No pierde nunca: Djokovic le ganó a Federer y está en la final del primer Grand Slam del año

El serbio ganó por 6-1, 6-2, 3-6 y 6-4 y el domingo definirá el título contra el ganador de Andy Murray y Milos Raonic.

Hoy perece invencible. No da la sensación de que hubiera un ser humano capaz de ganarle a Novak Djokovic un partido de tenis. El serbio consiguió una de las victorias más contundentes de su carrera sobre el suizo Roger Federer al batir al campeón de 17 Grand Slam por 6-1, 6-2, 3-6 y 6-4 en las semifinales del Abierto de tenis de Australia.

El número uno del mundo buscará el domingo su undécimo grande y su sexto título en Melbourne ante el ganador del duelo de mañana entre el británico Andy Murray y el canadiense Milos Raonic.

A excepción del tercer set, Djokovic maltrató a Federer en la Rod Laver Arena como no lo había hecho nunca y logró su victoria número 23 sobre el suizo para desempatar el cara a cara de su extensa rivalidad. Y el "show" fue apenas 19 días después de apabullar al español Rafael Nadal en la final de Doha. Sus dos grandes rivales, empequeñecidos.

En su incansable pelea por la historia del tenis, el serbio de 28 años quedó así a un paso de un undécimo Grand Slam, lo que le colocaría a tres de Nadal y Pete Sampras y a seis del récord absoluto de Federer, que a sus 34 años dejó escapar otra oportunidad para aumentar su cuenta, detenida desde Wimbledon 2012.

"Jugué increíble los dos primeros sets. Lo ejecuté todo de forma perfecta", dijo Djokovic sobre la cancha, después de conseguir su décimo octava victoria consecutiva en el circuito.

"Uno siempre tiene que pensar que puede jugar mejor. La idea es que al final del día las convicciones ganen a las dudas", agregó tras dos horas y 19 minutos de partido. "Ahora mismo estoy en el mejor momento de mi carrera".

El duelo de hoy puso frente a frente al mejor tenista del momento, Djokovic, con el más exitoso de la historia, un Federer que además alcanzó la semifinal superando rivales con facilidad.

"Ahora mismo, no hay un partido mejor", avanzó en la previa el legendario Boris Becker, actual entrenador de Djokovic. "Es el partido que todos los seguidores del tenis quieren ver. No puede haber más diferencias entre ellos, tanto de carácter como de cualidades, por eso es todo tan emocionante".

Emoción tuvo, pero mucho menos de lo esperado. Rod Laver, el tenista que da nombre al templo donde se disputó el encuentro, apenas había digerido el helado que mordía en el calentamiento cuando Djokovic empezó a abusar del ex número uno.

El serbio, que había cometido 100 errores no forzados en lo octavos ante Gilles Simon, ganó hoy 12 de los 14 primeros puntos del encuentro, un claro preludio de lo que se avecinaba.

A los 22 minutos, Djokovic se sentó en la silla con un 6-1 en su cuenta. Poco tardaría en ganar el segundo set, otros 33 minutos, ante la mirada atónita de los espectadores. Muchos miraban la hora en sus relojes, como si no se creyeran que el partido fuera a acabar tan rápido.

Pero lo que se veía sobre la pista azul era a un Djokovic pisando el acelerador a fondo, superando a Federer desde el fondo, desde la red, con la derecha y con el revés.

La primera oportunidad de break para Federer no llegó hasta el tercer set, cuando iba 3-2 a favor. En un juego eterno, Djokovic salvó tres pelotas de quiebre, pero a la cuarta, una opción que Federer se procuró con carrera a un dropshot después de dar un revés defensivo casi desde la pared, llegó el break para el helvético.

La grada estalló de alegría y se puso en pie para aplaudir a Federer. Los hinchas querían espectáculo, querían la épica que anunciaban los cachés de ambos tenistas.

El suizo no desaprovechó la opción que le brindó el encuentro y se apuntó el set. ¿Empezaría un partido nuevo? Al menos, las condiciones ya no iban a ser iguales, pues las autoridades cerraron el techo ante la amenaza de lluvia. Con eso se evitaba el agua y también el molesto viento que recorría la pista.

La pausa de diez minutos cortó el envión de Federer, que cedió su servicio con 4-3 abajo y dejó en bandeja el triunfo para el número uno. Un juego en blanco con su saque cerró el partido.

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