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Un experto habló sobre el riesgo sísmico en Neuquén: "No es para tomárselo a la ligera"

El geólogo Javier Grosso explicó las diferencias entre la sismicidad natural y la inducida por el fracking en la provincia.

A raíz de los recientes terremotos en Colombia y Venezuela, la preocupación por el riesgo sísmico volvió a instalarse en la agenda pública regional. Sin embargo, los fenómenos que suceden en la provincia de Neuquén responden a dinámicas muy diferentes a los eventos naturales de gran magnitud que ocurren en otros puntos del continente o en provincias como San Juan y Mendoza.

En diálogo con LM Neuquén, el geólogo e integrante del Observatorio de Sismicidad Inducida, Javier Grosso, explicó que la sismicidad natural en la región norpatagónica es históricamente baja.

No obstante, advirtió que la atención debe centrarse en los eventos provocados por la actividad humana: "No es para tomárselo a la ligera, el tema sismico en la provincia del Neuquén, hay elementos más que suficientes para hacer que la información sísmica sea pública, que la sociedad se entere de lo que está pasando y que el Estado neuquino, de una buena vez, decida ponerle nombre a la situación, que es sismicidad asociada al tracking", remarcó el especialista.

Sismos poco profundos con fuerte impacto

A diferencia de los grandes sismos continentales, los eventos registrados en localidades como Sauzal Bonito, Añelo o Rincón de los Sauces presentan magnitudes bajas o moderadas, pero ocurren a muy poca profundidad. "Son sismos tan poco profundos que tienen efectos directos en la infraestructura. De eso no hay que esperar que lleguen las evidencias, las evidencias ya las tuvo Sauzal Bonito con daños estructurales en viviendas", señaló Grosso.

Registro de los últimos tres sismos en dos días a finales de marzo de este año. Fuente: Observatorio de Sismicidad Inducida.

Registro de los últimos tres sismos en dos días a finales de marzo de este año. Fuente: Observatorio de Sismicidad Inducida.

El profesional diferenció los conceptos de magnitud e intensidad. Mientras la magnitud mide la liberación de energía en el origen, la intensidad refleja cómo se percibe el movimiento en la superficie. "Un sismo de baja magnitud puede tener elevada intensidad en la superficie porque te está temblando justo abajo de los pies. Si la energía se libera a dos o tres kilómetros de profundidad, la energía no llega a disiparse y te rompe la casa aunque sea de magnitud 3", detalló.

Hasta el momento, se registraron 57 sismos en la provincia de Neuquén en lo que va del año 2026, el último registrandose al mediodía de este miércoles 12 de agosto. La gran mayoría son de este tipo.

El antecedente más grave y la investigación científica

Al repasar el historial de la región, Grosso recordó que el evento de mayor magnitud registrado hasta la fecha ocurrió el 7 de marzo de 2019, cuando se alcanzó una magnitud 5 en escala Richter a tan solo tres kilómetros de profundidad. Aquel fenómeno fue objeto de una investigación publicada en la revista científica Nature en noviembre de 2022, liderada por Guillermo Tamburini Beliveau junto a un equipo de investigadores.

"Ese sismo produjo un levantamiento superficial de dos centímetros de una lonja de tierra cerca de Sausal Bonito", indicó Grosso. Además, advirtió que si un evento similar hubiese tenido su epicentro más cerca del complejo hidroeléctrico Cerro Colorado, las consecuencias operativas y estructurales podrían haber sido de gravedad para la infraestructura aguas abajo.

Planificación, regulación y el rol del Estado

Para el geólogo, el impacto acumulativo de los temblores exige una pronta respuesta gubernamental destinada a preparar a la población e impulsar normas de construcción adaptadas a la zona. "Está totalmente comprobado que esta sismicidad está asociada al fracking. Si el fracking aumenta, el número de sismos aumenta; es un escenario que llegó para quedarse en las próximas décadas", aseveró.

En ese sentido, sostuvo que el mapa de riesgo sísmico del INPRES debe actualizarse a la brevedad para incorporar los registros recientes de los últimos cinco años. "El Estado neuquino tiene que ponerle nombre a la situación, hacer que la información sísmica sea pública y trabajar en la educación preventiva de la sociedad", concluyó el especialista.

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