No se aprende a ser un buen padre: está en los genes

La dedicación que el hombre les da a sus hijos la lleva en la sangre.

Algunas especies, sobre todo la humana, son padres atentos que cuidan con mimo a sus hijos y les proporcionan los cuidados necesarios para su supervivencia, mientras que otras dejan que sus crías se valgan por sí mismas. Durante años, la ciencia creyó que el principal impulsor de este comportamiento era la experiencia. Es decir, un animal criado por un padre atento es probable que también sea un padre atento. Pero un nuevo estudio desafía esa idea y, por primera vez, apunta a la actividad de unos genes específicos como la causante de que haya esas diferencias. El gen de la hormona vasopresina está vinculado a esto. Y si está activo, los padres son más desinteresados en formar un hogar.

Los investigadores observaron a dos especies de ratones, uno promiscuo, que se aparean con múltiples individuos, y otro monógamo, por lo que todos los ratoncitos de una camada están relacionados con un solo padre. Siguieron el comportamiento de cada especie y la diferencia principal se vio en los machos: los monógamos estaban involucrados en la crianza de las crías y los promiscuos, poco. Para probar el impacto de esos estilos de crianza en el futuro de las crías, se hizo una adopción cruzada: los monógamos criaron a la descendencia de los promiscuos y viceversa. La conclusión fue que cuando los pequeños fueron padres, siguieron el patrón de su genética y no de su crianza. ¿Por qué? Se hizo una cruza de las dos especies dando lugar a una descendencia “híbrida” y, a su vez, volvieron a cruzar a esta segunda generación con regiones del genoma de cada especie.

Cuando se comenzó a identificar regiones en el genoma asociadas con diferencias en el comportamiento entre las especies originales, no sólo descubrieron que algunos efectos dependían del sexo, sino que algunas regiones influían en ciertas conductas.

Pero los científicos querían localizar los genes individuales que podrían estar vinculados con las conductas de los padres y analizaron el hipotálamo (región cerebral del comportamiento social) y detectaron un gen encargado de la producción de vasopresina. Para probar si esta afectaba al comportamiento, administraron dosis de esta hormona a los ratones monógamos machos y hembras, y sus crías ya no fueron padres tan atentos como ellos. En el cuidado de los hijos mandaban los genes.

Genética

Un cambio de paradigma

La discrepancia entre los padres que están encima de la crianza de sus hijos y los que no se da en la mayoría de los grupos de vertebrados, no sólo en mamíferos. “En los mamíferos, por ejemplo, los conejos machos no proporcionan cuidado parental y las madres ven a sus crías sólo durante 10 minutos al día. Entre los peces hay especies en las que el padre proporciona cuidados, otras donde lo hace la madre y otras donde ambos se encargan”, explica Andrés Bendesky, investigador de la Universidad de Harvard. Según Hopi Hoekstra, profesora de Organísmica y Biología Evolutiva también en Harvard, el gen de la hormona vasopresina “es uno de los pocos implicados en la evolución del comportamiento en general. Lo interesante de este estudio es que, mientras que en muchos sistemas sabemos que la conducta de crianza puede verse afectada por su entorno, ahora tenemos pruebas de que la genética desempeña un papel importante”.

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