Si Conan viviera...
Lo único que tiene de distópico Milei es a él mismo, el resto es una mezcla de recetas conocidas.
Javier Milei, el outsider distópico, llegó a la presidencia por el hartazgo masivo de la gente hacia una clase política que en 40 años no aportó nada.
Llegó porque vivimos con una inflación galopante, con una economía entre cepos y planes. Llegó porque supo leer las señales que con luces de neón daba la sociedad. Llegó porque enfrentó a la casta y porque después se sumó a la casta. Llegó porque creyó en los mensajes que desde el más allá le dio su perro Conan y porque el 55 por ciento de los argentinos lo votaron. Eso es democracia o algo así.
Se impuso la parte del discurso que necesitaba la gente, la otra parte, el negacionismo, la venta de órganos, la venta de armas, la dolarización no integra la agenda de gran parte de la sociedad. Una sociedad totalmente fracturada e individualista.
Ahora, lo que viene, creo yo, no es lo desconocido. Es neoliberalismo, con unas cuotas de ultraderecha, pero nada que no se vea en otros países del mundo.
No digo que esté bien, pero tampoco creo en los mensajes de desamparo.
Durante décadas escuché todo lo que nos daba la democracia, pero también vimos todo lo se robaron en democracia.
Tal vez, ahora se tamiza más el panorama porque Milei no deja de ser un paracaidista que llegó en el momento justo a un país tan deteriorado que ahora el principal asesor de gobierno, por afuera de Mauricio Macri, es un perro muerto.
Esperemos que el actual escenario sirva para que la clase política haga su propia autocrítica y que los asesores también se den cuenta el lugar que ocupan.
En definitiva, vivimos en el país donde nunca llegamos al futuro y el presente se dirime entre locos y ladrones.
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