No convencionales: de los mitos al conocimiento y la educación

POR LUIS SAPAG / Ingeniero - Doctor en ciencias sociales

Los reservorios no convencionales de hidrocarburos permitirán la recuperación del autoabastecimiento energético y generarán miles de puestos de trabajo, sin afectar al medioambiente” (Ernesto López Anadón, presidente del Instituto Argentino del Petróleo y el Gas).

Las opiniones de estos destacados actores ejemplifican los mitos que se crean y recrean alrededor de las inmensas riquezas de Vaca Muerta y los reservorios no convencionales de la cuenca neuquina. Todos los días hay noticias que parecen avalar ambas posiciones: tanto un contrato de explotación con una gran empresa multinacional como un derrame petrolero suelen ser leídos como ratificaciones de las visiones ultraoptimista o ultrapesimista. Siempre hubo movimientos sísmicos en nuestra provincia, ahora serían causados por el fracking; desde hace un siglo Neuquén crece apoyado en el petróleo y el gas, ahora sería capaz, sola, de sacar adelante la economía argentina.

Lo cierto es que crecemos en población y riquezas, pero el petróleo, como en todo el mundo, genera fuertes desigualdades sociales. A la par, los accidentes ambientales son inevitables, pero se pueden acotar, mitigar y prever con políticas correctamente ejecutadas. Las numerosas temáticas tecnológicas y sociales involucradas exigen cuidadosos análisis, planificación y ejecución. También difusión responsable y trasparente, pues la realidad no es un desastre y tampoco la gloria.

Las urgencias productivas y económicas, en un marco de inflación y restricción cambiaria, impiden ver y actuar sobre aspectos cruciales del desarrollo no convencional.

Sin dudas, nuestra región no será tierra prometida, menos un espacio de sacrificios ambientales y sociales. Pero los mitos positivos y negativos seguirán vivos mientras no haya políticas públicas coordinadas entre los gobiernos nacional y provincial, las empresas (principalmente las grandes operadoras) y los sindicatos respecto de la educación y la investigación en todos sus niveles, así como la difusión certera y responsable. Las urgencias productivas y económicas (alcanzar rentabilidad operativa, cerrar el déficit en la balanza de pagos energética), en un marco de inflación y restricción cambiaria, impiden ver y actuar sobre estos aspectos cruciales del desarrollo no convencional.

Si desde el colegio primario hasta los posgrados existieran programas adecuados y bien financiados de educación e indagación de nuevas tecnologías, se darían las bases para el control local de esta impactante industria. A la par, se facilitarían la propagación de las verdades y la refutación de los mitos. Lejos de ello, prima el despago. Los planes de estudio no incluyen esas temáticas y los laboratorios no tienen la capacidad, la financiación y los vínculos adecuados para responder a los desafíos. El célebre triángulo de Sábato –Industria, Estado, Academia– tiene los segmentos cortados.

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