Proeza en la Patagonia: tiene 71 años, limpia casas y cumplió su sueño de escalar la cima del Volcán Lanín
Amalia Figueroa alcanzó los 3.776 metros el domingo pasado, después de nueve horas de ascenso desde el refugio. Lo había intentado dos años atrás, pero no llegó.
Amalia Figueroa tiene 71 años, se crio entre las montañas de la Patagonia y el domingo pasado se dio el gran gusto de su vida que venía esperando desde hace tiempo: llegó a la cumbre del volcán Lanín, a 3.776 metros de altura.
Había intentado el desafío dos años atrás, pero decidió pegar la vuelta cuando faltaban unos 200 metros por una cuestión de seguridad y tiempos. Esta vez, con otra preparación y una ventana de clima favorable, pudo completar el ascenso.
La subida no fue en soledad. Amalia compartió la travesía con dos amigas, una de ellas nadadora de aguas abiertas que decidió entrenar para acompañarla cuando supo que ese era su gran sueño; la segunda, una montañista con experiencia en el Lanín, con decenas de cumbres realizadas, clave para ordenar el ritmo y sostener la estrategia en los tramos más exigentes.
Nueve horas de esfuerzo, linternas y viento en la cumbre
El ascenso desde el refugio arrancó a la 1.30 de la madrugada, con linternas y paso constante para evitar el calor y el viento fuerte que suele levantarse más tarde en la montaña. Según contó Amalia, caminar de noche ayuda a no marearse con la pendiente y permite llegar antes del mediodía, cuando el clima suele complicarse. A las 10 de la mañana, después de nueve horas de trepada, alcanzaron la cumbre.
En el tramo final, explicó, hubo un sector particularmente duro: una pared de piedras que debieron superar “en cuatro patas”, con el cuerpo pegado a la roca, como si cada metro se ganara con brazos y piernas a la vez. Ya arriba, el festejo duró poco: entre fotos y algo de comida para recuperar energía, no se quedaron más de media hora porque el viento podía intensificarse, contó al Diario Río Negro.
El sueño que empezó con una advertencia médica y terminó arriba del Lanín
La historia de Amalia tiene un punto de quiebre claro: la salud. En una entrevista previa con LM Neuquén había contado que durante años convivió con dolores de rodilla y sobrepeso, y que una advertencia médica la empujó a moverse para no perder movilidad. Empezó caminando en la barda antes de ir a trabajar y con el tiempo transformó esa rutina en una forma de vida, recuerda la mujer nacida en El Maitén, provincia de Chubut.
A los 47 años, ya más encaminada con el entrenamiento, se largó a correr y no frenó. Participó en pruebas de calle y aventura, hizo varias veces la K21 y también corrió la K42 en ediciones anteriores. En su casa, contaba, fue armando una especie de “museo” de medallas y trofeos, mientras sostenía su rutina laboral —trabajos de limpieza y cuidado— y la vida familiar.
“No hay excusa para buscar los sueños, así como yo salí de los problemas que tuve, se puede”, afirma.
Y años atrás, cuando planeaba este objetivo, decía la mujer, convencida, que luego del Lanín no se iba a quedar quieta. Y eso mismo puso en práctica no bien comenzaron el descenso de la cumbre del volcán. Es que aún no llegaban a la base cuando, en medio del agotamiento y la emoción por haber logrado el desafío, Amalia lanzó una frase que generó la risa de sus compañeras: "Ahora, me gustaría hacer el Domuyo" (el volcán en el noroeste de Neuquén). Los sueños están para cumplirse.
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