Nos siguen matando

Ojos achinados de tanta sonrisa libre. Morocha y de pelo brillante. Dicen que soñaba con ser artista, fotógrafa quizás. Tenía 11 años de pura inocencia, de vida que ya no es. Vivía en La Rioja, tenía cinco hermanos y quería estudiar mucho para poder alfabetizar a su mamá y a su papá. Todas las tardes iba a apoyo escolar y a tomar la leche al merendero del barrio. Desde chiquita peleaba por la urbanización de su barrio.

Pero el domingo salió a comprar pan a media cuadra de su casa y sus vecinos la encontraron asesinada en un descampado, con signos de haber sido abusada. Salieron a buscarla con las luces de los celulares porque llevaba cuatro horas sin aparecer y la Policía le dijo a su mamá que tenía que esperar. Y así la encontraron, con un golpe en la cabeza, signos de asfixia mecánica, tirada boca abajo. Así, sin más, a Sabina le arrancaron su infancia. Y sus hermanas, sus papás y sus compañeritos de la Escuela 408 no tienen consuelo.

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El Estado desparrama ignorancia ante cada femicidio. El caso de Sabina en La Rioja se suma a la lista.

Mientras reclamamos, peleamos, marchamos, nos organizamos y lloramos, nos siguen violando y matando por ser mujeres y niñas. Mientras las tapas de los diarios nos muestran eso que pasa allá en Europa, a 12.000 kilómetros, nuestras niñas están siendo asesinadas al lado nuestro y a nadie parece importarle. Mientras pensamos nuevas estrategias e impulsamos campañas para que esto se termine, el Estado desparrama ignorancia ante cada femicidio diario.

Ya no queremos sacar más promedios, nos cansamos de sumar nombres a la lista y nos agotamos de contar cuántas son las asesinadas de esta semana. Perdón por este mundo horrible, Sabina. Vamos a hacer justicia por vos y por todas.

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