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Luisa Salgado, la empresaria que empezó sin nada y aprendió a levantarse después de cada error

Es una de las socias fundadoras de Nanotech, una empresa de obras y servicios vinculada a Vaca Muerta. Con humildad y hábitos rigurosos creció hasta ser un jugador clave en la industria.

Entre la rigidez y la autoexigencia elocuente de Luisa Salgado se atisba también un espíritu humilde y flexible que parece ser el secreto de su crecimiento. Durante su infancia, atravesada por las necesidades económicas, se fijó metas claras para su futuro e inició una carrera en ascenso que cumplía con una rigurosidad envidiable. Pronto, la vida le dio alguna sacudida necesaria para saber que debía adaptarse a lo inesperado y también aprender de sus propios errores. Pero nunca buscar la culpa ajena o sentarse a patalear.

Hoy, Luisa es una de las socias fundadoras de Nanotech, una empresa de obras y servicios vinculada a la producción de hidrocarburos en Vaca Muerta que nació y creció al reinventarse. Si bien la idea inicial era desarrollar nanoprotectores para combatir la corrosión, la falta de recursos los hizo virar el rumbo para adaptarse a las necesidades que sí podían resolver y esperar el momento adecuado para virar otra vez hacia la innovación.

"Nanotech surge con una idea que tuvimos con José (su socio) que era generar y traer productos innovadores a la industria, el nombre de la empresa surge porque iniciamos con nano protectores que usaban nanotecnología, que interactuaban con la pintura para resolver el problema de corrosión de la industria", dijo.

Al principio, afrontaron las pruebas de laboratorio con su propio dinero, pero la exigencia de para corroborar la efectividad del producto fue tan grande que decidieron replantearse la estrategia. "Decidimos en generar algo que genere plata para traer productos innovadores y así viramos hacia las obras y servicios", aclaró.

Aunque su firma se propone romper el molde en Vaca Muerta con la incorporación de nano tecnología, Luisa no es una novata en la actividad petrolera. Trabajó muchos años en la industria en la gestión de sistemas de trinorma, y fue entonces cuando descubrió un ecosistema emprendedor en constante ebullición, con ejemplos concretos que parecían imitar su propia historia.

"Neuquén es la ciudad de los emprendedores. Hay muchos casos de personas que arrancaron sin nada y hoy tienen empresas hermosas. Es una ciudad que te brinda muchas oportunidades de trabajo, eso siempre me gustó de Neuquén: si vos hacés las cosas bien y trabajás, la oportunidad la tenés y vas a poder tener tu empresa y vas a poder salir adelante", relató a LMPlay.

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La consolidación de su perfil ejecutivo se parece un poco a esos casos exitosos que se ven en la industria del Oil and Gas. Luisa creció en un contexto humilde y se fijó objetivos claros para convertirse en empresaria, sin dejarse abatir por la distancia que todavía la alejaba de sus sueños más imposibles. Con un ritmo de trabajo disciplinado, que luego aprendió a flexibilizar, llegó a la meta que se había fijado hacia adelante.

"Somos seis hermanos, nos criamos en una chacra que no teníamos luz, no teníamos gas, no teníamos nada. Vivíamos en un rancho y nos poníamos contentos cuando cambiábamos los nylon porque se veía para afuera", contó sobre su infancia. "Tuvimos la suerte de criarnos entre los hermanos, haciendo cosas, inventando cosas desde chicos", sumó.

Por la falta de recursos en su casa, Luisa empezó a trabajar a los 16 años, en una rutina que combinaba también con las tareas rurales de la chacra. Llegaba cada noche tan cansada que entendió que esas jornadas laborales eran insostenibles para garantizar su crecimiento a largo plazo. Y se propuso estudiar para ser, algún día, la dueña de su propia empresa.

"Si otros pudieron, yo podía hacer lo mismo", dijo sobre las dificultades que afronta todo universitario. "Junté la plata, me puse a estudiar y me recibí con la visión de tener mi propia empresa. Esa visión de querer generar cosas y darle y darle para llegar es importantísima", reflexionó.

Cuando mira por el retrovisor, Luisa agradece esa infancia de carencias y trabajo sacrificado en el campo porque le dio la templanza para afrontar un potencial fracaso en su carrera ejecutiva. "Me hace ser fuerte cuando me pasan cosas, yo empecé sin nada y hemos logrado un montón de cosas, si mañana me va mal y estoy sin nada, puedo volver a empezar. No te vas a morir por fracasar. Si fracasás, te levantás y seguís", afirmó.

También valora la cultura de trabajo que su mamá le inculcó a ella y sus hermanos. Cada mañana, la mujer repartía entre los chicos una lista de tareas para cumplir antes del final del día y ninguno de ellos se atrevía a regresar a su casa sin haberlas terminado. Eso sembró en la empresaria un compromiso inalterable con cada faena, y hoy es capaz de despertarse de madrugada si sabe que tiene algún asunto sin terminar. "No me puedo ir a dormir tranquila si me quedan cosas pendientes", señaló.

"No te sirve de nada quedarte llorando, buscale la vuelta y lo terminás. Y buscá ayuda si no, hay mucha gente dispuesta a ayudar", aseguró. "Empezar de cero es difícil, imaginarte un futuro distinto es difícil pero tenés un montón de ejemplos, si otro lo hizo, lo podés hacer vos. No existen salvadores ni superhombres ni supermujeres, todos tenemos más o menos el mismo coeficiente y más o menos la misma capacidad de trabajo. La diferencia es que uno ve que se puede equivocar y tiene visión de futuro", agregó.

Caerse. Levantarse. Pero, sobre todo, aprender de los errores para no repetirlos. "No te podés quedar llorando, tenés que capitalizar el error y volver a arrancar. Al que nunca le va mal es el que nunca inició nada", dijo y agregó: "El tema es cómo te la tomás, si cuando te pasa algo lo primero que hacés es mirar y culpar al de al lado, no te tenés que poner a patalear ni hacer berrinches sino pensar en qué me equivoqué y cómo puedo mejorar, ponete una empresa y no vas a parar de crecer".

Como mujer con trayectoria en el mundo petrolero, Luisa también tuvo que adaptarse a un entorno donde las mujeres escaseaban. "Cuando empecé en la industria petrolera tenía 25 años y casi no había mujeres en el campo, no había baños de mujeres ni comedor, era raro ver a una mujer en el campo y con el tiempo eso fue cambiando y hoy hay cada vez más mujeres en rango de coordinación o los que no requieren fuerza bruta. Fue cambiando mucho el trato, antes te miraban como bicho raro cuando llegabas y hoy no por suerte", dijo.

"También en los puestos de conducción hay muchas mujeres que es muy distinta la forma de gerenciar una mujer de la que tiene un hombre, nosotros somos dos y las dos cosas son importantes", dijo y agregó que con su socio comparten esa filosofía de tomar al error como un paso necesario para salir adelante. "Cuando no ganamos una licitación, un trabajo nos sale mal o tenemos días perdidos, nos sentamos los dos y vemos en qué nos equivocamos", señaló.

Esa habilidad para combinar rigidez con laxitud no llegó sola. "Planifiqué toda mi vida, iba muy ordenada con la facultad y tuve a mi hija. Eso me hizo replantearme la vida, a veces las cosas se dan antes y es lo mejor que puede haber pasado. Me tomé un año para ser madre y organicé toda mi carrera con ella", dijo sobre una de sus mayores enseñanzas. "Ahí aprendí que la vida no siempre es lineal, hay diferentes formas de llegar a un resultado", concluyó.

Adelante, historias que inspiran, es un ciclo de entrevistas realizado por LMNeuquén, LMPlay y Tecpetrol para contagiar las ganas de ayudar, superarse y transformar el mundo con acciones cotidianas. Deportistas, empresarios, educadores y activistas comparten cómo fue su camino para convertirse en referentes de sus comunidades.

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