El clima en Neuquén

icon
17° Temp
29% Hum
La Mañana gonzalo berger

"No entiendo nada porque es todo muy nuevo"

Gonzalo Berger. Un campeón. Consagrado en el "Bailando" con Flor Vigna, pasó a la popularidad de golpe, casi sin pensarlo, y ahora intenta volver a su rutina como profesor.

Paula Bistagnino

Especial

“Procesando, desconcertado”: así se siente el bailarín Gonzalo Gerber (32), después de consagrarse campeón del último “Bailando”. La rompió junto a Flor Vigna, que ya había tenido a Pedro Alfonso y Agustín Casanova como coequiper de danza. El tercero fue el vencido y todavía no lo puede creer. “No entiendo nada porque es todo muy nuevo. Son muchas cosas inéditas las que estoy transitando. Caí de la nada al ‘Bailando’, como paracaidista: me llamaron un martes, el jueves me presentaron y el lunes de la semana siguiente ya estaba bailando. Tuve que aprenderme las coreos y lanzarme a la pista”. Y ahora la gente en la calle le grita: ¡Vamos, campeón”, todos quieren una nota con él y lo invitan a los programas de televisión. “Por suerte me llaman por mi trabajo como bailarín, dice, y no por haber hecho ningún escándalo o entrado en conflicto con alguien”.

¿Qué es lo más enriquecedor que te llevás de esa experiencia?

No sé. Fue todo tan rápido que todavía no lo podría precisar. Por suerte me tocó un equipo que no es mediáticamente explosivo, de muy bajo perfil, se basan en arte y en lo que quieren hacer y eso me ayudó mucho también. Si me hubiese tocado con la Bomba o con alguien más mediático tal vez me hubiese expuesto de otra forma y quizás me hubiera sentido un poco incómodo.

Pero tu compañera tiene una presencia mediática importante. Ni hablar de sus seguidores...

Los fans son lo más, son como ella. Ella es un ángel, un alma pura. Y los fanáticos te respetan un montón, son buena onda, te escriben cosas re lindas. El año que viene va a ser más difícil porque voy a estar todo el ciclo. Veremos cómo sale todo. Por lo pronto me agarra más preparado.

Claro, jamás proyectaste entrar a esa altura del año y mucho menos ganar...

Nunca. A fines de febrero, cuando se hicieron las audiciones para los soñadores me presenté y no quedé. No me llamaron. Recién en noviembre me convocaron y fue como un cachetazo. Hice una entrada súper vertiginosa. Mi vida antes de Showmatch era muy tranquila: siempre estuve en el ambiente artístico, pero del otro lado. Siempre bailé para otros artistas, pero esta vez fui yo el protagonista, el que estaba en primer plano y en un programa tan masivo. Estuve en Peter Pan, en El jorobado de París; formé parte del elenco de bailarines de Susana Giménez y de Lali Espósito.

¿Y es cierto que a unos pocos meses de entrar al programa te separaste?

Sí, y después de siete años de novio. Por suerte en buenos términos, la quiero mucho y hablamos con frecuencia. Aunque ahora obviamente estoy solo no tuve tiempo de hacer el duelo, es un proceso pendiente. Aunque el programa me ayudó a enfocarme en algo distinto, a estar concentrado en otra cosa. Correr el eje me hizo re bien, pero igual creo que los procesos hay que hacerlos, antes o después. Lo haré este verano. Durante enero y febrero, cuando no hay nada, uno vuelve a la rutina y vuelve a equilibrarse.

¿No hay proyectos laborales ya concretos?

No por ahora. Voy retomar el dictado de mis clases, que abandoné en noviembre cuando entre al “Bailando” y empezaré a prepararme para el próximo ciclo porque el año que viene ya vamos a defender el título en el programa.

¿Qué significa bailar para vos?

Explorar un lenguaje que evidentemente yo siempre tuve guardado. Desde chico siempre que había un cumpleaños en el que pasaban música yo me ponía a bailar. Michael Jackson para mí era un Dios.

¿No venís de una familia de artistas?

No, mi viejo es albañil y mi mamá es empleada doméstica. Los dos de San Miguel, donde crecí yo. A los 12 tomé mi primera clase. Estaba tan loco por tener la oportunidad de bailar y aprender que me ofrecía para cortar el pasto entre las casas de los vecinos. Con eso me pagaba las especializaciones y la ropa. Por suerte tuve profesores muy buenos que me becaron, hasta que tuve la audición con Pepe Cibrián y quedé. Él me empezó a presentar para distintos proyectos y a contactar con otros profesores de Buenos Aires. Y ahí empecé a trabajar más la técnica, en clases más profundas. Hice de todo, porque no quería casarme con ningún profesor y de cada uno fui tomando algo y creando mi propio estilo. El bailarín mientras más versátil sea, mejor. Está bueno saber jazz, contemporáneo, acrobacias. Mientras que el cuerpo sume recursos expresivos y amplíe su vocabulario.

¿Cómo llevaste la mirada del otro?

Relativamente bien, porque ya tenía cierto entrenamiento. Los bailarines estamos acostumbrados a que nos corrijan cada cinco minutos: que la pierna, que el brazo, que la pisada. Todo el tiempo estás coordinando tu cuerpo para que todo salga como lo pide el otro. Y la exigencia propia siempre es también tremenda. Pero creo que sirve mucho cuando el otro te marca con un ojo objetivo. Hay que ser paciente con lo que al otro le pasa y ve. No es lo mismo Moria que Polino: los dos miran cosas muy distintas y de todo se construye. Por suerte nunca nos llevamos un cero del jurado.

¿Y por dónde te gustaría que siga tu carrera?

La verdad es que no soy de planificar. Soy muy improvisado y la vida siempre se me planteó así. Estoy preparado para lo que sea. Esto del “Bailando” me agarró de sopetón y me fue bien, así que voy a seguir con la misma lógica de apertura porque evidentemente un poco funciona.

Te puede interesar...

Leé más

Noticias relacionadas