El clima en Neuquén

icon
22° Temp
49% Hum
La Mañana esquina

Una solitaria esquina que hoy es una de las más codiciadas de Neuquén

En el lugar funcionó una de las primeras farmacias de la ciudad. Ferruccio Verzegnassi, su propietario, fue uno de los impulsores del desarrollo de la capital.

El día que Ferruccio Verzegnassi instaló la primera farmacia que tuvo la ciudad de Neuquén nunca se imaginó que la esquina donde tendría su negocio se convertiría en una de las más cotizadas de la capital un siglo después.

La historia de Verzegnassi es conocida. Los historiadores neuquinos investigaron y publicaron varios artículos al respecto.

El hombre provenía de una familia aristocrática de origen austríaca y estaba acostumbrado al buen vivir. Cuando decidió emprender viaje rumbo a América, en 1903, lo hizo en el mismo barco que lo trajo al escritor croata Juan Benigar. En Buenos Aires se instaló y allí comenzó una nueva vida.

Todo parecía indicar que la gran ciudad de la Argentina sería su residencia para siempre, pero en una reunión de la logia masónica Italia en la que participaba conoció a Carlos Bouquet Roldán, el gobernador de Neuquén que había decidido trasladar la capital del territorio desde Chos Malal a la Confluencia.

Fue Bouquet Roldán el que lo convenció (como a tantos) de radicarse en este paraje patagónico desierto donde se proyectaría una ciudad moderna, ideal para hombres y mujeres que tuvieran un oficio o una capacitación. En efecto, el gobernador fue a las primeras personas que contactó y persuadió para venirse a vivir a un lugar donde no había nada.

Según la historiadora Elsa Bezerra, Verzegnassi aceptó el desafío. Dejó su farmacia en Buenos Aires y ya en la Confluencia abrió su primer local en la calle Sarmiento al 400 para después instalarse definitivamente en la zona más céntrica del pueblo, justo frente al Chateau Gris donde funcionaban las oficinas de la gobernación.

Farmacia Cordillera.jpg
La farmacia Cordillera, a principios del siglo pasado.

La farmacia Cordillera, a principios del siglo pasado.

El lugar que hoy parece privilegiado, era en aquel entonces una esquina ubicada en la intersección de la Diagonal Alvear y la calle Roca, en una cuadra que ni siquiera estaba constituida como tal.

Una foto que hace poco publicó el historiador Ricardo Koon, especialista en efemérides de Neuquén, muestra en detalle el páramo que era el microcentro del pueblo en las épocas de los pioneros.

La imagen muestra la construcción que se destaca con el cartel del nombre del farmacéutico y un puñado de casas que la acompañan y que terminan ahí nomás donde comienza la barda. Parece increíble, pero al norte de la calle Roca no había más que médanos y algunas calles que no eran otra cosa que huellas abiertas a fuerza del paso de las carretas y el peregrinaje cotidiano de los vecinos. Hacia el sur comenzaban a florecer las primeras chacras desafiando inocentemente las crecidas del Limay. Hacia el este y el oeste se levantaban unas primeras viviendas precarias, pero cerca del centro.

Nadie se atrevía a construir algo que estuviera alejado del caserío porque en aquel entonces las distancias parecían distorsionadas con la mirada actual. Por eso la cárcel se construyó lejos, en la calle Entre Ríos. Lo mismo ocurrió con el cementerio, arriba de una colina lejana para que los muertos estuvieran más cerca del sol, como decía Bouquet Roldán cuando realizó los primeros trazos de la futura ciudad.

¿Qué habrá pensado don Ferruccio cuando vio por primera vez aquel villorrio que se anunciaba como la gran ciudad de la Patagonia? ¿Cuáles fueron sus sueños el día que comenzó a instalar su negocio en esa esquina solitaria?

Probablemente se haya contagiado del espíritu que tuvieron otros pioneros como él y puso manos a la obra para embarcarse con más ganas en esa hermosa utopía porque no solo se desempeñó como boticario. Colaboró incansablemente con hombres y mujeres que comenzaban a trabajar en el precario sector de la salud pública, atendió a miles de vecinos que llegaban a su local para que los cure de alguna dolencia e integró el Concejo Municipal.

Ferruccio Verzegnassi.jpg
Ferruccio Verzegnassi, fue uno de los grandes impulsores del desarrollo de Neuquén.

Ferruccio Verzegnassi, fue uno de los grandes impulsores del desarrollo de Neuquén.

Pero sus ganas de progresar superaron los pedidos que en aquel primer encuentro le hizo Bouquet Roldán. También fue el impulsor de la primera sala cinematográfica y con sus conocimientos de músico y compositor animó centenares de tertulias que lo tuvieron ejecutando obras de piano y otros numerosos instrumentos de cuerda. Además, fue uno de los fundadores del primer centro social, el Club de Gimnasia y Esgrima, fue el primer presidente del club Independiente y fue considerado además primer fotógrafo de la ciudad porque revelaba fotografías y realizaba postales con ayuda de Humberto Ligaluppi. Elevar el nivel cultural y recreativo de la población también fue otro gran desafío.

El tiempo pasó rápido, el desarrollo y el urbanismo se encargaron de desdibujar aquellos comienzos pueblerinos, pero la historia se ocupó de guardar postales que son tesoros y que todavía asombran hasta los más viejos.

Esquina Diagonal Alvear y Roca (actual).JPG

Hoy en ese lugar funciona una sucursal de una cadena de comidas rápidas, y es el centro neurálgico de la capital más importante de la Patagonia donde se multiplican los edificios y los comercios, donde la vida moderna mantiene su ritmo alocado y vertiginoso y solo los centenarios eucaliptos del bulevar de la diagonal resisten como testigos silenciosos de aquellas épocas en blanco y negro.

Seguramente don Ferruccio tuvo algunas dudas a la hora de elegir el lugar ideal para que funcionara su farmacia. ¿Esta esquina en el medio de la nada? ¿Acá, entre arenales y yuyos?

Los años posteriores le dieron la razón. Tan mal ubicada no quedó.

(Fotos: Colección de Elza Bezerra)

Te puede interesar...

Leé más

Noticias relacionadas