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La Mañana Historia

¿Quién puso la primera bomba? La violencia política en Argentina

El 15 de abril de 1953, militantes universitarios radicales, pusieron dos bombas en una concentración de Plaza de Mayo con un saldo de 6 muertos y 100 heridos.

Hace más de un año cuando inicie esta serie de notas en LMNeuquén, intentaba indagar sobre la violencia política en Argentina que tuvo su pico en la década del 70. Por fijar una fecha arbitraria comencé por la Revolución del Parque en 1890. Allí nacieron los “boinas blancas” un distintivo de la Unión Cívica, que usaron para diferenciar los bandos en el combate.

La naciente Unión Cívica regó con su sangre el camino de llegar al voto secreto y universal de la Ley Sáenz Peña. Luego escribí sobre las tres de las peores represiones a obreros, que registra nuestra historia: la “Semana Trágica”, la “Represión en la Patagonia” y la “Forestal, todas durante el gobierno de Don Hipólito Yrigoyen.

En mi nota de la semana pasada rescaté positivamente la conducta de Alfonsín y el radicalismo ante la rebelión militar de Semana Santa de 1987. Justamente Roque Carranza uno de los autores del atentado de 1953, fue ministro de Alfonsín, hasta su fallecimiento en 1986.

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Alguno se preguntará cuál es mi opinión final de los radicales. Pues mi opinión es que: se equivocan quienes piensan que la historia transcurre en blanco y negro. La realidad dice que la historia transcurre en una infinita gama de grises. La lógica binaria aplicada a la historia y la política, además de poco inteligente, paraliza e impide avanzar hacia objetivos superiores.

Blanco o negro, buenos o malos, son simplificaciones válidas en las películas de cowboys o cuentos infantiles; pero no sirven para entender la complejidad de los procesos político-sociales. Por eso, estudiar la historia, amplía nuestro conocimiento y comprensión, y nos ayuda a discernir el presente con mayor amplitud, para poder proyectar el futuro.

Después de haber sido partícipe y pregonero de la violencia política de los 70, estoy convencido que, al nunca más de los golpes militares, hay que agregarle el nunca más del atajo rápido de la violencia política, que lleva por ejemplo, al reciente intento de matar a una vicepresidenta.

Los Comandos Civiles

Dice la historiadora Mónica Inés Bartolucci : “Hacia finales del gobierno de Juan Domingo Perón, miembros de diferentes partidos políticos (…) junto a estudiantes universitarios mostraron un decidido grado de violencia contra lo que sentían como un proceso de “peronización compulsiva”. Esa confrontación implicó que un conjunto de hombres jóvenes, con buen grado de violencia en los discursos (…) se juntaran en organizaciones clandestinas , para enfrentar lo que consideraron un “régimen” y hablar en nombre del “amor a la patria” o, del “odio a Perón”.

La Licenciada María Sofía Vasallo dice: “En agosto de 1951, civiles que conspiran contra Perón, encabezados por Juan Ovidio Zavala (dirigente radical de procedencia universitaria) colocan “caños” de gelinita sobre las vías y provocan destrozos. Zavala conduce un grupo llamado “Quinto Regimiento”. Su “comisión técnica”, integrada por estudiantes de Ingeniería y de Química, fabrica bombas en un laboratorio céntrico. Zavala edita periódicos clandestinos e interfiere las ondas radiales. Ya había cometido varios atentados contra el peronismo: una granada (que no estalló) para descarrilar un tren de campaña que movilizaba a Perón en las elecciones de 1946; una bomba de humo, guardada en una petaca, en una función de gala en el Teatro Colón para importunar la presencia de Perón y Evita; una bomba contra el consulado español y una herida de bala contra un policía.”

El 28 de septiembre de 1951 se produce el intento de golpe encabezado por el general de brigada Benjamín Menéndez, con importante apoyo de sectores civiles.

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A comienzos de 1952, el Servicio de Informaciones de la Aeronáutica logra desbaratar un plan para tomar la Casa Rosada y matar a Perón y a su esposa, comandado por el Coronel José Francisco Suárez.

Recordemos que en noviembre de 1951, en las elecciones presidenciales para el período 1952-1958 Perón obtiene 4.745.157 votos contra 2.706.688 de los candidatos de la Unión Cívica Radical, los conservadores, comunistas y socialistas juntos. Perón consigue dos millones más que todas las fuerzas políticas opositoras juntas. Es decir que más allá de las críticas que se le pudiera hacer, un gobierno que gana con el 63,5 % de los votos, no puede ser considerado no-democrático.

El clima social, inflación y especulación

Dice Vasallo : “Entre 1946 y 1948 los salarios reales aumentaron casi el 40%, alcanzando niveles inéditos. La capacidad de compra de los argentinos se incrementó considerablemente. Mejores salarios para la mayoría, trajo como consecuencia que, muchas veces, no se consigan los productos que han comenzado a poder pagar. Hay desabastecimiento y largas colas en los comercios. El costo de vida sube en forma sostenida entre 1945 y 1951, con una creciente inflación anual. El gobierno argentino enfrenta estos problemas aumentando el control de la actividad económica. El Congreso sancionó dos leyes: en agosto de 1946 (12.830) y abril de 1947 (12.983) . La primera le confiere al Poder Ejecutivo la autoridad suficiente para fijar precios máximos, restringir las exportaciones y racionar los permisos de importación. La segunda ley permite a los funcionarios congelar los precios, embargar mercadería y encarcelar a sospechosos de especuladores por un plazo de hasta 90 días.(...) Los castigos incluyen cientos de pesos en multas, clausuras de negocios por períodos de 5 a 10 días y condenas de 15 a 30 días de prisión.”

Como vemos, 70 años después, se repiten los mismos problemas y similares intentos de solución. Solo que en 1953, las medidas eran bastantes más duras que hoy. El diario Crónica del 15 de abril de 1953 titula en tapa: “Son 667 los comerciantes que están detenidos en Villa Devoto”. En el texto dice “hoy fueron clausurados 35 comercios, cuyos propietarios han sido remitidos a la cárcel.” Y agrega que “fueron decomisados cinco mil cajones de manzanas sustraídas de la venta por los mayoristas Vicente Grasso, Angel Viventi y Antonio Anti, quienes fueron detenidos.”

El desabastecimiento se siente principalmente en la carne, pues los ganaderos obtienen mejor precio en la exportación, que en el mercado interno. Por la misma razón falta trigo, lo que lleva a popularizar el pan negro ( el que hoy comemos para hacer dieta), también se establecen cupos de nafta, y se racionaliza la electricidad con cortes selectivos. La inflación llega al 27% anual, un número muy alto en aquellos tiempos.

En ese marco, la CGT convoca a una gran movilización en Plaza de Mayo, para apoyar al gobierno en su lucha contra el agio y la especulación.

Tres bombas contra la multitud inadvertida

Según investigó Daniel Brion: “El local, de la firma Redondo Hnos., ubicado en la avenida Jujuy 47/51, era el centro de actividades del grupo. Allí solían fabricar bombas, redactar panfletos antiperonistas y organizar reuniones políticas clandestinas.

El miércoles 14 de abril, en ese lugar, el ingeniero Roque Carranza armó tres bombas de diferente poder destructivo. La más pequeña tenía 30 cartuchos de gelinita y fue destinada al Hotel Mayo, ubicado en la esquina de Defensa e Hipólito Yrigoyen y que se encontraba en refacciones. Otra algo más potente, armada con 50 cartuchos de gelinita, fue colocada en el octavo piso del Nuevo Banco Italiano, en Rivadavia 409 (actual Banco Francés). Ésta finalmente no estalló, por defectos en el mecanismo de relojería. La última y más poderosa, que contaba con 100 cartuchos, fue colocada en la estación Plaza de Mayo de la línea “A” de subterráneos.”

Muchos de quienes a veces concurrimos a este tipo de manifestaciones masivas, donde la gente se amontona codo con codo, alguna vez pensamos, “que pasaría si un loco pone una bomba aquí”. Ese jueves 15 de abril de 1953, unos locos pusieron dos bombas, que explotaron justo cuando Perón hablaba desde los balcones de la Casa Rosada.

El acto era una tradicional fiesta peronista, con sus cánticos y carteles desplegados. Primero habló el Secretario General de la CGT Eduardo Vuletich. Luego tomó la palabra Perón. Llevaba 14 minutos de discurso cuando estalló la primera bomba en el Hotel Mayo. Una de las cortinas metálicas fue arrancada de cuajo y muchas ventanas y vidrieras quedaron destruidas. Desde el balcón se escuchó y vio la explosión, el tumulto de gente asustada y herida. Durante unos minutos se pudo ver al General Perón impartir indicaciones a algunos funcionarios que estaban junto a él, mientras levantaba sus brazos con la intención de infundir calma en el público. La multitud compacta de la plaza no se movió pero los cánticos mutaron hacia la bronca y el enojo.

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Perón retomó el discurso: “Compañeros: estos, los mismos que hacen circular los rumores todos los días, parece que hoy se han sentido más rumorosos, queriéndonos colocar una bomba...”. En ese instante se escuchó otro estallido, mucho más potente que el anterior: era la bomba colocada en la estación Plaza de Mayo, de cuyas bocas de acceso comenzó a emanar humo.

Por suerte la que pudo ser más letal, la del Banco Italiano, por la altura y la voladura de mampostería que podía desparramar sobre la gente parada en Avenida Rivadavia, no estalló, y recién fue encontrada un mes después, por la información de los autores del hecho.

El saldo fue de seis muertos y cerca de cien heridos, 19 de ellos mutilados. Por suerte (como se hace en los actos actualmente) la estación Plaza de Mayo del Subte A, estaba cerrada al publicó por el acto. Esto evitó que la cantidad de muertos fuese muy superior. Los fallecidos fueron: Santa Festigiata D’Amico (italiana de 84 años), Mario Pérez (empleado de Transportes de Buenos Aires), León David Roumeaux (dirigente del gremio de los madereros), Osvaldo Mouché, Salvador Manes y José Ignacio Couta.

Las imágenes de los muertos y heridos, generó una ola de bronca e impotencia en la multitud, que por momentos contagió al orador quien se dejó ganar por el enojo y tuvo palabras muy fuertes, que al final rectificó. Luego Perón siguió con su discurso y se extendió largamente sobre la inflación y el desabastecimiento, propuso establecer el control de precios y convocó a los trabajadores a cuidar los precios y controlar las medidas especulativas. También se refirió a la corrupción de los funcionarios, sosteniendo que sería inflexible y que irían a la cárcel.

Cerca del final de su discurso volvió a referirse al atentado diciendo: “Señores: aunque parezca ingenuo que yo haga el último llamado a los opositores, para que en vez de poner bombas se pongan a trabajar en favor de la República, a pesar de las bombas, a pesar de los rumores, si algún día demuestran que sirven para algo, si algún día demuestran que pueden trabajar en algo útil para la República, les vamos a perdonar todas las hechas.”

En el cierre del discurso, el Presidente pidió a los trabajadores que "regresen a sus casas" y sostuvo: “Compañeros: como en la horas más críticas de nuestra lucha en 1945, pediré a todos los compañeros que, como entonces, estén activos y vigilantes; pediré a todos que vayan al trabajo confiados y decididos. Todos los problemas que puedan presentarse, se resuelven produciendo. A esos bandidos los vamos a derrotar produciendo, y a los canallas de afuera los vamos a vencer produciendo. Por eso, hoy como siempre la consigna de los trabajadores argentinos ha de ser: producir, producir, producir.”

Los incendios por la noche

Al finalizar el acto los grupos más indignados y exaltados por la tropelía de sangre cometida por los comandos antiperonistas, fueron a desquitar su bronca contra algunos sitios emblemáticos símbolos del antiperonismo. La sede del Jockey Club fue prendida fuego, igual suerte corrieron la sede del Partido Socialista, en Rivadavia 2150; la Casa Radical, en Tucumán 1660; y la sede del Partido Demócrata Nacional, en Rodríguez Peña 525. Para la prensa y los historiadores antiperonistas, por supuesto lo trágico y grave fueron los incendios y no el demencial acto de terrorismo contra una multitud indefensa.

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Los autores del atentado terrorista

El hecho de detonar bombas en medio de una multitud, claramente califica como acto de terrorismo indiscriminado. Dos años después, vino el bombardeo a Plaza de Mayo con 309 muertos y 800 heridos. Fue el odio antiperonista que inspiró y ejecutó estos dos atentados únicos en la historia argentina. Lo indiscriminado implica que está dirigido contra cualquier persona, viejo, joven, niño, que se encuentre cerca.

Un mes después cuando intentaban fugar al Uruguay fueron detenidos: Arturo Mathov, Roque Carranza, Carlos González Dogliotti, juzgados como autores materiales. Otros acusados de participar fueron: Jorge Firmat, Federico Gotlling, Miguel Ángel de la Serna, Rafael Douek ,los hermanos Alberto y Ernesto Lanusse, y el capitán Eduardo Thölke, quien les proveyó los explosivos.. Mathov y Carranza en los años siguientes fueron destacados dirigentes radicales. Paradójicamente el gobierno radical homenajeó al Ingeniero Roque Carranza, autor del peor atentado terrorista en el subte, poniendo su nombre, a una estación de subte.

¿Quién puso la primera bomba?

Es un título tramposo. En realidad, no debería ser tema en disputa, quién disparó primero, cuantos agravios hubo antes del primer disparo o de la primer bomba. Como sostuve al inicio, la historia no es blanco y negro, buenos y malos; sino que se desarrolla en una infinita gama de grises. Pero además, es necesario estudiarla para conocerla e intentar comprenderla para no repetirla. Perón decía hay que estudiar la historia para aprender del error ajeno, porque el error propio llega tarde y cuesta caro.

A mi criterio, lo importante no es quien puso la primer bomba. Lo realmente importante, sería cómo construimos un pacto civilizado dentro del cual poder dirimir nuestras diferencias, sin bombas, ni pistolas disparando a la cabeza de otros argentinos o argentinas.

P/D Esta es la nota número 100 que escribo en los domingos de LMNeuquén. Quiero agradecer a su Director Juan Carlos Schroeder y su Editor General: Ángel Casagrande, por el espacio que me dan y la libertad de escribir sobre lo que quiero; y además por retribuir mi trabajo intelectual, cosa difícil de obtener en estos tiempos.

*Autor de Salvados por Francisco y La Lealtad-Los montoneros que se quedaron con Perón.

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