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La Mañana Milei

Milei y la ridícula embestida contra las universidades nacionales

El gobierno hace uso de descalificaciones y lanza argumentos falaces que no se condicen con el prestigio que estas casas de altos estudios lograron a lo largo de la historia.

Ante la inminente movilización de la comunidad universitaria en el país por el recorte presupuestario a las casas de altos estudios, el gobierno nacional del presidente Javier Milei utiliza como herramienta de contraofensiva una serie de argumentos falaces para desacreditar una protesta legítima.

La falta de fondos que pone en jaque el funcionamiento de las universidades nacionales tuvo como respuesta de Milei, sus ministros y muchos de sus voceros mediáticos una catarata de descalificaciones desde lo ideológico y cuestionamientos respecto a cómo funcionan las universidades, el manejo de sus recursos y el control de lo que gastan.

Para no abordar el problema de fondo (la no asignación actualizada de partidas para este año) se lanzó por estos días la idea de que deben ser “auditadas”, poniendo un manto de sospecha respecto a la administración de los fondos que se les asignan.

La primera falacia pasa por el hecho de que todas las universidades nacionales del país ya son auditadas por la Auditoría General de la Nación (AGN). Ningún rectorado o facultad puede hacer uso discrecional de recursos. Todo se debe rendir en tiempo y forma, de la misma manera que lo hacen los equipos de investigación.

La segunda falacia en este camino de desacreditar y ensuciar el rol de las universidades públicas argentinas es desconocer, adrede, sus autonomías, consagradas por la Constitución Nacional. Esto determina, en entre otras cosas, que los informes que elabora de sus auditorías la AGN deban ser remitidos, para su análisis, al Congreso de la Nación.

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Ataque

De fondo, lo que trasciende en este ataque a las universidades nacionales de parte del gobierno libertario del presidente Javier Milei es una posición contraria al espíritu de igualdad de oportunidades que ofreció a lo largo de la historia la educación pública en la Argentina, con la interminable generación de científicos e intelectuales brillantes, surgidos de esas casas de altos estudios.

Desde César Milstein, revolucionario de la investigación biomédica y premio Nobel, que fue graduado de la Universidad Nacional de La Plata y considerado uno de los bioquímicos más influyentes del siglo XX; pasando por Federico Leloir, otro premio Nobel que fue pionero en bioquímica y química y recibido en la Universidad de Buenos Aires. O Bernardo Houssay (también premio Nobel y de la UBA) y figura icónica en la fisiología y la medicina.

Ni que hablar de René Favaloro (UNLP, emblemático en el campo de la cirugía cardiovascular y reconocido por realizar el primer bypass coronario en Argentina) o del propio Adolfo Pérez Esquivel, egresado de la Universidad Nacional del Litoral y premio Nobel de la Paz en 1980.

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El Gobierno Nacional aprobó que las universidades e institutos universitarios regresen a impertir clases presenciales

El Gobierno Nacional aprobó que las universidades e institutos universitarios regresen a impertir clases presenciales

Ese talento y generación de conocimiento de alto nivel se multiplica en los institutos y centros de investigación en todo el país como el Conicet, que son el germen de lo mejor de la ciencia y la tecnología.

Todo es fruto de esas universidades nacionales que, además, están reconocidas a nivel continental y mundial, pero que, paradójicamente, el actual gobierno de la Argentina, en una mezcla de brutalidad y cinismo, hoy desacredita.

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