En los años 70 y 80, la pista de patín del parque se llenaba para ver competir a los mozos de la ciudad. Uno de sus históricos protagonistas, repasó su vida, los secretos del equilibrio, el furor de la pizzería Cabildo y las anécdotas de un oficio inolvidable.
Cada 2 de agosto, por el Día del Gastronómico, la pista de patín carrera del Parque Central se convertía en el epicentro de un espectáculo único: la tradicional Carrera de Mozos. Con trajes impecables comprados en los comercios del Bajo, bandejas de acero inoxidable y una precisión de equilibristas, los mozos de los cafés y restaurantes más emblemáticos de Neuquén salían al trote ante los aplausos de cientos de vecinos y clientes. Entre aquellos corredores de la vieja escuela estaba Manuel "Manolo" Beltrán, una verdadera figura del oficio que este 2 de junio, tras casi seis décadas de trabajo, colgará definitivamente el delantal para pasar a la jubilación.
Manuel reside en el barrio Parque Industrial y tiene 71 años. El pasado viernes tuvo su fiesta de despedida: el próximo 2 de junio pasará a ser, oficialmente, jubilado de la provincia. "Desde que comencé a trabajar a los 12 años, nunca paré", sostiene con orgullo.
Sus primeros pasos fueron como "botón" en el Hotel Huemul, que quedaba sobre la calle Santa Fe, entre Alderete y Talero. "Fue en el 67, 68, me encargaba de recibir y llevarles las valijas a los huéspedes", cuenta. A modo de anécdota, revela que allí pudo conocer a una joven y modelo Susana Giménez: "Vino a realizar una promoción de los jabones de tocador Cadum. Ella era muy joven y hacía la publicidad que la hizo conocida en la TV en blanco y negro". Años después, la propia diva postearía en Instagram aquellas fotos que le "cambiaron la vida".
Pizzería Cabildo: el furor del trasnoche en el Bajo
La memoria de Beltrán viaja al Neuquén de fines de los '60, cuando el movimiento gastronómico y comercial se radicaba en unas pocas cuadras del Bajo. Allí, mientras transitaba sus 16 años y vendía en su bicicleta los Helados Cadara (empresa que era de la familia Macri), encontró su oficio casi por casualidad: "Vimos con un amigo un cartel en una pizzería que necesitaba lavacopas. Así ingresé a la pizzería Cabildo en el '71, después de pasar por la Confitería La Imperial. Trabajé mucho en la calle". El histórico local cerró sus puertas en enero tras 56 años.
"Cabildo quedaba en la calle Alcorta 87. La gente hacía cola hasta la Avenida Olascoaga para comprar. Era la gran competencia de Horacito, la pizzería más antigua de Neuquén que este año cumplió seis décadas", agregó.
Las pizzas de Cabildo, de media masa y al molde, eran un furor que se alimentaba del espectáculo local. "Laburábamos hasta tarde porque a la vuelta, sobre la calle San Luis, estaba el Cine Belgrano (hoy convertido en cocheras) que tenía función de trasnoche. La gente salía del cine (se situaba en la calle San Luis) y se venía directo. Eran las dos de la mañana y el salón se llenaba", contó.
Carreras inolvidables: cuando el Parque Central era una fiesta
Mientras teje su propia serie biográfica en la mente, Manolo -como lo llaman sus amigos- no deja pasar una tradición que marcó casi una década: la Carrera de Mozos. "Se organizaban para el Día del Gastronómico, el 2 de agosto. Jorge Bascur, secretario general del sindicato, llevó adelante el evento inspirado en las carreras que ya se hacían en Bariloche por la Fiesta de la Nieve".
En Neuquén, el escenario elegido era la pista de Patín Carrera del Parque Central. "Era muy lindo. Venía toda la familia y hasta los clientes a mirar. Se convocaba a los mozos de las confiterías, restaurantes, y a los que trabajaban en Casa de Gobierno y la Legislatura", relata Manuel.
"Éramos más de 20 mozos. Íbamos todos uniformados; era indispensable tener el traje de mozo, que yo compraba en Copa y Chego, una emblemática casa de ropa en Mitre 43. En la bandeja solo llevábamos una botella de vino y dos copas. Corríamos por tandas", detalló sobre la destreza que requería el evento.
Del acero inoxidable a la crisis del efectivo
En aquellos tiempos, llevar la bandeja era para profesionales. "Eran de acero inoxidable y mucho más grandes. La carrera era todo un desafío porque salíamos al trote y no se tenía que derramar nada. Uno de los secretos para que no se deslice tanto la bandeja era poner una rejilla en la base", explicó.
"Las bandejas actuales son de goma, livianas y antideslizantes", comparó. También requería concentración llevar los platos al revés en el antebrazo: "Llegué a llevar cuatro platos de postre así; deben ser pocos los mozos que hoy saben hacerlo". Sin embargo, confiesa entre risas un viejo accidente en Cabildo: "Me llevé por delante la pata de una silla y volaron pocillos, tazas, vasos... rompí todo y al final del turno me lo descontaron".
Según Manuel, quedan muy pocos mozos de la vieja guardia en actividad: "En El Ciervo y en El Tío quedan colegas que todavía atienden con su uniforme y brindan otra calidad de atención. 'Piche' Muñoz fue uno de los más antiguos, estuvo 54 años ligado a la profesión".
El oficio también cambió en materia de género y economía. Manuel recuerda que en su época dorada solo se contrataba a hombres para el salón, relegando a las mujeres a la cocina o el lavadero. "Recién en los '90 las mujeres empezaron a salir al salón. Hoy tendría que hacerse la carrera de las mozas; sería excelente porque la gran mayoría ocupa ese lugar en cafés y bares", destaca.
Económicamente, los tiempos pasados también fueron mejores: "Tenías tu sueldo, la propina y el laudo (porcentaje). Se hacía un pozo único que se repartía con los compañeros de cocina. A veces, la propina equivalía a otro sueldo. El laudo fue eliminado durante la dictadura militar", lamenta. A eso se sumó la llegada de las tarjetas en los '80 y la actual digitalización (billeteras virtuales): "Al no manejarse más efectivo, la propina se perjudicó muchísimo. El oficio dejó de ser, para muchos, una carrera de por vida".
Sobisch, Titanes en el Ring y un Bajo con mucha historia
Por las mesas de Cabildo pasaron cientos de personajes. Manuel recuerda a Jorge Sobisch antes de convertirse en intendente y gobernador, cuando su esposa Liliana iba a comprar acompañada por sus hijos pequeños.
Pero una de las visitas más memorables fue la de Martín Karadagián, el creador de Titanes en el Ring. "Llegó de sorpresa porque el espectáculo estaba en Neuquén. Un hombre desde afuera lo reconoció y empezó a desafiarlo a pelear a los gritos, diciéndole que venía a 'robarle' la plata a los neuquinos. Tuvimos que llamar a la policía para que se llevaran al tipo", relata divertido.
Al repasar ese Bajo neuquino de su juventud, Manolo dispara una ráfaga de postales comerciales grabadas a fuego en la memoria colectiva: la Tienda Buenos Aires, Mi Cielo, Suixtil, las farmacias Neuquén y Del Pueblo, la Feria Franca, El Obrero, Zapatería Boti, Gran Tienda Eddi, Heladería Las Delicias, la disquería Joyita, el restaurante El Cortijo, Andresito, la panadería La Capital o Purina.
Una nueva largada
Tras una década en Cabildo, Beltrán continuó su labor los fines de semana en otras confiterías de Roca y Cipolletti. Luego quedó efectivo en La Biela, otra conocida confitería sobre calle San Luis. "En 1984, entré a trabajar al boliche de Manolo que estaba en la calle Perito Moreno, pegado a lo que fue Calzados Mayo (otro de los comercios históricos del Bajo)", recordó.
La parrilla Las Tres Marías (en Alberdi casi Buenos Aires), un clásico de la política de los '80 fue otro de los negocios gastronómicos que recorrió, mientras empezaba en paralelo como auxiliar de servicio en el Consejo Provincial de Educación. "Estuve poco tiempo porque me salió en el '95 el ingreso a Educación. Previo a comenzar tuve que realizar una capacitación en la EPET 8", expresó. También hacía "extras" en el Club Pacífico, el Círculo Policial y el Don Bosco, antes de desembarcar en n la mítica discoteca Houston de la calle Mitre, que explotaba con tres pistas y miles de personas por noche. "Estuve hasta el 2002, fueron unos siete años los que trabajé. Después hacía muchos eventos porque en ese tiempo se festejaban muchos los cumpleaños de 15", agregó.
"Trabajé toda mi vida. Me dediqué a todo lo que podía hacer y fui siempre para adelante. Tuve buenas y malas, pero nunca bajé la guardia", reflexiona Manuel a pocos días del gran cambio. "Ahora, el 2 de junio me jubilo y no sé muy bien qué voy a hacer. Pero todo ha pasado demasiado rápido", concluye el equilibrista de las bandejas, cerrando una libreta que lleva escrita la historia misma de Neuquén.
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