El Gobierno de Alberto Fernández sigue mostrando una progresiva y sensible pérdida de poder.
A esto hay que sumarle que la interna que mantiene con el ala dura del kirchnerismo esmerila, cada día que pasa, su capacidad de maniobra dentro del Ejecutivo.
Ni siquiera los aislados logros que está consiguiendo el ministro Sergio Massa sobre la economía logran modificar los ánimos del electorado.
“Es muy difícil poder dar algo de previsibilidad en medio de esta guerra política. Todo logro se diluye rápidamente por la feroz interna que hay en el Gobierno”, confió un importante asesor de la cartera económica al ser consultado por este medio.
Massa obtuvo en estos últimos meses ayuda de los organismos internacionales, con dólares que le permitieron al Banco Central sortear transitoriamente una severa crisis de reservas. Sin ellos, las cosas estarían mucho peor de lo que ya están. Asimismo esta semana consiguió un acuerdo con parte de los acreedores -pese a asumir un alto costo fiscal al garantizar rentabilidad a bancos y organismos que participaron del canje- para refinanciar poco más de 4 billones de pesos que vencían en las próximas semanas. No es poco para un Gobierno que ya se considera de transición y que carece de credibilidad en el mercado.
Desde Economía anticipan que es clave para tener algún tipo de oportunidad en las elecciones, llegar a octubre con un sistema financiero en calma, y en especial con el dólar estabilizado, pese a que esto genere retraso cambiario y profundice la distorsión de precios relativos existentes.
Pero el futuro del ministro se enfrenta con dos escenarios más que complejos para los próximos meses.
En primer lugar nada asegura que la interna que existe dentro del Gobierno amaine en los próximos meses. Todo lo contrario. Para la mayor parte de los analistas políticos, las tensiones se profundizarán buscando una parte del oficialismo que el presidente Alberto Fernández se baje de la reelección; un punto clave para que el sector kirchnerista vuelva a tener centralidad en las decisiones a tomar como es el participar del armado de un nuevo binomio competitivo para octubre y de las listas en los distintos distritos. La vicepresidenta, por su parte, sigue disociada de real crisis que soporta la sociedad, concentrada en sus problemas judiciales. Finge ser opositora, perseguida y proscripta; sin asumir ninguna cuota de responsabilidad sobre el fracaso de su actual gestión.
En esta feroz interna que existe, falta la definición de un sector importante de la alianza gobernante: los mandatarios provinciales. Muchos son los gobernadores que no se han definido y no descartan una tercera posición para proponer como alternativa.
El otro de los frentes que deberá enfrentar Massa es el económico. Si bien esta semana el ministro dio un paso importante, para dar cierto grado de previsibilidad al mercado, con la refinancianción de 4,3 billones de pesos que el Gobierno debía cancelar en los próximos meses, las dudas están puestas en la extrema escasez de divisas que se proyecta para el segundo y tercer trimestre del año, producto de la sequía que está impactando de lleno sobre los campos de la zona núcleo del país. Los nuevos cálculos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires reflejan pérdidas proyectadas para la cosecha gruesa de esta campaña del orden de los 17.000 millones de dólares.
Con este escenario, no será fácil para el Gobierno intervenir en el mercado de cambios, como lo viene haciendo en todo este último tiempo el Banco Central, vendiendo reservas para frenar la volatilidad de los distintos tipos de dólares. En definitiva no hay que descartar, a partir de abril, un aumento del riesgo cambiario en en la plaza financiera y un agravamiento de la inflación, que terminarán afectando a las ya endebles y golpeadas variables económicas que intenta domar el ministro Massa.
La economía argentina ingresa en un crítico ciclo, con muy poco margen de error.
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