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"Me daba vergüenza nadar por mi cuerpo": la neuquina que rompió los esquemas y se va al Mundial de Aguas Frías

Giselle Méndez aprendió a nadar en el río Aluminé y cada vez se animó a más. "Si yo espero a tener el cuerpo que la sociedad quiere, no hago nunca nada", aseguró.

Lejos de piletas profesionales, inexistentes en su pueblo natal, Giselle Méndez aprendió a nadar en el agua de deshielo del río Aluminé. Tenía cuatro años cuando descubrió ese universo que, en palabras suyas, salvó su vida. Su cuerpo no es lo que -en general- la gente espera ver en una nadadora, pero lo es. Su decisión y fortaleza la empujaron a mostrar (y demostrar) que podía: tanto que en agosto se va a competir al Mundial de Nado en Aguas Frías (Winter Swimming World Cup) en el Lago Perito Moreno, El Calafate.

Desde su adolescencia tiene Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA) y, a sus casi 30 años, pasó por muchos médicos para intentar descubrir porqué no podía bajar de peso, a pesar de llevar una buena alimentación y hacer ejercicio. Sus últimos años de secundaria los hizo en Zapala y, cuando terminó, se fue a estudiar abogacía a la Universidad Nacional del Comahue (UNCo), en General Roca, donde vive.

La pileta de natación de 25 metros la conoció cuando llegó a Zapala, donde empezó a adquirir la técnica del deporte. Hasta ese momento (que no era poco) había cosechado amor por el río, por el agua a cualquier temperatura y por la libertad que solo le daba el agua abierta, sin andariveles en el camino. Cayó en la cuenta de que no quería disfrutar del nado solo dos o tres meses de verano: con su crianza en el Aluminé, ella estaba para sumergirse todo el año.

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Siempre le gustó nadar, pero previo a iniciar su etapa universitaria aumentó mucho de peso y su cuerpo le daba vergüenza. Estuvo tres años sin practicar el deporte. El primer paso para volver, con el sostén de su mamá y el empuje de su novio, fue cuando se compró la malla. El segundo lo dio cuando fue a la pileta. Ahí se encontró con Bruno, su profesor, y con él el incentivo que necesitaba. “Lo primero que él vio no fue mi cuerpo: vio una persona que iba a nadar y me hizo sentir súper cómoda conmigo misma”, contó.

Más que tercer paso, lo que vino después fue un salto que ya no tuvo tope.

“Deberías tener otro cuerpo"

Una vez, cuenta Giselle, llegó a una clase con un profesor que la mandó a nadar con el grupo “que no sabía”, sin mediar pregunta. “Yo nado desde los cuatro años”, se cansa de repetir cada vez que alguien pone en duda sus aptitudes con solo mirarla. “¿Pero cómo? ¿Y por qué tenés ese cuerpo? Deberías tener otro cuerpo si nadás desde los cuatro años”, asegura que le cuestionan.

Giselle participó de su primera competencia de nado en aguas frías el año pasado, en el Desafío al Canal Grande de General Roca. Su mayor miedo fue enfrentar la mirada social que, de por sí, existe sobre los cuerpos gordos y se agudiza cuando hay menos ropa. Muchas expresiones motivacionales promueven el “aprender a quererse”, como si solo bastase eso para no sentirse expuesta, juzgada y, a veces, hasta discriminada.

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“Me costó mucho laburo mental de decir ‘la gente solo te ve nadando, no ve tu cuerpo’... pero yo sí sé que ve el cuerpo. Me he dado cuenta antes de que yo entrenara, me daba cuenta que a las personas que somos más grandotas nos miran, no sé si juzgando o no, pero te miran y se sorprenden. Se sorprenden cuando vos tenés una habilidad mucho más fácil que una persona delgada y dicen ‘ah, sos grandota pero podés nadar’. Y sí, porque el cuerpo no te define”, reflexionó.

Aún con las miradas encima, y con su foco puesto solo en el agua, compitió. “Sí, me sentía observada, pero traté de pensar mentalmente ‘yo soy feliz, hoy no me importa si me miran el cuerpo’”.

Así y todo, las personas del bien también existen y, en su camino deportivo, las encontró: “Hoy tengo dos entrenadoras que me re apoyan. Ellas no ven mi cuerpo, ven mi capacidad”. “Me quedo con eso, con que soy feliz. De chiquitita soñaba con una pileta olímpica. No voy a llegar a la pileta olímpica, pero voy a llegar a un Mundial, que nunca me lo hubiera esperado”.

Yo dije: ‘si yo espero a tener el tipo de cuerpo que la sociedad quiere, no hago nunca nada. Me voy a quedar sentada esperando que la vida me pase, esperando que la sociedad apruebe mi cuerpo y recién ahí poder hacer las cosas. Yo dije: ‘si yo espero a tener el tipo de cuerpo que la sociedad quiere, no hago nunca nada. Me voy a quedar sentada esperando que la vida me pase, esperando que la sociedad apruebe mi cuerpo y recién ahí poder hacer las cosas.

La salud

Los TCA implicaban que el cuerpo de Giselle transitara de un extremo al otro, entre obesidad y anorexia. “Pasaba del no querer comer a tener atracones y de los atracones pasaba a vomitar”, contó.

También sufrió pausas en el período menstrual y su ginecóloga lo adjudicó al sobrepeso, pero luego otro profesional confirmó que la causa era el síndrome de ovario poliquístico. Fue diagnosticada, además, con hipotiroidismo, pero la medicación no le hacía efecto. “Fui pasando de médico en médico y nadie le daba en la tecla. No podía bajar de peso y yo estaba haciendo ejercicio y venía comiendo bien con una nutricionista”, relató.

Así, tras varios estudios, también le detectaron un problema en la absorción de los nutrientes, por lo que tiene que tomar vitaminas específicas horas antes de comer o tomar la medicación. “Me hicieron los estudios que por lo general le hacen a las personas que sufren obesidad, que es de hígado graso, hipertensión y diabetes. Y no tengo nada de eso, los estudios nunca hubieran dado mejor y los médicos me dijeron que puedo estar tranquila”, contó.

En simultáneo con los problemas físicos, también se afectó su salud emocional, con períodos de depresión y una etapa dura tras exponer abusos sexuales que sufrió en su niñez.

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Una ayuda para llegar al Mundial

El entrenamiento de Giselle es de lunes a sábado, con el grupo de nadadores de aguas frías y abiertas (NAF) que surgió hace poco tiempo en General Roca. En la pileta son unas dos horas, pero en el río el tiempo es más controlado y progresivo por las bajas temperaturas. Además de natación, practicó buceo y apnea (aguantar la respiración), y también entrena con el método Wim Hof, la técnica para sumergirse en agua helada.

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El Winter Swimming World Cup es del 12 al 18 de agosto en El Calafate. Se trata de una competencia mundial de natación en medio del glaciar Perito Moreno, a la que tiene que llegar una semana antes para aclimatarse a las bajas temperaturas.

Los costos son elevados y todos corren por su cuenta, desde el traslado hasta el alojamiento y la inscripción, que es en dólares. Por eso, la joven nadadora lanzó una rifa con decenas de premios donados por emprendimientos de distintos rubros. El sorteo es este lunes 1 de julio y podés colaborar con su viaje a través de su cuenta de Instagram.

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