio.

Para seguir perfeccionando los trabajos de prevención, el viernes se realizó un simulacro que terminó exitosamente. “Salió muy bien, aunque siempre hay cosas para corregir, pero estoy muy orgulloso”, aseguró.

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