Se terminó el gobierno aburrido de Alberto Fernández: volvieron los "ismos"
Después del bajo perfil que mostró Alberto Fernández, el que gana el balotaje promete ser un presidente dispuesto a todo.
El error más grande de Alberto Fernández durante estos cuatro años, y que nunca le vamos a perdonar, fue aburrirnos con su falta de ambición. La sed de poder que deviene en “ismos” es a la política lo que la sal y la pimienta a la comida. Sin ellos, sabe a poco.
Llegar al gobierno para posteriormente utilizar toda la maquinaria propagandística y política del Estado para construir un culto alrededor de tu propia figura, es parte del ABC del político sudamericano. Practicar un poco de nepotismo, alguna reforma constitucional de perpetuación en el cargo, usar los servicios de inteligencia para espiar jueces y opositores políticos, exportar armas a un país en guerra o llevar armamento para apoyar una represión dictatorial en Brasil.
¡No nos diste nada Alberto!
Aquella tradición que justificó programas como Caiga quien Caiga, o los sketchs de Tinelli. Esos momentos inolvidables de discusión en las mesas familiares que partían la mesa al medio entre amores y odios y que hacía que los tallarines le queden atorados en la tráquea a la pobre abuela.
Finalmente vuelven los ismos. Peronismo, Menemismo, Kirchnerismo, Macrismo… y después del vacío emocional que nos dejó el aburrido tío Alberto, al fin vuelve el ismo. A esta altura, ya no me importa si es Massismo o Mileismo, lo que importa es que volverá uno de esos tipos que van a un asado y son el centro absoluto de atención, que se miran al espejo con la autoestima por Júpiter, que quieren que los amen con fuerza y que de ninguna manera van a llegar al poder para simplemente administrar una situación. Quieren tener millones de fans y que la gente coloque un cuadrito con su foto en el living familiar. Para mí, esos son Javier y Sergio: cualquiera de los dos que logre abrazarse al poder, se lo van a tener que despegar con una espátula.
Massa y Milei: cualquier cosa para ganar
Ya en campaña están mostrando el principal rasgo de un clásico sujeto cargado de “ismo”: estar dispuesto a hacer cualquier cosa para llegar al poder. Esa es la sed que tiene que tener un verdadero líder populista.
Milei, como buen economista que es, sacó la calculadora y se dio cuenta que después de insultar de arriba abajo a toda la “casta”, no le cierran los números para ganar el balotaje. Así que decidió hacer un borrón y cuenta nueva bajo el lema: “Era una joda che”.
Así, con la ayuda de papá Macri y en tiempo récord, selló un pacto con “la tira bomba”, “asesina de niños” “peor que Massa” Patricia Bullrich, a quien vislumbra en el Ministerio de Seguridad y también convocó a los “zurdos sucios, comunistas y estéticamente horribles” para lo social (“Ellos son los que más saben” dijo).
A Sergio Massa, en cambio, los números para llegar a la presidencia ya no le empezaron a cerrar desde las PASO el 13 de agosto, fecha en la que inmediatamente inició lo que la oposición denominó “Plan Platita”. Para mí, se quedaron cortos. Si vos le reboleas miles y miles de millones de pesos por la cabeza a distintos sectores de la población mientras eliminas el impuesto a las ganancias, a costas de tener todas las maquinas que imprimen billetes en el Banco Central funcionando full time 24/7, entonces lo tenemos que denominar “plan platota”. Eliminemos el diminutivo, por que no tiene NADA de diminuto. Solo en el mes de Septiembre el Banco Central emitió 2.300.000.000.000 de pesos (para los que se marean con los ceros son 2,3 billones). Aclaro nuevamente por si no se leyó bien: esto fue emitido solo en el mes de septiembre.
¿Ya que estamos, por qué no eliminamos también el IVA?. ¿Cuánto recaudamos por ese impuestito? Emitamos lo mismo y ya que estamos un poco más por las dudas que se nos ocurra alguna otra genial idea. De la inflación que se genera por el billetazo, que se ocupe Magoya. Lo importante ahora, es ganar.
Pero como lo que a la gente no solo le importa la economía, sino también la corrupción y la impunidad, Sergio tuvo que pasar la escoba con algunas amistades y colocarlas debajo de la alfombra para calmar los humores sociales. Así, Insaurralde y cualquier funcionario que se mande una “macanita” fueron despedidos y desterrados sin piedad, cosa poco común en los gobiernos peronistas. A Cristina, Máximo, y a Alberto, les pagaron un all inclusive en el Caribe para que desaparezcan de la escena pública hasta el 19 de noviembre y se relajen bebiendo margaritas mientras Sergio se ocupa de enamorar al electorado sediento de amor, con su nueva y recién estrenada sensibilidad empática, e incluso le pusieron un chaleco de fuerza y un bozal al niño problemático/mimado de Sergio Berni.
Así, cuando Milei, Macri y Bullrich justifican un muy forzado pacto, que sólo pueden justificar con el fin de desaparecer a un Kirchnerismo, Sergio responde: “¿Qué Kirchnerismo? Yo ya lo eliminé desde adentro…”. Y los ataques libertarios pasaron de largo como piña de borracho.
Yo sé que las principales preocupaciones de los argentinos, es que el 10 de diciembre no nos gobierne ni un desquiciado y violento devorador de Estados ni un picarón que flota por el aire de acuerdo a lo que los vientos soplen, pero al menos disfrutemos de las mieles que estos nuevos “ismos” tienen para regalarnos, que sin dudas darán mucho que hablar en el futuro.
Te puede interesar...











