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La Mañana Alegría

Rabia, tambores y alegría: ¿Por qué todas queremos ser parte de Río Jarana?

Empezaron siendo una batucada de 18 mujeres y hoy son más de 120. Hace 6 años que desembarcaron en las calles neuquinas para luchar armadas con un tambor contra el machismo y la violencia de las desigualdades.

Hay marcha de Ni una menos. Están matando a las pibas y Neuquén no se queda callada. Las calles están cortadas, las banderas apostadas una tras otra frente al Monumento a San Martín. Una columna de más de 15 mil personas empieza a caminar en dirección a la ruta. En la intersección de Alberdi y Avenida Argentina aparece un grupo de mujeres con las caras pintadas. Son muchas más que cien, la mitad lleva un tambor colgando del cuerpo, las otras danzan al ritmo del redoble con una coordinación perfecta. Es imposible permanecer indiferente, no detenerse a contemplar la escena que construyen: están bailando la rabia, están convirtiendo en música el dolor.

—Algunas personas se preguntan, cómo estas mujeres están en la calle bailando, con alegría cuando se trata de hechos de injusticia o de tristeza. Tenemos una palabra que aprendimos para eso: transmutación. Transmutamos la bronca en lucha y resistencia. Nosotras hacemos Artivismo —dice una Jarana.

Y otra más allá agrega:

—Somos más que una batucada. Somos un grupo de mujeres y disidencias que nos reunimos desde el arte a expresar nuestros sentires, nuestras problemáticas, a través del tambor, de la danza y otras formas del arte. Somos autogestivas, autónomas, políticas, pero no partidarias.

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La génesis de Río Jarana

Todo empezó en el 2018, cuando se realizó un Encuentro regional del Candombe de mujeres y disidencias en Cipolletti. Valeria Salinas se propuso convocar a un grupo de mujeres para armar una batucada. Ella venía de ese ambiente, por lo que no resultó una tarea difícil, enseguida empezó con una cadena de llamados y muy pronto se reunieron a ensayar. Entonces eran 18. Decidieron ponerse Río Jarana: río, porque todas eran del Alto Valle y de alguna forma u otra estaban abrazadas por los ríos; jarana, porque los tambores también son una manifestación de la alegría.

Por esos días, en Río de Janeiro, asesinaban a sangre fría a Marielle Franco, concejal por el Partido Socialismo y Libertad (PSOL), militante feminista y por los derechos de la favela, en un crimen con clara direccionalidad política. Este episodio funesto terminó de darle forma a ese nombre, a sellar una identidad. Río de Janeiro, Río Neuquén, Río Limay: la misma injusticia, la misma resistencia.

El 31 de marzo de 2018, las Río Jarana hicieron su primer presentación. Al año siguiente, volvieron a reunirse para ser parte de la gran marcha del Día de la Mujer y esa pequeña cadena telefónica empezó a hacerse cada vez más grande.

“Somos una construcción colectiva. Nos convocó querer participar del Día de la Mujer con un tambor. Todas veníamos de distintos ámbitos musicales: de la murga, del candombe, de la batucada, pero después de ese 8 de marzo, nos dimos cuenta que algo había pasado, que había una demanda y que teníamos que abrirnos a abrazar a otras mujeres que querían sumarse aunque no vinieran de la danza o la música”, explica otra Jarana.

Desde entonces no pararon, por el contrario, se hicieron un gran fuego, al que ni la pandemia pudo derrotar.

Todos los viernes del verano, las Río Jarana se juntan detrás del Museo Paraje Confluencia. No es sólo un ensayo: es un espacio de organización, de comunión. Son muchas, cada una carga una historia, una herida y una complejidad. Nada de eso queda en la casa, todo lo llevan con ellas y con eso tejen esta historia, la de una batucada neuquina de samba reggae que convoca a decenas de mujeres a luchar contra la violencia de la desigualdad con un tambor en la mano y fuego en el corazón.

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Cuando hace cinco años atrás, las Río Jarana abrieron el juego, no importaba cuanto supieras, ellas te enseñaban. No importaba si tenías o no tambor, ellas lo conseguían. Así fue como el grupo se volvió un espacio de formación que fue abrazando a tantas voluntades, que hoy reúne a 127 mujeres y disidencias. Nada fue gratuito, todo se fue construyendo en base a un aprendizaje colectivo, no sólo desde lo musical o lo coreográfico, que es de formación disciplinada y permanente, sino de gestión.

Gestionar, la clave

Gestionar talleres para aprender, gestionar dinero para que a ninguna le falte su instrumento, gestionar recursos para viajar a los Encuentros de Mujeres, gestionar emociones para que las cosas funciones, gestionar un espacio para ensayar en invierno sin que las denuncien los vecinos y así.

—Muchos se preguntan: “¿Quien paga todo esto?” ¡Nosotras! Es tambor, faja, mazo, remera, pollera, maquillaje. Laburamos muchísimo para poder comprar todo. Aprendemos a gestionar en la construcción colectiva. Lo mejor, es que las compañeras que llegan se enamoran de eso. Hemos sido demasiado excluidas de la sociedad, como para hacer sentir excluida a alguien desde Jarana. Nos abrazamos hacia adentro.

En febrero, todo renace y las Río Jarana vuelven a abrir la convocatoria para participar del 8M , pero ahora “se hacen talleres obligatorios para que las compas que ingresan puedan aprender lo básico, pero también para que comprendan que todo se trata de una gran responsabilidad y compromiso con cada una”, explican.

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El encuentro con las Jaranas es una experiencia coral: diversa, armónica. En un gran círculo cuentan su propia historia con orgullo, con la alegría de reconocer el propio camino. Hay uno, dos, diez mates circulando. Vale, Flor Segovia, Sol Gramigna, Flavia Melo, Clota Miranda, Cecilia Díaz, son algunas de las que se animan a hablar más. Pero todas ríen, todas se conmueven, todas están atentas a que quien esté a su lado no le falte nada.

De pronto, aparece un grupo de niñas que llegan gritando, riendo, haciendo bochinche. Vienen y abrazan a sus compañeras entre sus manitas pequeñas y afectuosas. Como Maite de 11 y Amparo de 8, que vienen con sus madres. Y entonces la ronda toma otra dimensión, una maravillosa que hace que se encuentren niñas y mujeres cercanas a los 80 con las mismas ganas de vivir, con las mismas ganas de transformarlo todo.

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Nada es casual en el universo Río Jarana. Cuando empezaron los primeros toques, los ritmos preponderantes eran más de batucada, quizá de samba enredo. Con el tiempo, eso fue mutando en otra cosa para poder contener la diversidad de estilos, la cantidad de instrumentos y de alguna forma, las mujeres se fueron apropiando del samba reggae y el ritmo de ellas. Como si se hubiese acurrucado naturalmente en esa trinchera de resistencia que construyen estas mujeres. “El tambor siempre es ancestral, es resistencia. Pero el samba reggae es un ritmo que viene de salvador de Bahía, que se expresa contra la esclavitud, el racismo, el clasismo a través de la alegría”, explica una Jarana.

Y en esa transformación, también apareció la danza. “La danza nos permitió cosas increíbles, como alojar a las infancias. Fue un desafío y es un desafío contenerlas, cuidarlas y al mismo tiempo aprendemos de todo lo que nos enseñan”, dicen otra Jarana.

En una oportunidad, mientras se estaban formando, recibieron a la bailarina de danza afro, Marcela Gayozo y de ella adoptaron una forma para referirse a esa diversidad que las habita: “aguas mansas, aguas fervientes”. “Eso también nos permitió la danza, comprender que no es necesario hablar de personas mayores o menores, sino de distintas energías, como las aguas, algunas más alborotadas, otras más calmas, lo importante es que todas compartimos el mismo fuego para expresar”, afirman.

El brazalete por Lucrecia Peñalva

—Todas las que estamos acá lo elegimos. Hay conciencia plena de que si vas a tocar, tenés que venir a los ensayos. Tenemos nuestros propios códigos y también es propio eso por lo que lloramos.

Este año, las Río Jarana decidieron utilizar un brazalete en representación de Lucrecia Peñalva, quien falleció el año pasado, luego de años de intenso sufrimiento producto de una mala praxis por una epidural erróneamente aplicada durante su segundo parto. Mamá, amiga, compañera, Río Jarana. Desde su silla de ruedas, combatiendo el avance de la Aracnoiditis y su propio dolor, Lucrecia bailó hasta el final. Aún lo hace en la memoria de sus compañeras, que siguen reclamando justicia.

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En una de esas marchas, las Jarana terminaron su presentación, juntaron todo y empezaron a moverse hacia otro lado. De pronto, se dieron cuenta que no estaban solas, sino que muchas personas las estaban siguiendo. Ese día tomaron dimensión de que lo que están haciendo es cosa seria.

—Mucha gente prefiere marchar con nosotras. Si la gente se siente identificada con esto, es que no estamos haciendo las cosas tan mal.

Todos los días las Río Jarana están a aprendiendo a organizarse en asamblea, a trabajar en comisiones: “Hay comisiones para todo: comisión de finanzas, agua, indumentaria, logística, maquillaje, cuidado, vestimenta de tambores, artivismo, indumentaria, cosas perdidas, fiesta. Si no hay, las inventamos”, dice una y todas ríen.

Pero sobre todo, cada día aprenden que se necesitan, que no hay Río Jarana si alguna faltara, que cada cual desde su lugar es importante, fundamental.

“No es fácil, nosotras también estamos atravesadas por el patriarcado. La grupalidad nos da algo maravilloso y pone en tensión. Aprendemos a blanquear los conflictos acá adentro, a cuidarnos. Somos todas importantes. Somos una totalidad”, explica una Jarana. Y otra agrega: “es infinito lo que se aprende con un tambor en la mano, en eso nos construimos y nos deconstruimos juntas”.

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Y entre tambores, negritud y resistencias aparece el poeta cubano Nicolás Guillén: “¿Cómo puede usted ser indiferente a ese gran río de huesos, a ese gran río de sueños, a ese gran río de sangre, a ese gran río?”

Río Jarana nos enseña que se pueden crear espacios más justos si salimos a la calle con respeto, danza, tambor y corazón. Esas mujeres que están bailando la rabia, esas niñas que están convirtiendo en música el dolor, son también una escuela de solidaridad, libertad y humanidad. El resto, el resto que se lo lleve el río.

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