Un movimiento brusco, un rompimiento repentino, así se define a la palabra sismo, ese que cada tanto se siente en inmediaciones de Añelo y Sauzal Bonito, como este sábado, o como aquellos que nos sorprenden en países como Chile o México con niveles de catástrofe.
Lejos de ese fenómeno natural, propio del acomodamiento de placas de la tierra, aún muchos se están recuperando de lo que nos dejó el domingo pasado el voto popular en Neuquén que le dio el fin a la hegemonía de 6 décadas del MPN. El triunfo de Rolando Figueroa, electo gobernador a través de una coalición partidaria que incluyó emepenistas, macristas y peronistas entre otros, sacudió a más de uno e incluso seguirán las réplicas propias a un fuerte movimiento.
Y es que la semana pasó entre alegrías, acusaciones y búsqueda de consensos para una larga transición hasta diciembre, cuando el electo gobernador asuma el cargo como sucesor de Omar Gutiérrez.
Las réplicas pegaron de lleno en el corazón del partido provincial, pero prometen sacudir la coalición en medio de negociaciones del futuro local, pero también de lo que pueda ocurrir a nivel nacional. Y es que ahí también hay sismos que movilizan a los principales partidos.
En el Frente de Todos, Alberto Fernández se bajó de una posible reelección, CFK hablaría el jueves –todos piensan en un anuncio- y Sergio Massa se prueba el traje de candidato. Del otro lado de la vereda, Macri y Rodríguez Larreta tienen su propia grieta. Y la expectación por el “León” Milei crece sigilosamente entre los más jóvenes.
Y en esta loca metáfora sismológica, el tsunami del dólar blue se avecina. Algunos analistas hablan de que podría llegar a 500 pesos para las elecciones y el peligro de una devaluación es palpable para otros.
El tsunami, poco a poco, llega a los supermercados, los servicios y todo lo que implique a la canasta familiar. Una vez más, habrá que agarrarse fuerte hasta que pase el temblor.
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