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La Mañana vegano

Vendía comida para pagar el tratamiento de su perro y hoy vive de su emprendimiento: cocina milanesas, bifes y locro sin carne

Viva la Vaca comenzó con empanadas y milanesas y hoy es referente neuquino de comida vegana, demostrando que se puede comer rico y nutritivo.

Antes de que las milanesas de soja, las viandas y el seitán se convirtieran en su trabajo, hubo alguien que necesitaba ayuda. Candela no sabía cómo pagar los tratamientos de Winnie Pooh, un perro que había adoptado después de rescatarlo de un refugio, y decidió buscar una manera de conseguir el dinero. Sin saberlo, estaba dando el primer paso de una historia que terminaría cambiándole la vida.

Candela Pedernera tiene 29 años, es neuquina, ama a los animales y hace casi una década encontró en la cocina una forma de combinar dos de sus grandes pasiones. Así nació Viva la Vaca, un emprendimiento de comida vegana que comenzó con empanadas y milanesas y que hoy le permite vivir de lo que hace, mientras busca demostrar que una alimentación sin productos de origen animal también puede ser rica, variada y nutritiva.

Winnie Pooh: el perro que fue inspiración

Hace casi ocho años, Candela estudiaba para ser contadora pública y no imaginaba que su futuro iba a estar entre viandas, milanesas, empanadas y recetas a base de plantas. En ese momento había adoptado a Winnie Pooh, un perro que había rescatado del refugio de la Isla Jordán y que llegó a su vida con un delicado estado de salud.

El animal necesitaba distintos tratamientos y una operación que Candela no sabía cómo costear. Entonces buscó una manera de generar dinero para poder ayudarlo y puso en marcha un pequeño emprendimiento gastronómico. Empezó vendiendo empanadas y milanesas, con una idea sencilla: conseguir los recursos necesarios para atender a su perro.

Lo que comenzó como una solución para una situación puntual empezó a crecer. De a poco, cada vez más personas conocieron lo que hacía, comenzaron a comprar sus productos y aquel emprendimiento que había nacido casi como una ayuda de emergencia fue tomando otra dimensión.

Desde 2019, Viva la Vaca comenzó a crecer de manera sostenida hasta convertirse en el trabajo de Candela. Hoy, la joven asegura que está feliz de poder vivir de su proyecto y, al mismo tiempo, utilizar la comida como una herramienta para difundir el veganismo en Neuquén.

El día que dejó de comer carne

La historia de Viva la Vaca está directamente relacionada con la propia transformación de Candela. Antes de ser vegana fue vegetariana y ese cambio estuvo muy ligado al voluntariado que realizaba en el refugio de la Isla Jordán.

La pregunta apareció casi de manera inevitable: si pasaba buena parte de la semana rescatando perros y ayudando a animales que habían sido abandonados o estaban en situaciones difíciles, ¿cómo podía seguir comiéndose a otros animales?

Ese planteo fue el comienzo de su transición. Primero dejó la carne y poco después avanzó hacia el veganismo. No recuerda una fecha exacta porque hubo un alimento que le costó especialmente abandonar: el queso rallado. Finalmente también pudo dejarlo y, desde entonces, asegura que nunca volvió a consumir carne ni derivados animales.

Su decisión no surgió de un rechazo al sabor de la carne. De hecho, cuenta que antes de hacerse vegetariana le encantaban el chivo, el cordero y el lechón. Uno de los momentos que terminó de hacerle un clic ocurrió durante una juntada con amigos.

La habían invitado a comer chivo y fue a saludar a la persona que estaba frente a la parrilla. Allí vio al animal entero sobre el fuego. La imagen le produjo un impacto inmediato y Candela sintió que ya no podía seguir formando parte de esa escena.

Desde ese día decidió no comer carne nunca más. Ni siquiera las milanesas de su abuela, que eran una de sus comidas preferidas, lograron hacerla cambiar de idea.

Pero sí quiso conservar algo de aquello que le gustaba: los sabores. Por eso, cuando comenzó a cocinar, uno de sus desafíos fue encontrar formas de recrear comidas tradicionales sin utilizar animales.

Cocinar a prueba y error

Antes de ser vegetariana, Candela ya disfrutaba cocinar, aunque cuenta que en su familia tenían una alimentación bastante clásica. Cuando tomó la decisión de cambiar su forma de comer, tuvo que empezar a prepararse sus propias comidas.

Ese proceso también despertó otra inquietud. Quería aprender más sobre gastronomía y cocinar de una manera más profesional, pero encontró una dificultad: muchas de las carreras gastronómicas incluían preparaciones que ella no iba a poder probar.

En 2021 encontró una alternativa. Comenzó a estudiar Profesional Plant-Based a distancia, una formación que le permitió interiorizarse más en la gastronomía y sumar herramientas para desarrollar su emprendimiento. Con el tiempo obtuvo su título como chef basada en plantas.

Apostar 100% a Viva la Vaca

Durante los primeros años, Candela tuvo que combinar el emprendimiento con sus estudios y luego con un trabajo en relación de dependencia. Viva la Vaca crecía, pero todavía no era suficiente para convertirse en su única actividad.

Hasta que llegó un momento en el que la situación cambió. El emprendimiento empezó a ocupar cada vez más tiempo y aparecieron oportunidades que no podía aprovechar porque tenía que cumplir con su otro trabajo. Entonces tomó una decisión que no fue sencilla: renunció.

Fue el 31 de octubre de 2024. Desde ese momento, Viva la Vaca pasó a ser su trabajo principal y, según cuenta, el próximo mes se cumplirán dos años desde que vive exclusivamente de su emprendimiento.

La transición implicó enfrentarse a algo a lo que no estaba acostumbrada: la incertidumbre. Hasta entonces tenía un sueldo que ingresaba todos los meses y, además, los ingresos que generaba con Viva la Vaca. De repente tuvo que confiar completamente en su propio proyecto.

También tuvo que aprender a ser su propia jefa. Organizar los horarios, ponerse límites y decidir cuándo trabajar no siempre resulta sencillo para alguien que se define como una persona poco estructurada.

Hoy puede levantarse temprano para preparar las viandas, trabajar durante la tarde o quedarse hasta la madrugada si es necesario. La libertad tiene su contracara, pero Candela asegura que no se arrepiente de la decisión.

“Es una adrenalina constante”, resume al hablar de emprender. Y aunque reconoce que no fue fácil, también sostiene que actualmente está más feliz y tranquila.

Comer vegano también puede ser rico

Una de las principales metas de Viva la Vaca es combatir la idea de que comer vegano implica alimentarse de manera aburrida o complicada.

Candela busca que sus productos sean prácticos y que puedan incorporarse fácilmente a la rutina. Por eso gran parte de su producción se ofrece congelada: la idea es que una persona pueda llegar a su casa, abrir el freezer, sacar una milanesa o alguna otra preparación y resolver rápidamente una comida.

Pero hay otro aspecto que considera fundamental: que además de ser rica, la comida tenga un aporte nutricional.

Esa búsqueda aparece en buena parte de sus recetas. Candela no quiere que sus productos sean simplemente una imitación de la carne, sino que intenta que tengan ingredientes que aporten distintos nutrientes. Por eso utiliza soja texturizada, legumbres, tofu, castañas de cajú y otros alimentos que le permiten elaborar platos completos.

Entre sus productos más buscados están las milanesas de soja y las preparaciones realizadas con seitán, una masa elaborada a partir del gluten del trigo y que puede moldearse y condimentarse de diferentes maneras.

Con ese mismo ingrediente prepara empanadas cortadas a cuchillo, bifes, pernil y milanesas. También produce medallones de legumbres, viandas frescas para el mediodía y packs de comidas congeladas.

Una de las preparaciones que más le piden son los tallarines con crema de tofu y castañas de cajú, acompañados por una milanesa napolitana. Es una versión vegana de un plato cotidiano, pero pensada para que además de saciar, sea nutritivo,

El locro que agotó 150 porciones

Las ferias se convirtieron en otro espacio importante para Viva la Vaca. Candela vende principalmente por Instagram y WhatsApp, pero también participa de propuestas gastronómicas de Neuquén, donde encuentra la posibilidad de mostrar sus productos y acercar la comida vegana a nuevos públicos.

Una de las experiencias que más la sorprendió fue el 25 de mayo, durante la Confluencia de Sabores. Allí preparó locro vegano y, junto a otros puestos con opciones tradicionales y sin TACC, tuvo la oportunidad de ofrecer una alternativa diferente.

La respuesta superó sus expectativas: vendió 150 porciones y a la 1:30 de la tarde ya se había quedado sin stock. Para Candela, la experiencia también mostró la importancia de que las ferias incorporen variedad y contemplen distintas formas de alimentación.

"Que nos hayan dado un lugar y reconozcan cada vez más el hecho de que somos muchos los que elegimos no comer animales, esta buenísimo. A mí me me llena de orgullo aparte de llevar la bandera del veganismo", asegura.

No se trata solamente de llegar a quienes ya son veganos. También está la posibilidad de que alguien se acerque por curiosidad, pruebe una preparación y descubra que puede disfrutar de una comida sin productos de origen animal.

Una filosofía de vida

Para Candela, el veganismo va mucho más allá de la alimentación. Es una forma de vida que también atraviesa la ropa que usa y los productos que consume, con el objetivo de evitar aquellos que involucren animales.

También reconoce que no siempre es sencillo sostener una alimentación vegana y remarca la importancia de informarse, realizar controles y contar con acompañamiento profesional. En su caso, no busca convencer a nadie, sino compartir una forma de pensar y mostrar que existen otras alternativas.

Casi ocho años después de aquellas primeras empanadas y milanesas, Candela mira el camino recorrido y encuentra un proyecto que creció mucho más de lo que alguna vez imaginó. La joven que estudiaba para ser contadora terminó convirtiendo la cocina en su profesión y a Viva la Vaca en su trabajo.

Hoy prepara viandas, desarrolla nuevas recetas y recorre ferias de Neuquén con la misma intención que estuvo presente desde el comienzo: hacer algo por los animales.

Porque, aunque el emprendimiento haya crecido, haya sumado productos y se haya convertido en su forma de vida, hay algo que no cambió desde aquel primer día: detrás de Viva la Vaca sigue estando Winnie Pooh y aquella necesidad de ayudarlo que, sin que Candela lo supiera, terminó marcando el comienzo de toda una historia.

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